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Un drama seco y de mujeres

Almodóvar regresa al universo femenino, su territorio más querido y transitado, con ‘Julieta’, una película basada en tres relatos de Alice Munro

Foto: atefilms.ch

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La Razón (Edición Impresa) / Elsa F. Santos - El País

00:00 / 11 de abril de 2016

Una madre escribe una carta a su única hija. Una carta desnuda y directa, un vómito seco de recuerdos y sensaciones, de culpas, de fracasos, abandonos y de compasivas mentiras. Esa carta es Julieta, la última película del español Pedro Almodóvar. El cineasta lleva años a lomos de un personaje que se desdobla en dos actrices —Adriana Ugarte y Emma Suárez— para representar la juventud (el recuerdo) y la madurez (el presente) de una misma voz.

Almodóvar aún no ha desvelado mucho de ella y quizá por eso se muestra temeroso de no encontrar las palabras más apropiadas para hablar de una película de mujeres que se parece muy poco a sus otras películas de mujeres. Un drama sin respiro que cabalga por el tiempo, la geografía y los acontecimientos.

“Es una película de mujeres imperfectas pero defendibles, como somos todos”, afirma Almodóvar sobre los personajes cuyo origen son tres relatos de la premio Nobel de Literatura Alice Munro. “He intentado ser lo menos retórico posible porque ese era el modo de contar esta historia, que no es un melodrama sino un drama seco”, añade. “He luchado mucho con las lágrimas de las actrices. No quería lágrimas, lo que quería era abatimiento. Eso que se queda dentro después de años y años de dolor. Adoro el melodrama pero no quería su épica”.

En su despacho de Madrid Almodóvar habla flanqueado por fotos de personas que quiere o admira: Penélope Cruz, Billy Wilder, Lauren Bacall, Quentin Tarantino, Spike Lee, … Frente a esta constelación de estrellas se amontonan los incontables premios que ha recibido. Solo se echan en falta los Oscar que logró en 1999 por Todo sobre mi madre y en 2002 por Hable con ella, que están guardados en casa.

El embrión de Julieta está en los relatos Destino, Pronto y Silencio, de Munro. La Academia Sueca dijo al darle el Nobel que en sus historias el mayor dolor no se expresa. Julieta iba a titularse Silencio pero coincidía con el de la próxima película de Martin Scorsese, Silence, y Almodóvar prefirió cambiarlo. “Pese a tener una protagonista común, los relatos no eran consecutivos. No era sencillo darles unidad, pero me fascinaron tanto que me puse a escribir. Mi primera idea fue hacer una película en inglés; quería rodar en Canadá, en los lugares de los que habla Munro. Fuimos a Vancouver. Los paisajes eran tan desoladores y tristes que no podía rodar allí. Acabé el guion y lo tradujeron al inglés. Tampoco me convencía. Lo guardé en un cajón hasta que, hace dos años, me sugirieron que retomara el proyecto pero que la historia fuera en España”.

Los viajes forman una parte sustancial de la película, que cabalga a lomos de enormes elipsis de época a época. Los personajes se encuentran en casas, en cocinas donde los objetos nos dicen tanto como las personas. “Las cocinas son el sanctasanctórum de las casas. En ellas ocurren siempre muchas cosas. En muchas de mis películas aprovecho para dar la receta de algo. Es una costumbre”.

PERIPECIA. Almodóvar se enfrentó al rodaje de Julieta tras un parón de un año por una operación de espalda. Esta película, con muchas localizaciones en exteriores y aparatosos traslados de todo el equipo no era la mejor idea. “Lo lógico hubiese sido un rodaje en estudio, pero yo no soy dueño de lo que escribo. Empecé a rodar Julieta sin tener claro si podía terminarla. No había estado de pie 10 horas en mucho tiempo. Era elegir entre vivir o no vivir. Así de extremo y exagerado, porque para mí vivir es rodar”.

El cine para él es una peripecia en equipo y en solitario. “No puedo estar mejor rodeado pero siempre hay una parte de la aventura que es individual”. Confiesa que le acechan permanentes inseguridades. “Incertidumbre es la palabra que mejor define una aventura cinematográfica. Sabemos el día en que empezamos, pero ni siquiera sabemos si acabaremos”. “El cine es mi vida de una forma total. Si no estoy involucrado en una película, mi vida resulta triste.

Y eso me tiene en permanente desvelo: estar pendiente de todo lo que leo, veo y escucho porque de ahí saldrá mi próxima ficción. Soy solitario y muy limitado en aspiraciones y deseos. El cine lo llena todo en mi vida”. En manos de Almodóvar el cine cambia las reglas de la vida, y el espectador debe dejar lo real y adentrarse en una verdad más profunda.

Quizá lo más conmovedor de Julieta es cómo, en tan solo unos trazos, se describen las relaciones madre-hija cuando lo peor, la enfermedad o la locura, está presente. Bastan unos segundos del rostro de la actriz Susi Sánchez o el gesto de una niña bañando a su deprimida madre. Almodóvar recuerda que viene de un lugar donde las mujeres cuidan de las otras mujeres. “Yo no soy madre, pero en esta película he intentado sentirme madre para comprender ciertas actitudes, como que para una mujer joven es más importante su hija que su propia madre. Y eso no deja de ser cruel”.

Su comprensión del mundo femenino parece más honda que nunca. “Me volverán a preguntar mil veces por el universo femenino y diré que no es tan excepcional. No sois tan difíciles, aunque sois lo suficientemente misteriosas como para convertiros en un excelente sujeto dramático. El problema, y sobre todo hablo de Hollywood, es que la industria no permite que se hagan películas de mujeres. Yo soy dueño de mis películas y mi protagonista es una mujer que pasa de los 50. Lo terrible es que la mayoría de los guionistas no se den cuenta de que hay muchas mujeres entre 50 y 60 años con las historias más maravillosas que se pueden contar”.

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