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Cuando lo cercano ya no está lejos

Los ensayos publicados por el músico Cergio Prudencio este año han encontrado eco en la crítica especializada de Alemania

Prudencio. El volumen reúne ensayos, artículos y entrevistas del director de la OEIN de los últimos 30 años.

Prudencio. El volumen reúne ensayos, artículos y entrevistas del director de la OEIN de los últimos 30 años. Foto: Eduardo Schwartzberg

Thomas Beimel / Alemania

00:00 / 18 de diciembre de 2011

La editorial boliviana Camaleón Rojo publicó en una serie sobre arte contemporáneo una recopilación de artículos y ensayos que Cergio Prudencio escribió en el transcurso de los últimos 30 años. Hay que caminar sonando es el título con el que Prudencio alude a la última obra de Luigi Nono. El significado se ha modificado de manera decisiva. “Hay que caminar soñando” se ha convertido en Hay que caminar sonando.

Un requerimiento que se ajusta muy bien al trabajo del polifacético Cergio Prudencio. Pues no sólo está activo como compositor, sino también como director, escritor y pedagogo en un sentido trascendental: como alguien que se atreve a imaginar la formación musical —que en Bolivia aún sigue estando marcada por estructuras postcoloniales— en un futuro en el que la cultura de vanguardia pueda lograr un efecto social. Una fuerza visionaria, a la que casi nadie se anima a tener en el “viejo mundo”. Por esta razón le queda bien el término en español de “militante”, que en alemán no tiene correspondencia y que en todo caso puede ser parafraseado como alguien, que defiende algo a toda costa.

CERCANO. Y el deseo de Prudencio es nada menos que descubrir lo cercano. Lo que para un europeo suena primero a un movedizo lugar común extractado del texto de un folletín, posee en los países andinos de Latinoamérica una relevancia social increíble. Porque hasta la elección de Evo Morales como presidente —como señal visible de un cambio fundamental—, la mayoría de la población estuvo ampliamente marginada de los procesos sociales decisivos.

Entretanto la Constitución del país fue reescrita después de “quinientos años de soledad” —así reza el título de uno de los textos centrales del libro. Las lenguas de la mayoría indígena —aymara, quechua y guaraní, para mencionar sólo las más importantes— son pues lenguas oficiales. Y de todas maneras no es suficiente. Los cambios son enormes y abarcan una gran parte de las áreas sociales. Así por ejemplo la estructura jurídica incluye también los modelos de las culturas andinas tradicionales. También el derecho de autor sufrió modificaciones e incorpora el concepto del derecho de autor colectivo, que es característico de las culturas indígenas de Latinoamérica.

Es mérito de Cergio Prudencio y algunos de sus colegas el haberse anticipado a este enorme cambio estructural ya hace 30 años con una orquesta representativa, la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos (OEIN). En ella se tocan solamente aquellos instrumentos que los bolivianos tocan en su día a día, pero que hasta la fundación de la OEIN no estaban unidos en una sola orquesta que actúa en un campo de tensiones entre la tradición dinámica y las instituciones representativas. La lista de los aerófonos —sikus, tarkas, quenas, mohoceños, pinquillos— le parece exótica a un europeo, pero en Bolivia significa la valoración de lo cercano. Cuán enorme fue el esfuerzo para crear con la fundación de la OEIN un foro en el que la tradición musical de la mayoría de la población fuera reconocida y tratada estéticamente, se pone de manifiesto en un texto en el que Prudencio cita una crónica histórica en la que la cultura oficial se articula como una amplia negación a través de los siglos.

COLONIAS. Después de la famosa rebelión de Túpac Amaru II en el año 1780 un visitante español aconseja al virrey español residente en Lima: “Si queremos conservar estas colonias para siempre, es necesario que nadie se llame como se llama, que nadie vista como se viste, que nadie hable, como habla, no cante, baile, coma, ni piense, como piensa”. En la realización de esta demanda trabajaron los gobernantes de Bolivia incluso hasta entrado nuestro siglo.

Sin embargo, Prudencio no se detiene en la fabulosa afirmación de lo cercano. Para él no se trata de conservar una tradición orientada hacia el pasado, sino más bien de posibilitar a través del reconocimiento de la propia identidad la génesis de una estética de vanguardia y de hacerla relevante socialmente.

Sus composiciones, de las que publica una selección representativa en el CD que acompaña este libro, son muestras de cómo se puede inventar música nueva en un contexto cultural caracterizado por la oralidad, o sea no precisamente por la cultura de la escritura. (En la prolongación de una cultura de la negación, a menudo se habla en el caso de este fenómeno sólo de analfabetismo, sin considerar las posibilidades estéticas que ofrecen las culturas orales.)

En las últimas décadas, la OEIN se convirtió además en un campo de experimentación, en el que se concibió la transmisión de técnicas de interpretación y la práctica conjunta del ejercicio y la invención musical partiendo de modelos colectivos, que se encuentran fuertemente enraizados en la cosmovisión de la mayoría de la población andina y que se manifiestan también en la estructura de los instrumentos que no han sido concebidos para ser tocados como solistas. De este modo la OEIN provocó importantes impulsos pedagógicos en Latinoamérica.

Cergio Prudencio es un “militante” de la nueva música en Latinoamérica, un típico representante de su generación. También en su acento, que apenas permite entrever algo personal y que guarda a través de décadas una dicción de osada claridad ideológica, a menudo cercana al manifiesto. En Europa se echaría de menos la riqueza de variaciones y un desarrollo y adaptación del propio criterio. En Latinoamérica, sin embargo, engendra la continuación de un deseo central, pero sobre todo de una consecuencia que merece respeto.

El volumen, excelentemente preparado por la colega uruguaya Graciela Paraskevaidis, se redondea con entrevistas y conversaciones. Lo que en todos los textos aparece sólo al margen son reflexiones acerca de cuestiones inmanentes de la música —esto es también un requisito muy europeo.

Lo que queda abierto, es en qué medida el cambio político de los últimos años ha influido en el trabajo de la OEIN. En su lugar y gracias a su transparencia intelectual, los textos se adecuan también para analizar la situación de la música contemporánea europea. Pues lo que Prudencio tiene que decir sobre la relación de la práctica musical institucional y el público o lo que piensa sobre las tareas de los medios masivos financiados por el Estado es refrescante. Y muestra siempre el coraje de reflejar su propia actividad y proyectarla hacia un futuro utópico.

O como Prudencio manifiesta al final de uno de sus artículos: “Pero, claro, será otro tiempo y otros serán nuestros sones”.(Traducción del alemán de  Judy Tórrez.)

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