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Cuando color, pasión y ritmo toman la ciudad

Una visión artística sobre algunos personajes, bailes y costumbres del Gran Poder que corren peligro de perderse

Fuerza.‘Aquí está la lujuria’, una de las obras de Reinaldo Chávez Maydana que exploran el espíritu de la fiesta. Obra: Reinaldo Chávez

Fuerza.‘Aquí está la lujuria’, una de las obras de Reinaldo Chávez Maydana que exploran el espíritu de la fiesta. Obra: Reinaldo Chávez

La Razón (Edición Impresa) / Reinaldo Chávez Maydana - artista

00:00 / 07 de junio de 2015

Bolivia es uno de los países  más ricos en su expresividad folklórica y un claro ejemplo es la Fiesta Mayor de los Andes, el Gran Poder. He sido testigo de esta fiesta desde 1985. Tan cerca de una devoción y tan lejano de contradicción, todos unidos por la Santísima Trinidad, El padre, Hijo y el Espíritu Santo. El lienzo que originalmente conocemos del Señor del Gran Poder hablaba de esto, llevaba tres rostros pero luego tuvo que ser modificado por la mala interpretación de sus devotos.

Recuerdo escuchar cantar esa muletilla de la morenada: “Si quieres bailar morenada tienes que tener platita”  hasta el “Sin llorar, sin llorar”. Una de las cosas que pude comprender desde ese momento es que el estado económico iba a mandarse la parte en un futuro. También recuerdo que la fiesta del Gran Poder terminaba en la plaza San Pedro a vista y paciencia de los policías de la penitenciaría de San Pedro, los cuales permitían que los bailarines de la Diablada Unión de Bordadores del Gran Poder, cabe mencionar una de las más antiguas, entraran  hasta ese pequeño espacio de recepción de dicha cárcel y ustedes se imaginarán el sentimiento y emoción que esa acción causaba en los reos de ese entonces.

La evolución de las comparsas del Gran Poder me sorprende. Hay personajes que en la historia de estos años se han perdido o se los ve muy poco. Personajes zoomorfos como la mariposa, el torito, el gato y el tigre. El  chuncho o el mismo ángel en la morenada, entre otros, que siempre estarán presentes en mi recuerdo de bailarín en mi infancia. Y a otras se les dio mayor realce, como a las cholas guías de las morenadas, que ya prácticamente tienen su propia comandante, y no es precisamente el achachi, o los waphuris o el bloque ch’ukuta de la familia Galán y las ñaupas en la Diablada. Es necesario mencionar a los carros alegóricos en los que se mostraba un montaje de platería espectacular, en los que se podía ver a una persona disfrazada de capa (Lucifer-Diablada) arriba de un vehículo. Era un atractivo interesante que hoy ya no vemos.

MITOS. Hay algunos detalles que siempre me llamarán la atención dentro de esta festividad. Sin duda alguna son los pasos acrobáticos y la forma de vestir. O también los personajes y ciertos elementos en las caretas de la danza de la Diablada, que evocan a los siete pecados, representados originalmente por siete máscaras diferentes. Y elementos como el gallo para la soberbia, el perro para la envidia, cerdo para la gula... Así como la farsa dialogada.

Otra de las cosas importantes en esta festividad son esos personajes que marcaron un mito. Como, por ejemplo, la Barbarella, un transexual que supuestamente besó al ex Presidente de la República Hugo Banzer en 1974. Éste sería un gran referente para que en las danzas como la Kullaguada participe la awila, y la china morena en la Morenada, y el personaje de la Diablesa o como la india Peñaranda  con los wacas.

La tradición aumentó, antes solo eran los ensayos. El convite previo al día de la fiesta religiosa patronal es la promesa efectuada para pedir favores al “santo”, con el compromiso de bailar en la fiesta, el cual es acompañado de una Ch’alla y quema de una mesa ceremonial. El sábado de la entrada, donde se cumple con lo comprometido mostrando la fe, y el domingo de la diana, ahora especialmente en las danzas pesadas. El lunes se realiza la Sarth’a, el recojo a los nuevos pasantes, en un derroche de pomposidad. Y el martes ofrecen una misa de salud para todos sus fraternos.

Pero así como aumentaron las tradiciones, también creció la demostración económica. Lo negativo es ver cómo a veces terminan los que llevaron la gestión: divididos y dividiendo a la fraternidad, por lo cual el término “fraternos” queda sin trascendencia. Las fraternidades son divididas únicamente para mostrar ese poderío económico y uno se pregunta, ¿dónde quedó la fe?

Este año salió una normativa para recuperar y cuidar los detalles en la vestimenta de los bailarines, lo cual apoya un principio muy importante, el de no tergiversar. Está bien que exista una evolución, pero debe tenerse cuidado de no caer  en una alienación, ya que así se perdería la magia que se muestra al mundo entero. Eso queda en la responsabilidad de nuestros artesanos que son los que plantean como una especie de moda cada año.

Esta festividad llena de colorido, magia, rastros y rostros de una herencia familiar lamentablemente se resume solo en los días sábado y domingo. Y uno se plantea: ¿Por qué razón no se realizan más eventos que muestren la trascendencia del Gran Poder? Podrían ser exposiciones pictóricas, fotográficas, debates, charlas sobre ciertos elementos que son muy importantes para la fiesta. Podrían celebrarse proyecciones de videos y documentales, exposiciones de invitaciones, matracas, caretas y otros elementos de gran carga simbólica y que se conviertan en un futuro en auténticos referentes de la fiesta del Gran Poder. Y no resumirlo en solo dos o tres días. Cuando propios y extraños contemplen estas manifestaciones podrán valorar aún más esta entrega de fe.

RECUPERACIÓN. Queda pues en las manos de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder determinar estas políticas y ponerle mayor atención a estos importantes aspectos. Tuve la oportunidad de ser delegado titular ante la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder y vi de cerca todo ello, por eso lo menciono.

En esta gestión hay mucho por rescatar: como la presentación impecable de los componentes de las diferentes fraternidades. Uno siempre queda asombrado con esos detalles que le ponen a sus vestimentas para distinguirse más claramente entre los demás. Otra cuestión que me llama la atención es la incursión de bloques, varios de ellos en las diferentes comparsas.

Pero esta manifestación cultural no solo lo hacen los que bailan, también lo sostienen todos los que en realidad se convierten en una estructura: desde los bordadores, hasta los comunicadores, el público, hasta la comerciante que viaja a China para traer telas de moda, los grupos musicales... y también los ciudadanos a los que no les gusta el Gran Poder, ya que ellos también son portadores de una especie de crítica hacia la festividad y animan un debate que al final la convierten en mucho más popular.

Como artista trato de recoger estas anécdotas y detalles, cosas que, bailando en la fiesta desde mis siete años, he podido atesorar. Una frase de Fernando Montes en su libro La máscara de piedra es: “Cubrir para descubrir”, y ésta nos marca una pauta que ayuda a entender que la fantasía se impone a la razón cuando la música, la pasión, el color y el ritmo se apoderan de buena parte de la ciudad.

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