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Sin dejar de ser Chuquiabo

Desde el Pleistoceno hasta la colonia, pasando por los señoríos aymaras, el valle en el que se asienta La Paz fue habitado por diferentes pueblos

La Torre funeraria o chullpa de Chijipata, Kellumani, en Achumani. Foto: GAMLP

La Torre funeraria o chullpa de Chijipata, Kellumani, en Achumani. Foto: GAMLP

La Razón (Edición Impresa) / Rolando Carvajal - periodista e historiador

00:00 / 18 de octubre de 2015

La transición de la marka prehispánica del Chuquiabo al español Pueblo Nuevo de Nuestra Señora de La Paz comenzó probablemente en diciembre de 1533, a un mes de la toma del Cuzco, momento en que el pequeño poblado cruza el final de su vida precolombina para ingresar en la temprana colonia. Quince años antes de la fundación de la ciudad, cuatro exploradores de la avanzada de Francisco Pizarro descubrieron para la mirada europea el lago Titicaca y abrieron al resto del mundo el espacio del Collao, entre Ayaviri y Sicasica, con los canche y los pacaje, que ocupaban —igual que los colla y otras etnias de la meseta andina— los valles encajonados detrás de las montañas nevadas, al este de los Antis. En el sur inmediato, a partir de Caracollo, sería recorrido con la misma intensidad el igualmente extenso territorio de los charca.

La marka era desde tiempos preincaicos un destacado centro multiétnico de ayllus en este cruce importante para los intercambios  —sobre todo de coca—, para la extracción de oro, la agricultura y el pastoreo de camélidos en los apreciados pastizales de sus laderas: Ovejuyo, Purapura, Achachicala, Sopocachi, Munaypata, Kallampaya, Chijini. Articulaba también diferentes niveles ecológicos en los que había archipiélagos poblacionales sobre los que tenían derechos ayllus lejanos, con núcleos incluso al otro lado del Titicaca. También existían emplazamientos productivos ocupados por mitimaes —trabajadores desterrados— trasladados por el inca desde el Chinchaysuyo y Ecuador (cañares y chinchaysuyos).

Desde 1450 —con la conquista inca y el consecuente reordenamiento de la tierra y los grupos poblacionales— la futura La Paz albergó el estado inca y los señoríos aymaras que sobrevivieron a la debacle de la cultura Tiwanaku hacia el siglo XIII: lupacas, collas y pacasas, pacaxes o pacajaquis. Chuquiabo pertenecía a estos últimos.

FUNDACIÓN. La primera exploración hispana al Collao incluyó la hondonada del río Choqueyapu y su afluente principal, el Chuquiaguillo, Orkojauira o La Coya, que desde el Huayna Potosí pasa por el Illimani rumbo a la selva. Esta marka fue inicialmente conocida por los españoles como “pueblo de Chuquiabo” y no como “Pueblo Nuevo”, término que Alonso de Mendoza empleó para la creación de la ciudad.

Este lugar quizás albergó una primitiva pero histórica capilla de barro, similar a la descrita en el acta inaugural de Laja del sábado 20 de octubre de 1548. Tres días después Mendoza decidió realizar una segunda fundación, quizás en Churubamba. Luego amplió la ciudad y mandó trazar su sector español de manzanas cuadriculadas sobre la ribera izquierda del Choqueyapu, con tope en el río Mejahuira. Se concretó así uno de los momentos cruciales de la transición hacia la futura metrópoli convertida hoy en la mayor del occidente boliviano, el sur del Perú y el norte de Chile.

¿Por qué la importancia de la capilla? La investigación más reciente de Marti Parssinen sobre la partición aymara en Chuquiabo cuando aparecieron los españoles, encontró que tres secciones eran mitimaes y la cuarta era nativa. El emplazamiento de la primitiva capilla confirmaría que el Pueblo Nuevo de Nuestra Señora se asentó, al menos por un año, en Churubamba. Pero, ¿y si tal asentamiento no fue en Churubamba sino en la parcialidad del Sol/la Coya, hacia el actual barrio de Miraflores? ¿O en la parcialidad de Santiago, enfrente de San Pedro, pero más allá de PotoPoto miraflorino con extensión a la zona sur? ¿O en esta misma parcialidad sampedrina pasando el río Karawichinca, en la margen derecha del Choqueyapu?

ARQUEOLOGÍA. Hacia 1560 los ayllus todavía reclamaban compensación por sus tierras tomadas para fundar la ciudad, según el pleito de Juan Remón. Que los caciques Quirquincha y Uturuncu recibieran a los españoles tampoco está confirmado ¿Existieron realmente? Las versiones de Crespo en 1906 y Acosta en 1880 con base en la topografía descrita por Lanza 1876 aluden a los “caserones” de Quirquincha o el “campo” del Uturuncu, pero no a los curacas mismos.

La excavación arqueológica halló desde el siglo XIX vestigios de las culturas que hace 3.000 años (Wankarani y Chiripa entre 1500-1200 aC, y luego Tiwanaku hasta 1.200 dC) ocupaban el altiplano central, extendiéndose chiripas, tiwanacotas (y sus sucesores aymaras) en busca de oro a valles de altura como Chuquiabo, donde dejaron evidencias materiales de su presencia en sectores como Achocalla, Llojeta, Tembladerani, Pampajasi, Miraflores y otras riberas del Orkojahuira y en Achumani, donde existen una chullpa pacaje y restos de una kocha —laguna artificial— para regar maizales y cultivos de papa o haba.

Lo anterior a esta presencia nativa se pierde en la niebla de lo glacial y diluvial de la información geológica existente. “Solo la cuenca de La Paz ofrece la oportunidad de observar las cuatro épocas glaciales”, concluyeron en 1960 Federico Ahlfeld y Leonardo Branisa en torno a enormes sucesos de erosión que conformaron la hoya paceña. En el Pleistoceno en Achocalla, ocurrió un deslizamiento de colosales masas sedimentarias desde la meseta altiplánica hasta la profunda quebrada del río de La Paz, debajo de Aranjuez: “Por un corto tiempo, el cauce de río estaba cerrado, formándose aguas arriba un lago que llegó hasta la parte alta de Obrajes. Sus terrazas todavía son bien visibles en varios puntos”.

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