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La cultura, con los refugiados

Numerosos proyectos artísticos lanzan un grito de protesta por la crisis de los migrantes en Europa

Mural. Foto: joe.co.uk

Mural. Foto: joe.co.uk

La Razón (Edición Impresa) / Álex Vicente - El País

00:00 / 28 de marzo de 2016

En la entrada del estudio berlinés del artista Olafur Eliasson, una antigua fábrica de cerveza en el centro de la ciudad, brilla una poderosa luz verde. La desprende su lámpara Green Light, que ha diseñado en señal de solidaridad con los refugiados que atraviesan Europa. “Es una luz metafórica. Mi proyecto aspira a iniciar un proceso de transformación cívica”, sostiene Eliasson. Desde este fin de semana, la lámpara se vende a 300 euros en el TBA21, el centro de arte contemporáneo que la Fundación Thyssen Bornemisza tiene abierto en Viena, que ha invitado a los propios refugiados a adentrarse en el museo.

Los beneficios irán destinados a organismos como la Cruz Roja o Cáritas. “Para mí, la cultura no es un anexo superfluo, sino el centro de la sociedad. Y, como tal, tiene que adoptar un papel activo”, señala el artista.

Éste es solo el último de los numerosos y recientes proyectos que los artistas europeos han puesto en marcha para apoyar la causa. En Alemania, donde el debate sigue siendo omnipresente ante la llegada de un millón de demandantes de asilo, los creadores se han significado especialmente. El artista chino Ai Weiwei, instalado en Berlín, ha sido el más obstinado en su denuncia. Cubrió con chalecos salvavidas las imponentes columnas del Konzert Haus de Berlín y abrió un estudio en Lesbos, la isla griega a la que han llegado miles de personas huyendo de la guerra y el hambre. Allí quiere desarrollar distintos proyectos y erigir un memorial “para suscitar una toma de conciencia”. Además, organizó una marcha en Londres exigiendo “respuestas humanas y no solo políticas”.

Ai Weiwei ha recibido muchos apoyos, pero también fue reprobado cuando en una gala de la Berlinale pidió a los asistentes que se cubrieran con mantas térmicas para tomar una foto colectiva. Entre ellos se encontraban la actriz Charlize Theron o las integrantes del grupo ruso Pussy Riot. “Ésa es la manta en la que algunos se envuelven antes de morir. Se las dan a esos ricos que se las colocan sobre sus esmóquines mientras comen su menú de cinco platos. Es la imagen más obscena de todo el festival”, denunció el director, Dieter Kosslick. Muchas de las películas presentadas en la Berlinale hablaban de esta crisis u ofrecían subtextos relacionados con ella. Pareció lógico que el Oso de Oro lo ganara el documental italiano Fuocoammare, rodado en la isla de Lampedusa, otra puerta de entrada de millares de refugiados a Europa.

Iniciativas similares se multiplican por todo el continente. En el Reino Unido, Bansky cedió el material que le sirvió para construir el parque de atracciones Dismaland para que se levantasen cabañas y refugios en la llamada jungla de Calais, la ciudad francesa donde se agolpan miles de refugiados que intentan llegar a Reino Unido. Después dedicó una de sus obras a Cosette, la niña explotada a la que Jean Valjean salvaba en Los miserables. Esta vez aparecía envuelta en gases lacrimógenos, en referencia a la intervención de la Policía francesa en ese campo de refugiados a principios de año. A finales de febrero, también pasó por allí el actor Jude Law. “Quería verlo con mis propios ojos”, aseguró el intérprete, integrante de una plataforma que apadrina a menores que viven solos en el campo, junto a personalidades como el actor Benedict Cumberbatch o el músico Brian Eno.

En Francia, 800 artistas y escritores encabezados por los cineastas Laurent Cantet, Pascale Ferran y Céline Sciamma lanzaron hace cuatro meses una petición que instaba a las autoridades a encontrar una solución para los refugiados. El lunes publicaron una segunda tribuna en el diario Libération dirigida al Gobierno francés, que ha empezado a desmantelar el campo de Calais. “No queda otro remedio que constatar que nuestra llamada fracasó. Intentábamos hacernos escuchar y ustedes han permanecido sordos. Peor aún: han utilizado la fuerza. El fracaso es total”, decía el texto.

La artista Annette Messager, gran figura del arte francés, acaba de inaugurar una exposición en el Museo de Bellas Artes de Calais. En ella resuena lo que acontece en el exterior. “Todo artista se hace la misma pregunta: ¿cómo hacer arte en Calais? ¿Qué decir, qué hacer, qué enseñar frente a ese naufragio?”, se pregunta Messager. “Ésta es mi respuesta: hacer entrar el abatimiento del mundo en el museo. Exponer en Nueva York es fácil. En Calais, no. Y es precisamente aquí donde la cultura es más necesaria”.

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