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Los cuerpos de ‘Las malcogidas’

Denisse Arancibia propone el cuerpo como un territorio de lucha en su filme.

Una escena de Las malcogidas. Foto: Las malcogidas

Una escena de Las malcogidas. Foto: Las malcogidas

La Razón (Edición Impresa) / Paola R. Senseve / Escritora

00:00 / 08 de octubre de 2017

José Watanabe sostenía que la única patria es el cuerpo propio. Esa idea contundente y no solo poética me viene dando vueltas en la cabeza hace tiempo. La patria es el origen, la identidad, la paternidad y hasta el hogar. Ahora bien, si las mujeres desde siempre hemos sido educadas para repudiar nuestros cuerpos, ¿cuál es nuestra patria, origen, identidad u hogar? Si nosotras somos nuestros cuerpos de materia sin absurdas separaciones dualistas y aun así vivimos intentando cambiarlos, no los tocamos, dejamos que cualquiera emita una opinión sobre ellos y los anulamos a través del desconocimiento; entonces, ¿significa que no existimos?

Hace tan solo algunos días me dijeron que las mujeres habíamos escrito ya mucho sobre nuestros cuerpos y de tantas maneras, que probablemente deberíamos buscar otros caminos temáticos. Sin embargo, pese a esas y otras limitaciones, Denisse Arancibia escribió un sólido guion de largometraje sobre los cuerpos.

Como todas yo también escribí sobre mi cuerpo, cubriéndolo de palabras y de metáforas; en cambio Denisse Arancibia en Las malcogidas toma su cuerpo (su patria) y no solo nos lo muestra sin ropa, nos amenaza con él y nos desarma; sino que nos enfrenta al propio reflejo. Desde los hermosos primeros minutos del largometraje, con un bolero de fondo, Carmen, el personaje principal interpretado por Arancibia, se observa en el espejo en un tiempo detenido, tratando de descifrar los códigos de ese espacio universal que le tocó ocupar.

Siempre me pareció flojo el argumento que muchos “intelectuales” usan para descalificar ciertas obras artísticas, dicen que desnudarse es fácil. Pero, por supuesto que no lo es, ni siquiera hacerlo frente a una sola persona lo es. Cuán valiente es Arancibia por situarse en el lugar más vulnerable de todos, al usar su propio cuerpo como medio y así terminar siendo la más fuerte. La imagino pensando que no habría otra forma de contar esta historia, tomando la decisión de exponerse sin importar las consecuencias y acompañando su proyecto con todo lo que ella es y tiene durante los siete años que tardó para que viera la luz de nuestros ojos.

La patria es un concepto político que excluye al género femenino de su acepción. Y el cuerpo es un territorio de lucha política. Arancibia conjuga ambos y además utiliza el humor, que es un método de enseñanza popular. Pero no se engañen, Denisse no se burla de sí misma, es todo lo contrario, ella se toma muy en serio, dándonos un discurso de poder y seguridad que solo puede venir de alguien quien ya no se tiene miedo. Todo esto, sumado a sus imperfecciones, hace de Las malcogidas una película importantísima y revolucionaria para nuestros contextos.

Pienso que Denisse vio las comedias románticas hollywoodenses que vimos todas y pienso también que les pagó un tributo vendetta a través de su obra, mostrándonos cómo el arte tiene la capacidad de hacerte dudar de aquello que crees verdad irrefutable, como la belleza o el amor. Entonces Las malcogidas sí es una comedia romántica, pero que no trata de amor, ni siquiera de amor propio, porque su directora no nos alecciona sobre el deber de amarnos como somos y he aquí el verdadero quiebre de pensamiento crítico: ella en realidad nos dice que respetemos nuestros cuerpos, que los usemos, que los exploremos para conocerlos y que por fin puedan existir.

Hay algo que Arancibia sabe y es que a las gordas se nos quiere controlar, se nos quiere reducir porque la mujer al mismo tiempo que no tiene permitido gritar, o reclamar sus derechos con furia, o mirar porno, o abortar; tampoco tiene el derecho al poder que te otorga ocupar un espacio grande en el mundo. Mejor si eres pequeña, compacta, flaquita, si no te maquillas mucho, si no llamas demasiado la atención.

He visto en Las malcogidas una peli tan cursi como implacable, tan entrañable como perturbadora, tan boliviana como universal. Después de esta obra no me quedan dudas de que Denisse Arancibia no es solo la cineasta, sino la artista más interesante del momento.

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