Tendencias

El corazón en blanco y negro

Una amplia muestra del trabajo de la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide se expondrá en La Paz desde el viernes 13

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 08 de septiembre de 2013

La mujer se llamaba Zobeida, era vendedora del mercado de Juchitán, población zapoteca en el estado de Oaxaca, México. Ese día de 1979, Graciela Iturbide la vio llegar al mercado con su ‘carga’ de iguanas vivas en la cabeza —“con la boquita cosida para que no muerdan”—. Le pidió permiso para tomarle una foto. Disparó las doce tomas del rollo. Y en una de esas tomas sucedió el milagro de la fotografía: por un segundo o acaso menos, las iguanas levantaron la cabeza, como si posaran para la cámara, y se alinearon con los ojos de esa mujer poderosa que mira al cielo. ¡Click!

Iturbide llamó esa fotografía Nuestra señora de las iguanas. Es posiblemente la obra más vista y reproducida de la artista nacida en Ciudad de México en 1942. Los habitantes de Juchitán —con quienes Iturbide convivió durante meses para lograr la confianza y complicidad que para ella son imprescindibles para lograr un buen trabajo— se apropiaron de la imagen como un símbolo del valor de su cultura y de sus luchas sociales y la llamaron La medusa juchiteca.

Esta famosa fotografía —que se reproduce en la portada de este número de Tendencias— forma parte de la exposición de Iturbide que se presentará en tres salas de la ciudad de La Paz.

El viernes 13 de septiembre, a las 19.00, se abrirá la primera muestra en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (calle Ingavi 916). Allí se podrá ver a Nuestra señora de las iguanas junto a otras fotografías que representan distintos momentos de una trayectoria de más de cuatro décadas. El lunes 16, en el Espacio Simón l. Patiño (avenida Ecuador y Belisario Salinas) se inaugurará la exposición denominada Naturata integrada por 30 imágenes logradas por Iturbide en el jardín etno-botánico de Oaxaca.

Y el martes 17, en ArteEspacio CAF (avenida Arce 2915), también a las 19.00, el público podrá apreciar la serie titulada El baño de Frida Kahlo: 21 fotografías que constituyen una interpretación particular del mundo de la famosa pintora mexicana.

De la obra de Graciela Iturbide podría decirse, quizás, que constituye un extenso —en el tiempo y en el espacio— cuaderno de viaje. Sus diversas series fotográficas han registrado a lo largo del tiempo sus viajes geográficos —desde el territorio diverso de su país hasta la India— pero también sus viajes interiores, sus preocupaciones espirituales y sus preguntas al mundo.  

La aventura de esta fotógrafa —uno de los nombres imprescindibles hoy en el contexto internacional— comenzó en 1969. Entonces era una estudiante de cinematografía en México y un día conoció a Manuel Álvarez Bravo —considerado como el mayor representante de la fotografía latinoamericana del siglo XX— y trabajó con él durante un tiempo como su asistente. “Íbamos juntos al campo —recuerda la artista—; aprendí mucho de él, pero no tanto de fotografía como de la vida, de México, de los pueblos, de las fiestas, del arte popular”.

(Más adelante, la fotógrafa recordaría el lema que su maestro tenía impreso en su estudio: “Hay tiempo”. “No se apresure, Graciela —recuerda que le decía—, hay tiempo para todo”. Álvarez Bravo vivió cien años, de 1902 a 2002. Sin duda, cuando decía que hay tiempo, sabía lo que decía.)   A fines de los años 70, Iturbide vivió un tiempo significativo para su experiencia como fotógrafa. Viajó al istmo de Tehuantepec, donde se desarrolló una de las culturas más antiguas de México: la cultura zapoteca.

Viajó al pueblo de Juchitán invitada por Francisco Toledo, su contemporáneo, posiblemente el artista mexicano más importante de la actualidad. Y  también un activista de la defensa y la difusión de la cultura de su tierra. Toledo esperaba de Iturbide que, con toda libertad, mire y retrate a Juchitán y a su gente.  

“En Juchitán aprendí mucho —recuerda ahora la fotógrafa—. Pasé allí unos seis meses, yendo y viniendo. Me hice amiga de las mujeres. Cuando regresaba dormía en sus casas. Así tuve acceso a muchas cosas de su cultura, una cultura totalmente diferente a todas las culturas de México. En Juchitán se baila mucho y se bebe mucho. Los juchitecos son muy alegres, hacen muchas bromas eróticas, siempre se están riendo, son muy orgullosos de su cultura, cosa que no pasa en otras partes de Mexico,  porque han sido muy marginados… Juchitán es el lugar donde he trabajado más cerca de mi corazón”.

 De ese viaje —complementado con otros posteriores— nació el libro Juchitán de las mujeres. Una de las fotografías emblemáticas del libro es, precisamente, Nuestra señora de las iguanas.

En la misma época, Iturbide hizo otro viaje que marcó igualmente su trayectoria. Pasó de un extremo a otro de México, del sur, donde está Juchitán, se fue al extremo norte, a los desiertos del estado de Sonora, en la frontera con Arizona, Estados Unidos. El territorio de Los que viven en la arena —como se tituló el libro que recoge esa experiencia—: la tierra de los indios seris.

