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El camino a ‘Bitches Brew’

Acaba de publicarse una grabación inédita, en vivo, de la legendaria obra de Miles Davis.

1969. Con este disco, Miles Davis revolucionó, una vez más, el jazz.

1969. Con este disco, Miles Davis revolucionó, una vez más, el jazz.

El País / Yahvé M. de la Cavada

00:00 / 12 de febrero de 2012

Siempre me ha sorprendido la fascinación que ejerce Bitches Brew fuera del mundo del jazz. También dentro, claro, pero lo más asombroso de esta piedra angular de la música del siglo XX es su impacto en tantos aficionados ajenos a su género de origen. Por supuesto, las formas del clásico de Miles Davis van mucho más allá de la ortodoxia jazzística, aunque inclinar la balanza demasiado hacia el rock tampoco es del todo acertado. Bitches Brew tiene tanto de jazz como de rock, pero no puede ser incluido de forma inequívoca en ninguno de esos estilos, si acaso, en la evolución del primero. Que sea uno de los tres o cuatro únicos discos de jazz que muchos aficionados al rock poseen no quiere decir demasiado.Hace unos meses salió a la venta un interesante documento, de apariencia oportunista y contenido incuestionable, llamado Bitches Brew Live (Sony-Legacy/MOV). El auténtico gancho del mismo es una inédita grabación en directo que supone las primeras muestras grabadas de piezas del repertorio de Bitches Brew, mes y medio antes de comenzar los registros en el estudio.

A punto de revolucionar el jazz (y el rock, un poco, de rebote) por enésima vez, el trompetista se ve expuesto al máximo sobre el escenario de un Festival de Newport más rockero que nunca. Con un quinteto renovado (Chick Corea, Dave Holland y Jack DeJohnette no llevaban ni un año con él) y mutilado por la ausencia de Wayne Shorter, Miles se revolvió como gato panza arriba y disparó al público un urgente set con 24 minutos de puro genio. Acelerado, intenso e inspirado al máximo, esos 24 minutos encierran la esencia del Miles que creó Bitches Brew pocas semanas después. El mítico disco representa la música que el trompetista quería hacer pero, este documento inédito nos muestra lo que sonaba realmente cuando Miles se subía a un escenario en ese agitado verano de 1969. Puro, primario y sexual, como a él le gustaba.

El resto del álbum se completa con el famoso concierto que el trompetista ofreció en el festival de la Isla de Wight en agosto de 1970, un documento que, aunque previamente publicado aquí y allá, tiene aquí su primera edición digna; más que digna, en realidad. A estas alturas, y aunque sólo haya pasado un año desde el concierto de Newport, la música de Miles ya ha mutado definitivamente. Sigue manteniendo detalles de su maravillosa indefinición, pero los temas están más rumiados y el concepto más enfocado. No es que haya ninguna falta de espontaneidad, pero Miles tiene las cosas más claras, con todo lo bueno y malo que eso conlleva. El grupo es una formación de transición, con Corea y Holland aún junto al maestro, además de Gary Bartz, Keith Jarrett y Jack DeJohnette, que todavía seguirían un tiempo a su lado. Airto Moreira también anda por ahí, pero hagamos como que no; mejor para todos.

En cualquier caso, es un auténtico placer disfrutar de ese concierto íntegro y en condiciones óptimas.

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