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El enigma persigue a ‘la divina’

Han pasado 25 años del deceso de Greta Garbo,   la evasiva actriz de Hollywood que eligió la soledad

Beldad • Además de talentosa, fue considerada mujer de exquisita belleza. Foto: theredlist.com

Beldad • Además de talentosa, fue considerada mujer de exquisita belleza. Foto: theredlist.com

La Razón (Edición Impresa) / EFE / Nueva York (EEUU)

00:00 / 19 de abril de 2015

Hace 25 años que murió, escondida en el anonimato que había escogido durante casi medio siglo, pero todavía hoy “la divina” Greta Garbo sigue siendo una de las más enigmáticas y bellas figuras de Hollywood.

El 15 de abril de 1990 falleció en Nueva York, a los 84 años, Greta Lovisa Gustafsson, la “esfinge sueca” que se retiró del cine con apenas 36 años, cuando era la actriz mejor pagada de Hollywood, para huir de una vida pública que, según muchos, aborreció.

“Intentó ser una figura misteriosa”, afirma el responsable del departamento de cine del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), Charles Silver, sobre la personalidad evasiva y hermética de una mujer que se ganó a pulso el sobrenombre de “la que nunca ríe”.

Bajo las siglas de la Metro Goldwyn Mayer (MGM), Garbo fue la icónica cara de muchas de los filmes románticos más memorables de la década de 1930, como Grand Hotel (1932), Queen Christina (1933), The Painted Veil (1934), Anna Karenina (1935), Camille (1936) o Ninotchka (1939).

“Pienso que es probablemente la mejor actriz de cine que hemos tenido nunca”, opina Silver, en la línea de muchos de los estudiosos de la cinematografía, que consideran que lo mejor de las películas de Garbo es la propia Garbo. Como en The Divine Woman (1928), el film perdido que la bautizó con el apodo que la perseguiría hasta el fin de sus días, Garbo solía encarnar el sufrimiento al interpretar a una mujer desencantada con la vida que se veía impulsada hacia un inesperado y desatinado amor.

Sus interpretaciones le valdrían tres nominaciones al Oscar que nunca ganó, tal y como le sucedió a otros hitos como Rita Hayworth, Marilyn Monroe o Marlene Dietrich, con la que se especula tuvo un romance. Hollywood tan solo le proporcionó el sabor amargo de una estatuilla en honor a su carrera, en 1954, que ni recogió.

Consolidada su carrera en el cine mudo, el descubrimiento de su voz grave tras rodar su primera película sonora, Anna Christie (1930), y la frase de promoción del film —“¡La Garbo habla!”— la elevaron al estrellato.

Alejamiento. “Se retiró tan joven que se perdió muchas películas buenas después de la guerra”, suspiró el comisario, que trabaja organizando exhibiciones de cine en el prestigioso museo neoyorquino desde 1970.

La combinación entre un tímido éxito comercial en sus últimos trabajos, la irrupción de la Segunda Guerra Mundial y el hecho de que “ella nunca estuviera contenta siendo una estrella ni teniendo una vida tan pública” fueron los motivos que Silver achaca a la temprana jubilación de la actriz.

“Quiero estar sola” fue la única explicación que dio a su confinamiento en un apartamento de Nueva York cercano al East River, donde vivió durante décadas, paseando por las calles de Manhattan con unas grandes gafas de sol y su melena canosa, hasta que murió en un hospital cercano.

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