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Un duende ocupa el escenario

Piraí Vaca y Marcos Malavia funden teatro y música para reflexionar sobre la inspiración, el arte y la vida

Piraí Vaca y Marcos Malavia. Foto: Alejandro Paku Céspedes

Piraí Vaca y Marcos Malavia. Foto: Alejandro Paku Céspedes

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador - periodista

00:00 / 26 de julio de 2015

El guitarrista cruceño Piraí Vaca abre la boca y parece un fenómeno de la naturaleza o, al menos, una persona que acaba de desayunar y está plena de energía. Tanta, que a veces su interlocutor puede llegar a sentirse abrumado: “Yo tengo un gran afán de comunicación y por eso hablo claro, hablo fuerte, para que me entiendan cara a cara, en un concierto o en una conferencia. Y cuando toco una nota yo sé que esa nota está llegando a la última fila del teatro”. Esa fuerza y ese mando sobre el lenguaje, el público y el escenario le son de gran ayuda a Vaca en el espectáculo El duende andaluz, una simbiosis entre el teatro y la música que el actor Marcos Malavia y él presentan esta noche en La Paz, en el Teatro Municipal.

La obra la escribió Malavia a partir de una conferencia que Federico García Lorca dictó en Buenos Aires en 1933. El poeta y dramaturgo español hablaba del estado de gracia espiritual que alcanza un artista en el momento en el que logra juntar los conocimientos técnicos, la inspiración, la pasión y el compromiso con su trabajo. Pocos son los que lo consiguen y de ellos, los artistas andaluces —sobre todo los flamencos— siempre han dicho que “tienen duende”.Malavia, un artista con una muy amplia experiencia de trabajo con los mejores de su profesión en el mundo —entre ellos el mimo más importante de todos los tiempos, el francés Marcel Marceau—, reconoció este toque de genialidad en Vaca: “Piraí tiene duende, porque tiene intensidad, compromiso con lo que hace y ese ‘algo’ que no se encuentra muy a menudo en un artista”.

INTERACCIÓN. Pero, en opinión de su compañero de escenario, quien realmente está tocado por el duende es Malavia: “Yo soy bueno para organizar, para mí siempre la estructura es muy importante, pero es que él es muy creativo, tiene un montón de ideas geniales a cada rato”, dice Vaca.Por eso el músico no ha dudado ni un momento en ponerse a las órdenes del actor —“me someto, simplemente acato, confío plenamente en su capacidad”— para hacer un papel entre cómico y dramático en una obra que es mucho más que un recital acompañado de música. Ambas artes interactúan, se mezclan y se apoyan mutuamente hasta crear un discurso único, poético y lleno de coherencia que ofrece algunas partes recitadas, otras actuadas, otras de diálogo entre texto y música y otra de música sola.

Aunque García Lorca también compuso muchas canciones, para El duende andaluz Vaca prefirió recurrir a varias obras del nacionalismo español, un estilo de la segunda mitad del siglo XIX que aunque no es flamenco está muy ligado a él. Tomó partituras de Isaac Albéniz y Enrique Granados originalmente compuestas para piano y las adaptó a la guitarra teniendo siempre en mente el juego que ahora hacen con los textos sobre el escenario. El cruceño se suma a la extendida opinión de que “se perdió un gran músico cuando Lorca se dedicó al teatro”, pero considera que esta obra pedía algo un poco más alejado de la música popular que lo que compuso el poeta granadino. Malavia no toca ningún instrumento, por lo que aporta a la música con la expresividad de su cuerpo, adquirida en años de practicar esgrima, malabarismo y mimo.

AVENTURA. Así, sobre el escenario se crea un todo armonioso que transmite. Malavia está muy orgulloso de que en la función que ya han ofrecido en Tarija los espectadores “se hayan mostrado muy cercanos a un texto que en principio es tan andaluz”. La universalidad del arte hace que se puedan saltar todo tipo de fronteras porque “la teoría del duende se aplica a todos los artistas pero no solo a ellos”, alcanza a todos los aspectos de la vida. El dramaturgo afirma que vivir es una aventura y para enfrentarse a ella “algunas pocas personas de todos los ámbitos van un paso más allá y arriesgan más de lo que puede parecer prudente. Le ponen el empeño y la pasión que se necesitan para alcanzar el duende. Hay unos cuantos, pero creo que en Che Guevara encontramos a uno de los mejores ejemplos de esto”.

El duende parece que sí se posa en el escenario, sobrevuela el patio de butacas y alcanza a todo el que está en el teatro mientras Malavia y Vaca interpretan esta historia de un payaso y un gitano que salen a buscar la inspiración por tabernas y locales nocturnos. “Yo creo que el afán del arte es expresar. El arte debe cumplir la función de hacer que el público se sienta renovado, mejorado y cuestionado”, asegura Vaca. Por eso, la obra busca hablar un lenguaje que la gente comprenda, lo que “de ningún modo significa prostituirse”, porque se puede y se debe encontrar un equilibrio entre lo que el artista quiere decir y lo que el público quiere oír. Y este balance “es genial”, en El duende andaluz, según Malavia.

Este equilibrio entre el arte escénico y la música permite que el público tenga varios puntos de los que engancharse a un espectáculo que, “si se viese sin música, sería una buena obra de teatro y, si se presentase sin actuación, sería un muy buen concierto de guitarra”, asegura Vaca.

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