Tendencias

En busca de Antonio Tabucchi

El escritor italiano por nacimiento, pero portugués por elección, murió el domingo 25 de marzo a los 68 años

Tabucchi. Fue un maestro de las narraciones breves. Sus cuentos y novelas cortas están entre lo más interesante de su obra.

Tabucchi. Fue un maestro de las narraciones breves. Sus cuentos y novelas cortas están entre lo más interesante de su obra.

La Razón / Rubén Vargas

00:00 / 01 de abril de 2012

El escritor Antonio Tabucchi no eligió nacer en Pisa, Italia, en 24 de septiembre de 1943; pero sí eligió morir en Lisboa. Y en esa ciudad recostada sobre el río Tajo murió el domingo 25 de marzo, a los 68 años, de un cáncer de pulmón. El jueves 29, sus restos fueron incinerados y ahora descansan en el viejo cementerio Dos Prazeres de la capital portuguesa. En ese mismo cementerio, un día de 1935, fue enterrado también el poeta Fernando Pessoa. No hay casualidades. La fascinación que Antonio Tabucchi sintió por la portentosa obra de este poeta lo llevó, primero, a estudiarlo exhaustivamente y traducirlo al italiano (fue profesor de lengua y literatura portuguesa en las universidades italianas) y, más adelante, a hacer suya la lengua de Pessoa, a vivir en Lisboa, a escribir sobre esa ciudad y, finalmente, a morir en ella. 

La obra de Tabucchi —una veintena de libros publicados entre 1975 y 2009— está integrada básicamente por cuentos y novelas (escribió también tres obras de teatro y un par de volúmenes de ensayos). Su novela más famosa es, sin duda, Sostiene Pereira (1994).  Doblemente famosa, se diría, gracias a su exitosa versión cinematográfica en la que Pereira fue interpretado por el grande Marcello Mastroianni un par de años antes de su muerte.

Pereira es un viejo y envejecido periodista lisboeta de fines de los 30, en plena dictadura de Salazar. En el ocaso de su carrera se ha convertido en un experto en preparar obituarios para los muertos por venir. Ese sujeto rutinario y ensimismado en su mínima existencia se anima un día a un súbito acto de rebeldía —de valor, de amistad, de repentina conciencia política— que justifica toda su vida. Tabucchi sabe muy bien cómo manejar este tipo de tramas, cuya buena ejecución requiere la habilidad para hacer que un personaje rutinario cometa un acto heroico, pero que no por ello se convierta en un héroe. Tabucchi sabe que no hay nada más incómodo, inverosímil y de mal gusto que un héroe y sabe también cómo sortear eficientemente esas tentaciones. Gracias a ese gesto tan civilizado de su prosa, su Pereira resulta ciertamente entrañable. En el otro extremo, el último libro que publicó tiene un título que ya parece póstumo: El tiempo envejece de prisa (2009), una colección de nueve relatos cuyas tramas transcurren con igual libertad, pero con toda pertinencia en ciudades tan disímiles como Berlín, Estambul, Varsovia o Bucarest.

LIBROS. Quizás porque Tabucchi es en términos absolutos mejor cuentista que novelista —siendo como fue un notable narrador de fondo—, sus obras que están a medio camino o en el entrecruce de estos géneros resultan las más interesantes: sus novelas cortas, como Réquiem y Nocturno hindú  y esas obras que no admiten ninguna etiqueta como Dama de Porto Pim y Los últimos tres días de Fernando Pessoa.

La primera y la última son fantasías urdidas a la sombra de Fernando Pessoa y en los melancólicos laberintos de Lisboa. No en vano Réquiem está subtitulado como

Una alucinación y Los últimos tres días de Fernando Pessoa como Un delirio. Ambas son a su modo narraciones de espera. En Réquiem el narrador tiene una cita con un fantasma y mientras espera que llegue esa hora recorre la ciudad en un periplo que es al mismo tiempo un recorrido por los momentos decisivos de su pasado, con los que de alguna manera necesita ajustar cuentas antes de la cita final. La primera escena de ese transcurso sucede en el cementerio Dos Prazeres, justo donde hoy descansan los restos de Tabucchi. Está demás decir que el fantasma al que espera es el poeta de Tabaquería. 

En Los últimos tres días de Fernando Pessoa es el propio poeta el que espera —en el lecho en el que agoniza en una clínica de Lisboa— a sus heterónimos, es decir, a los otros poetas que él mismo inventó para escribir su obra. Sin duda, en ese filo de la vida, tienen mucho de qué hablar. Es una pausada, breve y grata narración y es, al mismo tiempo, una lúcida mirada a la poética de Pessoa. 

De Nocturno hindú habría que decir que en el exacto compás de 100 páginas Tabucchi logra diseñar el mapa de un viaje tan extenso, tan inquietante y tan esquivo como la propia geografía donde sucede: la India. A diferencia de los otro libros citados, el tono dominante de éste no es la espera sino la búsqueda; una búsqueda cuyo mayor triunfo es, sin embargo, la frustración, la deserción frente al objeto buscado justo cuando se lo tiene al frente. Nocturno hindú tiene un sabor a aventura y sueño que lo emparenta con esa equívoca fantasía de Borges titulada El acercamiento a Almotásim.  

Dama de Porto Pim es, finalmente, como le gusta decir a uno de sus más agudos lectores (el español Enrique Vila-Matas) más que un libro, un artefacto. Un curioso artefacto, habría que añadir, en el que se mezclan con todo desparpajo el libro de viajes (de hecho es una honesta guía de viaje por las islas Azores), la indagación erudita del antiguo arte de la caza de las ballenas (los balleneros de las Azores son legendarios), la biografía de bolsillo —por sus páginas pasa la breve vida del poeta romántico Antero de Quental—, las historias de amor y muerte escuchadas y robadas al pasar en tabernas de madrineros... 

Antonio Tabucchi encontró en las exigencias de la brevedad quizás la forma más grata de ser un narrador. Hay nostalgia en su obra —no en vano se hizo por elección habitante de la ciudad de la saudade—, pero también hay felicidad, esa forma de felicidad que consiste en contar o en escuchar lindas historias.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia