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Cómo devorar la taquilla

La película de Steven Spielberg, que cambió radicalmente la manera en que los grandes estudios hacen cine e inventó el taquillazo veraniego, se estrenó hace cuatro décadas

Cómo devorar la taquilla. Foto: diariodecolima.com

Cómo devorar la taquilla. Foto: diariodecolima.com

La Razón (Edición Impresa) / Gregorio Belinchón - El País

00:00 / 26 de julio de 2015

Steven Spielberg y el estudio Universal crearon el taquillazo de verano hace 40 años. Mataron al Hollywood de Francis Ford Coppola, Martin Scorsese y Brian de Palma, de El graduado, El padrino, y del talento de Hal Ashby y Terrence Malick. El 20 de junio de 1975 se estrenó Tiburón en Estados Unidos. Sin embargo, la película por poco se convierte en un desastre comercial y en un filme ridículo que hubiera hundido la incipiente carrera de Spielberg por culpa de un rodaje caótico.

El hoy legendario cineasta reconoce: “Mereció la pena porque así pude rodar Encuentros en la tercera fase, la película que realmente quería hacer, y porque desde entonces tengo el derecho al montaje final de todos mis trabajos. Pero sobre todo, Tiburón me convirtió en una persona humilde que aplaca la imaginación cuando se enfrenta a la realidad”. “Steven era desde el principio parte del sistema de Hollywood, sin segundas intenciones ni pizca de espíritu rebelde. Se pasaba el tiempo hablando de recaudaciones”, dice Matthew Robbins, guionista de Loca evasión, una película anterior de Spielberg.

La bola de nieve arrancó en 1973, cuando Universal compró los derechos cinematográficos de la novela Jaws (Mandíbulas). A la vez, llamaron a su oficina a un jovencito Spielberg y le ofrecieron dirigir MacArthur. Éste rechazó la propuesta, pero vio en un montón de guiones el de Jaws. Pidió llevárselo, lo leyó durante el fin de semana, y el lunes propuso hacerse cargo del proyecto.

PROBLEMAS. Mientras se filmaban tiburones blancos en Australia, en California se construyeron tres tiburones mecánicos. Pocas veces funcionaron bien y solo sus problemas técnicos le costaron a Universal dos millones de dólares. El rodaje, impuesto por Spielberg en aguas abiertas, arrancó en mayo de 1974 en la Costa Este estadounidense. El presupuesto de cuatro millones llegó a nueve, y los 55 días de rodaje previstos se convirtieron en 159.

Los culpables de los retrasos fueron los falsos tiburones, que no habían sido probados en el mar. De Palma, que vio las primeras tomas, recuerda: “Se les ponían los ojos bizcos, y no podían cerrar las mandíbulas, se desteñían y se hundían”. Como se rodaba en alta mar, de las 12 horas de cada jornada solo eran útiles cuatro: entre ir y venir y las manipulaciones de los tiburones y los barcos, se perdía el resto.

El cuadro se completaba con constantes accidentes, actores borrachos… Robert Shaw era tan buen intérprete como alcohólico, Roy Scheider perdía constantemente los nervios y Richard Dreyfuss —que pensaba que aquello era un fracaso seguro— se convirtió en el rey de la farra. El enfrentamiento final entre el trio protagonista y el tiburón se rodó en dos meses y medio, duplicando lo presupuestado para ese momento.

Solo una cosa funcionó: la montadora Vera Fields trabajaba según se rodaba, con lo que en Universal fueron viendo metraje de suficiente calidad como para no abandonar la película. Cuando Spielberg escuchó la primera propuesta musical de su amigo el compositor John Williams, le dio risa y pensó que era broma. Sin embargo, el músico acertó: aún hoy mucha gente tararea su melodía cuando se sumerge en el mar.

PUBLICIDAD. Pese a todo, la película fue un éxito de taquilla y crítica. Universal invirtió 700.000 dólares en saturar de anuncios las televisiones, pero optó por un estreno de tan solo 409 cines. Acertó creando expectación, y a mediados de julio ya estaba en mil pantallas y había superado los $us 470 millones en taquilla, un récord absoluto en su momento.

Desde entonces Hollywood abandonó la navidad como época de grandes lanzamientos, multiplicó su inversión publicitaria televisiva e incrementó su apetito por las rápidas tajadas económicas. Se olvidó del público adulto, que había dejado de ir al cine, y se centró en los adolescentes. Star wars confirmó este cambio, que convertía material propio de serie-B en la esencia de los guiones y de las grandes producciones.

Cuatro décadas después, Jurassic world —la primera película de la historia en superar los 500 millones de dólares de taquilla en su estreno, y la más rápida, en tan solo 13 días, en alcanzar los mil millones— muestra que en esencia nada ha cambiado. Solo han aumentado el tamaño de los monstruos, el número de sus dientes y los presupuestos: cuanto más, mejor. Y además, como Steven Spielberg y Universal son quienes producen Jurassic world, ambos taquillazos se miran cara a cara como reflejos de un espejo.

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