Ese viaje de un mes y medio le deparó una fotografía que también fue ampliamente difundida y es otra de sus señas de identidad: Mujer ángel (arriba, a la izquierda, es esta página).

“Los seris son gente del desierto —recuerda Iturbide esa experiencia de hace más de 30 años—, son muy austeros, pero también depredadores. Lo maravilloso de los seris es que han pasado de ser nómadas al capitalismo de una manera muy abrupta. A mí me gustaba mucho que seguían vestidos con sus trajes tradicionales, pero también andaban por el desierto vestidos de smoking o con sus aparatos de sonido, que a veces los intercambian por las artesanías que elaboran en Arizona. Los hombres son muy esbeltos, se dedican a la artesanía y la pesca —viven muy cerca del mar de Cortés— y las mujeres a la cestería y a hacer collares de caracoles. Cuando yo fui todavía se pintaban la cara con los colores naturales de la piedra”.

“Me pasó una cosa muy curiosa con los seris —recuerda de pronto Iturbide con cierto humor—: Yo fui al desierto con una mujer a cortar torote —el árbol del que sacan la fibra para tejer cestas—; y de regreso la mujer me dijo: Ahora yo llevo tu cámara y a ti te toca llevar el torote. Y, pues sí, yo tuve que cargar el torote”.

Hay un poema de San Juan de la Cruz, el poeta místico del siglo XVI, que titula Las condiciones del pájaro solitario. Dice el poema:  “Son cinco. La primera, que se va lo más alto; la segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su naturaleza; la tercera, que pone el pico al aire; la cuarta, que no tiene determinado color; la quinta, que canta suavemente”.

Ese poema fascinaba a Iturbide. Lo sabe de memoria y puede repetirlo con la entonación y las pausas que le dan vida, tanta vida que casi hacen volar a las palabras. “Toda la vida lo he tenido, lo tenía hasta en la pared de mi laboratorio”, dice la artista. Pero también confiesa que nunca había hecho fotos de pájaros. Nunca hasta un día que viajó a una isla en el estado de Nayarit, México, donde hay una reserva natural de aves.

“Ahí tomé fotos de pájaros —recuerda— pero nunca pensé que iba a ser una cosa que seguiría haciendo en el tiempo. En esa isla de Nayarit  tomé  El señor de los pájaros (a la derecha en esta página). Es un señor, el cuidador de la reserva, que parece un pájaro porque tiene un copetito. Parece un pajarito en medio de los pájaros. Desde entonces, cuando  traigo mi cámara y veo pájaros, los tomo, sobre todo al atardecer. Uno encuentra a los pájaros, pero no los puede ir a buscar. ¿Dónde? Sólo hay que estar lista para apresar ese momento. Tengo varios autorretratos con pájaros. Uno con pájaros secos. No sé por qué se me ocurrió ir al mercado a comprar un pajarito y tomé otro seco que tenía y me hice un autorretrato que se llama: Ojos para volar. Tiene que ver con todos los pájaros que he fotografiado. Los pájaros son cosas que me regala el cielo”.  Frida.  “Primero, no soy fridómana”, aclara Iturbide al referirse a su serie de fotografías titulada El baño de Frida —que se expondrá en la galería de la CAF—.  Y con ello marca distancia con la imagen que se ha construido en torno a la pintora mexicana Frida Kahlo (1907-1954): Santa Frida, la patrona de las feministas.

“Qué raro —comenta— que Frida sea el emblema de las feministas. Era muy liberal, tenía amantes, hombres y mujeres, pero no era feminista. Era totalmente dependiente de su marido (el pintor) Diego Rivera, le tenía una devoción que le hacía estar a sus pies. Y Diego, el malvado, ni siquiera la acompaña a sus operaciones”.

En la historia El baño de Frida hay una dosis de casualidad. A la muerte de Kahlo en 1954, Diego Rivera ordenó —nadie sabe por qué— que su baño permaneciera cerrado por 15 años. Esos 15 años —nadie sabe tampoco por qué— se convirtieron en 50. El baño sólo se abrió en 2004. Y Graciela Iturbide estuvo allí —en la casa de Frida Kahlo y Diego Rivera convertida en museo— por casualidad. Pidió permiso para fotografiar el baño y se lo concedieron.

  “Olía horrible después de 50 años —recuerda la fotógrafa—. Era muy impresionante ver todos sus corsés, todas sus muletas, todos sus medicinas como el Demerol, que es la he-roína. Y, curiosamente, muchos carteles políticos de Lenin y Stalin. Tenía también un roperito donde había una tortuga disecada, a ella le gustaban mucho los animales, y también unas guacamayas”.Frida Kahlo en su adolescencia sufrió un accidente viajando en el tranvía en la Ciudad de México que la condenó a innumerables operaciones, al uso de prótesis y, al final de su vida, a la amputación de una pierna.     

“Con la cámara —dice Iturbide— comencé a interpretar todos esos objetos del dolor. Fue una experiencia fantástica porque entendí más a Frida. La respeto y la admiro, fue una mujer que sufrió mucho. ¿Cómo es posible que pintara con tanto dolor?”

Indios del sur y del norte de México, plantas que expresan pasiones, objetos que retratan a un cuerpo doliente y ausente. Pájaros, muchos pájaros. El mundo diverso de Graciela Iturbide retratado con el corazón en blanco y negro.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia