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‘El estilo de un escritor es parte de sí tan indeleble como la forma de su cerebro’

Paul Harding - El novelista norteamericano Paul Harding (1967), ganador del Premio Pulitzer de Novela 2010, acaba de publicar Vidas de hojalata, su nueva obra en la que explora, entre otras cosas, las dimensiones más profundas de la enfermedad. El novelista boliviano Edmundo Paz Soldán conversó con él sobre este asunto, sobre la relación de su escritura con la literatura latinoamericana, sobre el famoso Pulitzer  y sus proyectos literarios inmediatos. 

Harding. ‘Escribo totalmente  basado en la intuición’.

Harding. ‘Escribo totalmente basado en la intuición’. Foto: Internet

Edmundo Paz Soldán

00:00 / 29 de enero de 2012

— ¿Vidas de hojalata está basada en una historia real?

— La trama está basada libremente en relatos que mi abuelo materno solía contarme de su infancia en el estado de Maine. Como en el libro, su padre era un vendedor ambulante y tenía epilepsia, y fue forzado a abandonar la familia cuando se enteró de que su mujer planeaba internarlo en un psiquiátrico. Sabía de estas leyendas familiares sólo lo suficiente como para despertar mi imaginación, pero no tanto como para saciarla.

— Me han impresionado mucho las páginas que le dedica a la epilepsia, la forma en que la describe como un “relámpago”. Le ha debido ser difícil tocar esta enfermedad sobre la que hay tantos prejuicios.

— Es verdad. Hay muchas ideas equivocadas sobre esta enfermedad: que es sagrada, trascendente, etc. Decidí que la mejor manera de escribir sobre este tema era evitando cualquier descripción patológica o clínica y enfocándome en lo subjetivo, viendo cómo era la experiencia personal del personaje. Sin embargo, es verdad que los ataques epilépticos tienen que ver con corrientes eléctricas neurológicas. También me aseguré de describir estos ataques como si fueran catástrofes físicas, hechos que disminuían cualquier lado trascendente o estático del personaje en vez de aumentarlo.

— Los críticos han aplaudido el lenguaje de la novela. ¿El estilo, la voz es lo más importante a la hora de escribir una novela?

— El estilo de un escritor, su voz, son parte tan indeleble de él como la forma de su cerebro. Así que no intenté conseguir un “estilo”. Sólo traté de describir lo que veía y escuchaba de la manera más precisa posible; mi voz igual aparecía, de una manera menos consciente, menos ornamental. La belleza de un tema es inherente, de modo que mi trabajo es lograr descripciones exactas, no intentar que una prosa bonita se imponga a lo demás.

— En su novela el mundo natural tiene mucha densidad, está lleno de detalles. Eso le lleva a algunas reflexiones metafísicas sobre la condición humana. ¿Cree que, como sugiere Javier Marías, hay algo que puede llamarse “pensar literario”?

— Javier Marías me gusta mucho, estoy de acuerdo con él. El arte consiste en gran parte en ser testigo de las paradojas y contradicciones del corazón humano. El filósofo tiende a verse obligado a reconciliar estas contradicciones, mientras que el escritor puede ponerlas una al lado de otra, mostrarlas al lector. Eso le produce una satisfacción estética al lector, pues está viendo descrita una experiencia que reconoce como verdadera a pesar de su aparente imposibilidad.

— Cuénteme un poco de su proceso creativo.

— Como decía Wallace Stevens, las investigaciones de un filósofo son deliberadas, pero las de un poeta son fortuitas. Escribo totalmente basado en la intuición, en las sensaciones, por lo menos en las primeras versiones. Escribo interrogándome, es decir escribo tratando de descubrir algo, a la búsqueda de una revelación. Soy muy desordenado; me muevo por todas partes alrededor del mundo que estoy tratando de conjurar. Cada vez que me siento a escribir me enfoco en lo que me llama la atención en ese momento. Con los meses y los años, lo que al principio parece una gran nube puntillista de sinsentido comienza a condensarse, a tomar una dirección uniforme, a ordenarse en órbitas coherentes. No es muy eficiente, pero sí es un proceso absorbente.

— La escena principal de la novela, la de un hombre en su lecho de muerte, me recuerda a una novela de Carlos Fuentes, La muerte de Artemio Cruz. ¿Pensaba en esa novela cuando escribía la suya? También ha mencionado que Terra Nostra, otra novela de Fuentes, fue clave en su desarrollo como escritor.

— Por supuesto que Artemio Cruz estaba en mi mente, de la misma forma que Mientras agonizo, de Faulkner, estaba en la mente de Fuentes cuando escribía su novela. Una de las cosas que me impresiona de escritores como Fuentes y García Márquez y Cortázar es que tenían el espíritu de llevar a cabo un trabajo conjunto. Parecía como si estuvieran escribiendo capítulos de la misma gran novela. Oliveira, el personaje principal de Cortázar en Rayuela, aparece en Terra Nostra y también en Cien años de soledad. Me encanta el hecho de que eran escritores que estaban tratando de añadir algo a lo que habían leído en Woolf, en Faulkner, en Poe. Mis primeros y pésimos intentos de escribir cuentos estaban tan influidos por Fuentes y su generación, que mi prosa en inglés parecía como si fuera una pobre traducción del castellano.

— Vidas de hojalata fue publicada por una editorial pequeña, es una novela muy literaria, de modo que fácilmente podía habérsela pasado por alto, como ocurre con tantos buenos libros cada año. ¿Hay algún libro de esos que han sido pasados por alto que recomendaría?

— No puedo recomendar nada reciente. Es una pena, un defecto que acepto. Solía trabajar en librerías y estar al día con cada novela y libro de cuento que se publicaba. De todos modos, un clásico que me parece que no se le ha dado toda la atención que se merece es una nouvelle de Nikolai Leskov, El peregrino encantado (Alba, 2009). Es una obra de arte impresionante, estremecedora, maravillosa.

— Leí que está escribiendo una novela basada en familiares de los personajes de Vidas de hojalata.

— El libro se llama Enon, que es el nombre de un pueblo en Massachusetts donde George Crosby, el personaje de Vidas de hojalata, termina quedándose a vivir. Está basado en uno de los nietos de George, Charlie Crosby, y en la hija de Charlie, Kate. Es una suerte de cuento de fantasmas, una lamentación, y está preocupado por muchas de las cosas de Vidas de hojalata. Debería publicarse a fines de este año o a principios del próximo.

— ¿Qué ha cambiado en su vida con el Pulitzer?

— Mucho. Haber recibido un reconocimiento tan importante por mi primer libro ha sido una experiencia increíble, una lección de humildad. Ahora tengo mucha presión, se espera mucho de mi próximo libro, y también quiero devolverle el favor a la gente que me ha dado semejante voto de confianza. Sin embargo, si bien nadie había escuchado hablar de mí antes de 2010, ya había estado escribiendo durante 10 años. Me costó mucho lograr que esta novela fuera publicada, de modo que cuando mi suerte cambió ya estaba acostumbrado a la idea de ser un escritor que quizás nunca sería publicado. Durante un largo tiempo escribí por el solo hecho de escribir. Y como eso ha funcionado tan bien, no hay por qué cambiar. Sólo quiero escribir ficciones de sustancia, ficciones hermosas en las cuales la gente pueda reconocer sus propias experiencias como seres humanos.

Perfil

Nombre: Paul Harding Nació: Wenham, Estados Unidos, 1967 Profesión: Escritor y músico Debutar con el PulitzerSaltó a la fama en 2010 cuando ganó el Premio Pulitzer de Novela, uno de los más importantes de Estados Unidos, por su primera obra: Tinkers. Este antecedente creó expectativa sobre su siguiente novela, la que apareció en  2011 con el título Vidas de hojalata: “En una cama en su casa, yace George Washington Crosby esperando su muerte inexorable. Mientras agoniza y antes de que su mundo se desmorone totalmente, empieza a recuperar gradualmente retazos de su pasado que emergen entre alucinaciones”. Hardin es también músico: toca batería en el grupo Cold Water Flat.

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