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La exploración de los límites en ‘La mujer permitida’

María Peredo Guzmán y Alejandra Dorado trabajaron en un performance

La actriz y bailarina María Peredo Guzmán y la artista visual Alejandra Dorado Cámara se unieron para plantear el performance 'La mujer permitida'.

La actriz y bailarina María Peredo Guzmán y la artista visual Alejandra Dorado Cámara se unieron para plantear el performance 'La mujer permitida'. Foto: Rosalba Guzmán y María Antonieta

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

00:00 / 29 de enero de 2020

La mujer convencional ante la mujer ruptura. En el bosque del parque Fidel Anze de Cochabamba, la actriz y bailarina María Peredo Guzmán y la artista visual Alejandra Dorado Cámara se unieron para plantear el performance La mujer permitida, en el que se reflexiona sobre el espacio y las limitaciones impuestas que ellas enfrentan. 

María y Alejandra se conocen hace varios años, viajaron juntas con la obra de Teatro del Sol Sidartha, y siempre que se encontraban tenían ganas de plantear algo juntas, cada una desde sus disciplinas. “A fines de 2019 nos encontramos en una feria donde yo llevo los diseños de la marca Santita y se nos ocurrió hacer algo”, rememora Dorado. “Yo ya tenía una idea de hacer un performance y me pareció el momento adecuado. Había pasado mucho tiempo y ambas teníamos muchas ganas de ver en qué tipo de mujeres nos habíamos convertido”.

Mujer permitida parte del concepto que desarrolla la socióloga e investigadora Silvia Rivera Cusicanqui, que habla del “indio permitido”. El performance da un giro para hablar de la “mujer permitida” por las instituciones de desa-rrollo. “Pensamos en esos movimientos políticamente correctos que ‘permiten’ a la mujer ser esto o aquello, pensamos también desde un lugar más personal: ¿qué mujer me permito ser?, ¿qué mujer me permite la sociedad ser?, ¿soy la mujer que quiero ser?”.

Para el performance, ambas artistas marcaron puntos claves y decidieron que todo fluya como cada una lo siente. “Nos marcamos los opuestos, ella con vestido y maquillaje, yo con camisa y corbata, enfrentadas como un espejo, nos trazamos que una de las dos debía amarrar a la otra al árbol hasta ‘ganarse’ esa salida o esa liberación, trazamos también que una de las dos debía ‘enterrar’ a la otra como enterrando a la mujer que ya no se es para dar espacio a esa nueva mujer. También fue un rito para despedir a María de su estadía en Cochabamba y para empujarme a mí a regresar a la danza”.

Se marcó un círculo alrededor del árbol en torno al cual se realizó el performance, el público lo rodeaba. “Es importante reflexionar sobre ser mujer en una sociedad que te ‘permite’ ciertos comportamientos y otros no. Es muy lindo encontrar esos lugares comunes con gente mágica como María y siempre hacer caso a esos tincazos que uno tiene para hacer arte”.

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