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La danza clásica boliviana tiene bien el pulso

Los bailarines han alcanzado un alto dominio técnico y artístico gracias a las enseñanzas de los grandes maestros

Danza clásica.  Foto: Javier Ishino

Danza clásica. Foto: Javier Ishino

La Razón (Edición Impresa) / Tania Delgadillo - Crítica de Danza

00:00 / 16 de noviembre de 2015

El mes de la danza de este año tuvo dos presentaciones dedicadas al género clásico. Noches en línea clásica se denominó la propuesta, a cargo de la coreógrafa y formadora Noreen Guzmán de Rojas, quien reunió a bailarines, coreógrafos y maestros de este género en una buena oportunidad para tomar el pulso a la danza clásica en La Paz.

Unos 70 bailarines, entre estudiantes y profesionales, compartieron el escenario del Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez. Estuvieron presentes los principales centros de formación: la Escuela del Ballet Oficial, CAP Escuela de Danza, Estudio Dance Mariela González y la Escuela de Danza Mandala. También actuaron los elencos profesionales de ArteMóvida, La compañía, Ballet Clásico-Contemporáneo San Andrés (UMSA), Compañía de danza Gaviota, el grupo Da Capo, y bailarines solistas independientes como Paulette Machicado y Mauricio Zenteno.

Entre todos demostraron que, en la actualidad, Bolivia cuenta con una generación de artistas que brillan por su buen dominio de la técnica, su expresividad, su sensibilidad y su talento artístico innegables, lo que se debe agradecer a su trabajo pero también a una generación de maestras y maestros  que están transmitiendo mucho a sus alumnos.

calidad. Paulette Machicado, Fernanda Arteaga, Fabricio Ferrufino, Mauricio Zenteno, Milán Aguirre, Vera Zuazo, Lucas Bandin, Truddy Murillo, Steffi Soria Galvarro y Sara Revollo son los bailarines profesionales que destacaron en este encuentro, tanto por su calidad técnica como por su capacidad interpretativa. Tampoco se debe olvidar a Carolina Mercado —no pudo presentarse por una lesión— ni a Andrea Escóbar —desarrolla su carrera en compañías extranjeras— que también forman parte de este puñado de bailarines profesionales solistas que han alcanzado un muy alto nivel.

Las líneas clásica y neoclásica de la danza son lenguajes y medios de expresión de una larga tradición, pero que también permiten la experimentación. Por eso se pudieron apreciar propuestas como las de Norma Quintana, con las obras Trío —con música de Francisco García de Castro— y Concierto, de Astor Piazzola. Ésta última cerró la temporada con broche de oro, pues demostró ser una obra muy bien desarrollada desde el punto de vista coreográfico, fluida, ágil, sobria e intensa.

Ese mismo enfoque eligió Noreen Guzmán de Rojas en Retorno imaginario, con música de compositores bolivianos como Ramiro Soriano y Gastón Arce, y la interpretación del grupo musical Voz Abierta. La coreógrafa desarrolló en esta obra la temática de la memoria recreando imágenes del subconsciente cargadas de simbolismos, con un toque surrealista e intimista. Para ello se valió de la fusión de estilos, entre el neoclásico y contemporáneo, rompiendo con la mera representación o exhibición de virtuosismo y poniendo énfasis en la interpretación.

Otra de las piezas que sorprendió y gustó al público fue Misa Criolla, con música de Ariel Ramírez y coreografía de César Paco, director de la compañía de la UMSA. La creación de Paco tuvo momentos muy bien logrados, desde el punto de vista coreográfico, con un buen manejo del espacio, y creó imágenes que se corresponden con el carácter de la obra musical, cuya esencia es la combinación de lo religioso-espiritual y los elementos folklóricos.

INSPIRACIÓN. Truddy Murillo ha logrado ya un sello propio por su manera de crear obras con base en temáticas y músicas latinoamericanas. Presentó Frida y sedujo al público con el personaje elegido como inspiración, Frida Kahlo, que permitió a Murillo expresar toda su característica fuerza y su particular encanto. Con un grupo de 14 mujeres que personificaban a la diva mexicana, y con música de Lila Downs y Chavela Vargas, creó el clima deseado. Sin embargo, desde el punto de vista coreográfico, el tratamiento no fue muy esmerado.

Una grata sorpresa supuso el trío Da Capo, compuesto por Fernanda Arteaga, Camila Bruckner y Adriana Ruiz. Estas jóvenes bailarinas hicieron sus primeras armas en el campo de la coreografía y presentaron una creación colectiva titulada Verse, con música de Erik Satie y Astor Piazzola, en la que se observan más aciertos que desaciertos.

Variados pas de deux de famosas obras clásicas permitieron que los bailarines mostraran su dominio técnico y sus habilidades como intérpretes, ya que en el ballet clásico son en estos dúos donde los bailarines exhiben su virtuosismo. Destacaron Paulette Machicado y Mauricio Zenteno con el pas de deux del tercer acto de La Bella Durmiente, y Milán Aguirre con una variación e interpretación del Corsario. El fragmento Copos de nieve del ballet El cascanueces, a cargo de Magaly Rodríguez, fue otra de las obras muy bien logradas, a la que le siguió Flores de Jazmín y Sitaki, dirigida por Mariela González.

Gracias al trabajo que los participantes del mes de la danza llevan  realizando, a los amantes de este arte nos queda la grata certeza de que el lenguaje clásico, como medio de expresión y espacio de experimentación, está vigente en nuestro medio y continúa nutriendo y aportando mucho al desarrollo de la danza escénica en Bolivia.

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