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El español de las mayorías

Un diccionario selecciona, mediante un programa, la acepción de más uso en toda América

 Los diccionarios ignoran muchos usos americanos. Foto: asale.org

Los diccionarios ignoran muchos usos americanos. Foto: asale.org

La Razón (Edición Impresa) / Carola Solé - AFP (México)

00:00 / 26 de julio de 2015

La mayoría de los 450 millones de hablantes de español son latinoamericanos, pero su habla apenas se refleja en los diccionarios. Si la región no se siente representada entre tantos “españolismos”, ¿por qué no diseñar un diccionario universal donde prevalezcan las palabras más usadas en todo el mundo? Esta fue la idea del lingüista mexicano Raúl Ávila, que lleva 18 años trabajando desde el prestigioso Colegio de México en este titánico proyecto con la colaboración de 26 universidades de 20 países.

“Los diccionarios actuales, con quizás tres o cuatro excepciones, son de base castellana. Eso supone un sesgo ideológico formidable. En España no se tiene conciencia de los españolismos, es el problema del lingüicentrismo español”, manifiesta este profesor de 78 años, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias.

La alternativa es este diccionario VALIDE, que verá la luz en noviembre, y que es un programa que incluye los regionalismos de todos los países y, con base en una fórmula interna, selecciona la palabra que más personas y países usan. “Se trata de que no gane un país porque tenga más hablantes, porque entonces ganaría siempre México, sino de que gane la voz que tiene más hablantes y más países: frecuencia y dispersión”, explica Ávila.

Según este criterio, por ejemplo, el VALIDE sugeriría usar “fósforo” en vez de “cerilla” o “cerillo”; o “agarrar” en vez del “coger” de España, que en algunos países de América Latina se usa como un sinónimo de copular.

Quizás “coger” sea la palabra que más bromas genera, aunque para Ávila, sin duda, la más controvertida y confusa es “cancelar”: en Venezuela, Bolivia o El Salvador se usa como sinónimo de “pagar”, mientras que en la mayoría de países significa “anular”. El lingüista, que disfruta como un niño con los juegos de palabras, recuerda cómo hace unos años vivió toda una confusión en un hotel de El Salvador por esa palabra.

Aunque estudios comparativos hechos sobre medios de comunicación o doblajes de películas demuestran que los hispanohablantes usan un español común a todos entre un 98 y un 99% del tiempo, es en el universo de las cosas donde se da el debate: “banano-plátano-cambur-banana”, “placa-chapa-matrícula”, “maní-cacahuete-cacahuate”, “carro-coche-auto-máquina”... “En español culto, en un uso abstracto, no hay problema. Pero, tan pronto entramos a las cosas mismas, ahí comienzan los problemas. Es en un mercado donde se pone complicado”, ironiza Ávila.

Pero el diccionario universal no pretende, ni mucho menos, quitarle riqueza o diversidad lingüística al español, la segunda lengua con más hablantes nativos del mundo y la tercera más hablada después del inglés y el chino. Con el VALIDE “no se empobrece nada, sino que se da una opción. La idea consiste, justamente, en enriquecer el lenguaje, dado que, de todos modos, tendremos que decidirnos por una opción”, argumenta el lingüista.

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