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‘El diseño tal vez sea arte aplicado’

Isidro Ferrer combina elementos de la filosofía, la poesía y el teatro para crear carteles e ilustraciones que refuerzan la capacidad de comunicación y el significado de las imágenes y de las palabras

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador - La Razón

00:00 / 23 de noviembre de 2015

Uno de los diseñadores e ilustradores más reconocido del mundo, el español Isidro Ferrer, ha participado esta semana en la Bienal del Cartel de Bolivia (BICebé). Presenta una exposición que se puede visitar en el Centro Cultural de España en La Paz (CCELP) hasta el 18 de diciembre, y ha impartido un taller a los jóvenes diseñadores bolivianos.

Los carteles de Ferrer se han convertido en un referente de cómo promocionar desde actos culturales hasta marcas de vino o de lámparas, siempre de una forma impactante y muy creativa que funde las raíces en el arte. En el campo editorial sus ilustraciones han dialogado con obras de importantes escritores españoles y latinoamericanos. Los reconocimientos le han llovido en todo el mundo, y en España ganó el Premio Nacional de Diseño en 2002 y en Premio Nacional de Ilustración en 2006. En su clara y rotunda entonación, en la forma de mirar a su interlocutor y en lo preciso de sus argumentos se nota que fue actor profesional durante varios años.

— ¿Cuánta influencia tiene su pasado como actor de teatro en su trabajo de diseñador?

— No intento rescatar conscientemente elementos teatrales para la gráfica, pero hay lazos que comunican una cosa y otra: en la parte escenográfica y de lenguaje sobre todo. En el teatro no hay narración, solo diálogos, y el diseño es precisamente un diálogo con el espectador. Aunque mis referencias son muy amplias porque ahora el arte es mucho más flexible y multidisciplinario. Me interesa trabajar con conceptos de la poesía, la filosofía y la literatura porque el diseño gráfico está sujeto al mundo de las palabras, que son las que nutren fundamentalmente las ideas y las imágenes.

— Luego, ¿se puede decir que el diseño es arte?

— No, no se puede decir porque no lo es. Los cartelistas trabajamos siempre con la voz ajena y no con la propia, nos ponemos al servicio de alguien que quiere comunicar. Somos solo el canal, el emisor es el cliente. En cambio, el artista sí que es las dos cosas: el emisor y el canal a la vez. Él crea la idea y la transmite.

Nosotros, los diseñadores, debemos comunicar muy clara y respetuosamente porque lo importante es el contenido, que no es nuestro. Solo ayudamos a que se entienda fácilmente. Por eso la diferencia entre el arte y el diseño es muy clara, son dos cosas totalmente distintas.

— Pero sus obras se ven ahora en una sala de exposiciones y algunas están en los museos.

— Sí, porque lo que hacemos los diseñadores es museístico. Pero no todo lo que se expone en un museo es una pieza artística. Aunque hay algunas campañas de publicidad que podrían ser incluidas dentro del mundo del arte. La cultura es más sensible a ciertos argumentos artísticos, pero yo tengo otros clientes que son empresas industriales y comerciales, que venden vinos y lámparas, y con ellos hacemos productos que van más allá y se sitúan en el terreno del arte aplicado. Quizás esta sea una buena forma de definir lo que estamos haciendo los diseñadores: arte aplicado.

— Usted ha ilustrado libros de autores muy importantes

— Sí, y la literatura da más campo para crear porque contiene más imágenes y más potentes, más seductoras, con mucho contenido. Con Eduardo Galeano hice Los sueños de Helena. Trabajar con él y tratarle personalmente me enriqueció mucho. El proceso de ilustrar una obra literaria es complejo y depende mucho de cada caso. Para Libro de las preguntas, de Pablo Neruda, me costó tres años encontrar el tono. Quería dialogar con Neruda y no limitarme a representar lo que él ya representa, y tan bien. Me interesa trabajar entre las líneas, aprovechar esos espacios donde el ilustrador puede añadir información o posibilitar una lectura diferente.

— Eso es bastante más que simplemente acompañar los textos

— Es que en el diseño se puede ser más superficial o más profundo dependiendo de lo que se vaya a comunicar. También es posible trabajar con distintas capas: una primera parte más plástica, seductora, que es más fácil de ver porque se mueve en el terreno de la estética. Luego vamos añadiendo más capas semánticas para darle otro tipo de lecturas a la ilustración. A primera vista se golpea, de seduce, se atrapa al espectador pero también se le dan elementos para que luego, con una segunda mirada más atenta, pueda entrar a un significado más profundo.

— Y las tipografías, ¿también forman parte de esta comunicación?

— Son una parte muy importante, porque la letra es una imagen. Es un signo que contiene significado pero también es un significante por sí mismo, en función de su forma. Por eso elegir la fuente correcta es fundamental para concederle carácter a lo que se dice. Cada tipografía contiene una voz distinta: suave, ruda, sensual… Cada fuente emite de forma distinta, dice cosas distintas y causa efectos diferentes en el lector.

— ¿Con las computadoras se ha perdido la caligrafía?

— Tu carácter define tu letra, y al revés, y quizás esto se esté perdiendo, sí. Con la computadora todo queda más neutro, más enmascarado. Al final el trabajo del diseñador pasa por ella porque es inevitable para la reproducción, pero a mí me gusta trabajar con los objetos. Yo trabajo mucho con las manos y casi pienso con las manos. Porque el ser humano establece su relación con el entorno basándose en la experiencia táctil que tiene de los objetos, que así les atribuye una memoria, una personalidad y un carácter que me interesan mucho.

— ¿Hace falta estar en Manhattan o en París para trabajar en esto?

— No, incluso puede ser contraproducente. Yo vivo, porque quiero, en una ciudad española bien pequeña. En una grande estás tan rodeado de estímulos que te haces insensible. La ventaja que puede tener La Paz sobre Nueva York o París es que en los lugares más pequeños, a pesar de lo que se diga, hay menos prejuicios y las mentes son más amplias. Se es más desinhibido, más curioso, más propenso a que algo te sobrecoja… y la curiosidad es fundamental. En el taller que estoy impartiendo aquí hay gente muy joven de distintas universidades y tres profesionales. Los veo sorprendidos e interesados, y por eso en tres horas ya hemos conseguido algunos productos muy interesantes.

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