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La coca nuestra de cada día

Una exposición en el Museo Nacional de Arte aborda las distintas facetas simbólicas y artísticas de la hoja de coca

borda. ‘El yatiri’, obra de Arturo Borda fechada en 1917. A la izquierda, el Tío de la mina rodeado de coca y un fragmento de una obra de Sol Mateo. A la derecha, cerámica prehispánica de la isla de Parití  y ‘Vigias’, óleo de Silvia Peñaloza.

Borda. ‘El yatiri’, obra de Arturo Borda fechada en 1917. A la izquierda, el Tío de la mina rodeado de coca y un fragmento de una obra de Sol Mateo. A la derecha, cerámica prehispánica de la isla de Parití y ‘Vigias’, óleo de Silvia Peñaloza.

La Razón / José Bedoya - curador del Museo Nacional de Arte

00:00 / 09 de junio de 2013

Esta muestra, propuesta y producida por el Museo Nacional de Arte, recorre desde diferentes enfoques y formas de expresión artísticas, temas relacionados con la problemática de la coca. Desde el mundo mítico y ritual y el uso tradicional, documentado por la arqueología, hasta su historia. Pero, la muestra incide, sobre todo, en mostrar diferentes miradas que se abren desde el ámbito del arte. No sólo está presente el mundo de elementos simbólicos relacionados con la fabricación y uso de textiles, cerámicas y otros objetos arqueológicos e históricos empleados tradicionalmente en relación con la coca, sino obras de arte que hacen referencia a esta problemática y piezas contemporáneas con miradas críticas que seguramente llevarán a la reflexión del visitante.

El sentido mitológico de la hoja de coca y su trascendencia a través de la historia está representado en los grabados de inicios del siglo XX, en la pintura de Mario Conde y Giomar Mesa, en el grabado de Max Aruquipa, en una escultura de Gonzalo Condarco y en las fotografías contemporáneas que rescatan la figura de la Mama Coca  y dan el marco a la leyenda de la hoja.

El uso ritual de la coca —y su relación con la concepción del mundo que está en la base de identidad de las naciones indígenas y de los y las bolivianas de áreas urbanas— está enmarcada en una obra emblemática de la pintura boliviana de principios del siglo XX, El yatiri (1917) de Arturo Borda, uno de los primeros ejemplos que pone de manifiesto la existencia del mundo indígena.

En la muestra también están presentes culturas y cosmovisiones diversas en la pintura boliviana del siglo pasado. Están las obras de Marcelo Callaú, José Rodríguez, José Bayro Corrochano y Roberto Mamani, en un diálogo con textiles, chuspas y otros elementos empleados tradicionalmente para el transporte de la hoja de coca y su uso ritual, tanto en la mesa de ofrenda, como en la lectura de la hoja.

Un ámbito que enlaza lo mitológico con lo ritual y lo social, en el que se hace patente gran parte de la historia del país ligada a la coca, es el mundo de la mina. Es por eso que hemos trabajado un espacio dedicado a la mina a partir de la documentación fotográfica realizada por el Museo Nacional de Arte: dos imágenes en las que se hace patente el uso ritual de la coca como ofrenda al Tío, “señor de la manqapacaha”. Se suman a este espacio dos trabajos que se refieren a la imagen del hombre y la mujer minera realizados con hoja de coca por el artista Luis Alberto Quispe.

Para acercarnos a la problemática contemporánea de la producción y los usos de la coca en las diversas regiones del país, hemos invitado a artistas contemporáneos, quienes a través de diversos medios nos ofrecen diferentes enfoques críticos que abren a la reflexión acerca de la temática.

El avance de la producción de coca en las áreas protegidas y parques nacionales, la deforestación, los encuentros y desencuentros entre distintas culturas y clases sociales, el mantenimiento de las condiciones de explotación y pobreza en aéreas productoras están presentes en las propuestas de Ramiro Garabito, Alejandra Delgado, Alejandra Dorado, José Rodríguez, Carmen Villazón y Alfredo Román.

Este conjunto de ejes temáticos se hacen más específicos cuando hablamos de la relación coca-cocaína, que está expresada en la obra de Édgar Arandia, Alfredo Román, Fernando Montes y Sol Mateo. Estas obras muestran una diversidad de visiones y manejos que dan origen al espacio en el que la coca se convierte en un factor predominante para las relaciones de poder en nuestro país.

En el espacio en que se visualiza la importancia de la coca como factor de poder, los movimientos sociales cobran protagonismo a través de la obra de Ejti Stih. Además está la Coca-Cola, la marca que identifica, en este ámbito, al poder y la injerencia norteamericana. En contrapartida, la lucha del pueblo y los triunfos políticos en el ámbito nacional bajo el liderazgo de Evo Morales están atestiguados por un conjunto de fotografías de importantes reporteros gráficos, como, Freddy Zarco y Javier Mamani.

El conjunto de la exposición es un dispositivo que busca abrir la reflexión acerca de las potencialidades de nuestros cultivos de hoja de coca, su trascendencia en los usos tradicionales y en la manera de concebir el mundo y la convivencia desde las diferentes naciones y regiones que conforman nuestro Estado.

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