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El color infinito

Los legendarios rockeros Deep Purple presentan un nuevo disco y preparanuna gira sudamericana que podría traerles de vuelta a Bolivia 20 años después.

Deep Purple.

Deep Purple.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Basualdo / La Paz

00:00 / 09 de julio de 2017

Los fanáticos de Deep Purple en Bolivia vivieron una noche infinita hace 20 años. Fue la primera gran banda de rock duro clásico que pisó territorio nacional para brindar un concierto con los himnos más coreados y de mayor influencia en la historia del género que ellos, junto a Led Zeppelin y Black Sabbath, inventaron. Y están próximos a retornar al continente en un itinerario de presentaciones de su nuevo disco, Infinite, el vigésimo en estudio. Una gira que también sirve para celebrar sus ya próximos 50 años de trayectoria, y que los fans bolivianos esperan repita su parada en el país, pues se habla de una excursión mundial que podría ser la última. Aunque con los Púrpura profundo nunca se sabe.

Se trata de una de las agrupaciones más brutales en la historia no solo del rock, sino de la música contemporánea. Formada en Hertford, Gran Bretaña, en 1968, su obra es una amalgama de elementos del rock progresivo, rock sinfónico, rock psicodélico, blues rock e incluso de la música clásica. Se han convertido en algo como una institución musical, pues han sufrido innumerables cambios en su alineación a lo largo de sus décadas de vida y a pesar de todo siguen de pie, pelando los decibeles de siempre como si de adolescentes se tratara. Sus cuatro primeras formaciones son etiquetadas como Mark I, II, III y IV, aunque la Mark II, que incluye a Ian Gillan (voz), Ritchie Blackmore (guitarra), Jon Lord (teclados), Ian Paice (batería) y Roger Glover (bajo), es considerada la más exitosa. Fue el cantante —de visita con su Ian Gillan Band a la curva sur del Hernando Siles en 1993 para presentar su disco Toolbox— el promotor de la llegada del quinteto de caballeros ingleses en marzo de 1997. Y aunque se sintió mucho la ausencia de Blackmore, incluso siendo reemplazado por el gran virtuoso y rubio pelilargo de Steve Morse, aquella noche resultó una exquisitez para todos los sentidos.

La historia de la banda dice que Chris Curtis, el antiguo baterista de The Searchers, fue quien se contactó con Tony Edwards, un empresario londinense, para preguntarle si podía ser el representante de una nueva banda que había ideado con el nombre de Roundabout —Rotonda— porque ya se preveía que los músicos iban a entrar y salir de ella. Así se conformó una suerte de agrupación abierta, con cambios cíclicos que hasta hoy se mantienen y que ha brindado un rosario de artistas geniales, además de los cinco clásicos, como David Coverdale (cantante de Whitesnake), Tommy Bolin (guitarrista y vocalista muerto a los 25 años), Glenn Hughes (bajista y cantante de extensa trayectoria), Joe Lynn Turner (vocalista de Rainbow, presente en Bolivia en mayo de 2016 con un conciertazo en el Hotel Presidente paceño), Joe Satriani (espectacular y pirotécnico guitarrista instrumental) y el actual Don Airey (tecladista de Gary Moore, Ozzy Osbourne, Judas Priest, Black Sabbath, Jethro Tull, Whitesnake, Rainbow…). Todo un combo de talentos para el morado eterno que lanzó discos inmortales como In rock, Machine head, Burn, Come taste the band, Perfect strangers...

La fría y negra noche del 25 de marzo de 1997, hace poco más de 20 años, el grupo empezó su actuación en el Jaime Laredo con los primeros acordes de Hush, la canción escrita por Joe South grabada en el disco Shades of Deep Purple, del 68. Luego continuaron otros clásicos como Pictures of home (Machine head 1972), Black night (lanzada como sencillo en 1970), No one came (del disco Fireball, 1971), Smoke on the water (con algunos fraseos de El cóndor pasa y una ovación perpetua hacia el tecladista Jon Lord, muerto en 2012), Sometimes i feel like screaming (del álbum Perpendicular 1997), Speed King (disco In rock 1970) y Highway star (también en Machine head, 1972), entre otros. Fue una noche púrpura.

Hace algunas semanas no más, el 7 de abril, el grupo exhaló el que es su más reciente disco: Infinite. Aunque no es el álbum cinco estrellas de la talla de Machine head, cumple muy bien con todo, para beneplácito de sus millones de seguidores. La voz distorsionada y robótica de Gillan abre el disco con Time for Bedlam. Evidentemente no se puede ocultar el paso de los muchos años, pero en general ese detalle parece no influir prácticamente nada en estos jurásicos del rock que se conocen a la perfección la fórmula de cómo enamorar al oyente: Hard rock directo al oído, con un Gillan magistral al micrófono, la dupla Glover-Paice siempre inquebrantable, y el destacadísimo trabajo conjunto de Steve Morse y Don Airey con sus respectivos instrumentos.

En esta nueva obra también destacan temas como Hip boots, que recupera ese estilo de riffs setentero muy en la onda zeppeliana: “muy”, diría algún mal pensado. Y así otros títulos como All i got is you, One night in Vegas, Get me outta here, The Surprising, entre otros, que devuelven a la palestra a esta banda que empezó su tour por el planeta en mayo y que también pisará suelo sudamericano. Muchos esperan que Bolivia se encuentre en esa agenda y aporte al prolongado brillo del púrpura profundo.

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