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El blanco Iridiscente

Los jóvenes artistas de la comunidad  Avispero ofrecen una exposición luminosa, minimalista y reflexiva

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador

00:00 / 28 de marzo de 2016

Los jóvenes artistas del grupo Avispero son todos bolivianos y, por lo tanto, viven en un país amante de los colores vivos. Basta salir a la calle de una gran ciudad o a cualquier comunidad para encontrarse en poco tiempo con todas las combinaciones cromáticas posibles y, en ocasiones, incluso las imposibles.

En cambio, al entrar en la exposición Iridiscente, que esta comunidad de creadores presenta en la Alianza Francesa de Sopocachi hasta el jueves, el visitante se va a encontrar rodeado de blanco, prácticamente solo blanco, un blanco también vivo y fuerte, a ratos casi cegador.

El curador de Iridiscente, Joaquín Sánchez, lleva tres años trabajando con artistas jóvenes de diferentes disciplinas que “están pensando en lo blanco como algo que va más allá del concepto del color, que tiene un punto importante de reflexión, de filosofía”. Por un lado, el blanco resulta de la suma de todos los colores, luego se puede entender como un resumen de la diversidad de la Bolivia de hoy. También anima al espectador a pensar en esta diversidad, pues el blanco crea una atmósfera ligera y armónica, ideal para dejar que la mente se abra y busque nuevos caminos, como han hecho los 25 miembros del Avispero durante su proceso creador: “Vivimos en un país maximalista, complicado, y el blanco es una forma de simplificar las cosas, de acercarse con calma a ellas. El blanco funciona un poco como el yoga, como hacer una limpieza total de la mente y empezar a construir desde ahí”.

Esta inquietud por hacer más sencillo lo enrevesado la refleja la comunidad de artistas centrándose más en lo relacional. Avispero no está interesado en hacer un arte conceptual como se entiende habitualmente, con esa idea de que el creador debe dedicarse a lograr una obra correcta, limpia, perfecta, imitando el arte contemporáneo occidental. Estos jóvenes prefieren hablar con sus propios términos, que se ajustan mucho mejor a sus necesidades de artista y a las de la sociedad que les rodea, que no está compuesta de críticos y curadores, sino de familiares, amigos, compañeros, vecinos... Por eso el colectivo se centra en el proceso mucho más que en el producto y pone el acento en que, como dice Sánchez, “un artista no es una obra, es un universo integrado en otro y lo que interesa es su búsqueda, su pensamiento, su reflexión”.

Las 30 obras que se presentan en Iridiscente surgen de poner en común esas inquietudes para que pasen de ser individuales a grupales. Los jóvenes de Avispero se reúnen los sábados, charlan y comparten sus visiones sobre arte y cualquier otro tema —incluyendo la política—, y así buscan enriquecerse a unos y otros, lo que se facilita por el hecho de que los participantes proceden de campos muy diferentes: además de artistas plásticos, por allí pasan músicos, coreógrafos o bailarines, y sociólogos, antropólogos o físicos que encuentran en el arte un medio de expresar lo que diariamente queda relegado por su trabajo técnico.

El espíritu de grupo de Avispero se ha reforzado mucho con Iridiscente, porque los artistas han colaborado más que nunca, presentando obras, performances e instalaciones conjuntas y abriendo su arte a los espectadores. Los creadores se turnan cada día para guiar a un grupo de visitantes por la exposición y ofrecerle unas explicaciones que les acercan a su trabajo y al arte conceptual en general, que tantas veces ha pecado de lejanía respecto al público, de elitismo. Así, los trabajos de escultura, sonido, fotografía, performance, las instalaciones y acciones que se disfrutan en la sala logran, a través del público, salir a la calle y aportar su enfoque tan blanco a la cotidianidad tan colorida de La Paz. De esta manera reforzamos el discurso de que “el arte boliviano es mucho más que lo exótico o folklórico. En Avispero nos interesa el nacionalismo sí, y mucho, pero sobre todo nos interesa cómo lo popular, lo indígena se cruza con lo contemporáneo, y eso lo queremos reflejar en la exposición”.

Iridiscente cerrará el jueves con una performance de Paula Oña que complementa a la que inauguró la exposición, de Liliana Zapata y Andoro, y que tuvo todo que ver con la atmósfera de la sala de exposiciones. “Celebramos la riqueza de la colaboración creando esculturas de papel (blanco) en vivo, y relacionando la sonoridad que se crea al arrugar este papel con la que nos proporcionan el viento y la zampoña”. Un final diferente en la forma, pero no en la intención al que tuvo la exposición que Avispero presentó en Nueva York, el año pasado, con el mismo tema pero distinto formato. Aquellas obras eran todas en papel y al final fueron quemadas en un ritual que limpiaba, acababa con todo y dejaba un espacio en blanco para volver a crear a partir de él. Las cenizas que dejó la quema están en la exposición de la Alianza Francesa, y han dado pie a todo lo que se muestra ahora, a esta reflexión artística, sencilla, blanca y profunda de los jóvenes artistas: sobre ellos mismos y su relación con lo que les rodea.

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