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‘La felicidad no es una obligación’

El tarijeño Gonzalo Lema, que se ve destinado a leer y escribir, va detrás de un cometa literario.

Gonzalo Lema

Gonzalo Lema Foto: facebook.com

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega

13:18 / 24 de enero de 2017

Gonzalo Lema es de hablar tranquilo, pero su agilidad mental va a mil por hora. La destreza con las palabras es su aliada a la hora de narrar, y él vive para narrar. Escribe de todo y para todos. Hoy es el escritor de moda en el país, desde que hace unos 10 días se anunció que fue finalista del Premio Nadal y que ganó el Premio de Novela Negra LH Confidencial. Este es un logro valioso, más si tomamos en cuenta que lo hizo en cancha ajena, en España, un campo muy difícil para cualquier literato.

Tendencias se puso en contacto con él y entabló una charla respecto a su carrera, los premios literarios (ya ganó los importantes en Bolivia y aspira a más), la soledad y de su vida ligada a la escritura. Lema cuenta que va detrás de su “gran novela”. Sigue. No descansa. Y sentencia: “no todos los días se ve un cometa”. Quizás —parafraseando el título de su última novela— a él le va como merece.

— La soledad es un personaje recurrente en sus primeras novelas, ¿aún lo es?

— Probablemente. El ser humano es un animal solitario que se fuerza a vivir acompañado. No termina de lograrlo. Se recluye con facilidad y rapidez. La gente que camina por la vida en tumulto, fabricando bulla, es aún más solitaria, porque no consigue establecer contacto ni con ella misma. Mis personajes suelen ser solitarios, nostálgicos y poco optimistas. También son tristes, melancólicos. Creo que no tengo un solo personaje principal contento. La felicidad no es una obligación.

— Hombres o mujeres, ¿cuáles son más fáciles de llevar sobre el papel y por qué?

— Ambos son, más bien, difíciles. Después de todo, aun siendo de tinta y papel, desarrollan un destino. La frase inicial es la clave, normalmente. A mí me gustan los personajes femeninos. En mi novela Ahora que es entonces tengo a Presbiteria Silva sobre un puente, pensando, monologando. No sabe si su vida cambiará por una punta del puente o por la otra. Me enterneció escribirla. No me recuperé nunca de su tristeza. La señora que me inspiró ya ha fallecido. Vestía un abrigo de oficial de la Guerra del Chaco, en Entre Ríos, Tarija.

— Antes, los escritores ‘se consagraban al llegar a Europa’. Ahora no es tan así. Es más, va a ser su primera vez  y su primera publicación allí. ¿La vara con que se lo mida va a estar más alta?

— No hay mayor preocupación al respecto. Tengo una cálida relación con mis lectores. De intercambio de pareceres y sentimientos. Una amistad, diría. Es una relación que comencé a los 22 años. Ellos sabrán acompañar mis libros como siempre. ¿O se refiere a la crítica académica? En todo caso, conforme me lleno de años, el exigente soy yo. Cada vez me exijo más, con mayor rigor. Es natural que sea así.

— ¿Qué libro ha releído más?

— Rayuela, aunque hace años que ni lo hojeo. Tengo temporadas de relectura y años largos de nuevas lecturas. Últimas tardes con Teresa, de Marsé. Alguno de Vásquez Montalván. La Chaskañawi, de Medinacelli. Algunos días necesito de un viejo amor y rebusco entre mis libros. Releo con la misma impaciencia de siempre.

— ¿Reescribiría algún libro suyo?

— Tengo la tentación de reescribir Si tú encuentras a Mari Jo, mi novela de fútbol y amor. Quizás lo haga cuando me ponga viejo y me quede sin temas.

— Ha llegado a publicar un par de libros por año y tiene varios borradores. ¿Cuánto tiempo le dedica a la escritura y a la lectura al día?

— Toda mi vida. Tengo casi 58 años y he publicado 12 novelas, ocho colecciones de cuentos, tres libros de entrevistas a bolivianos notables, un monólogo de teatro y artículos por temporadas. Nunca he dejado de leer ni de escribir. No pienso hacerlo. No voy a llegar ni a la tercera parte de mi amigo Taboada Terán (123 libros), pero voy a leer y escribir siempre. Es la única vida que me ha gustado siempre.

— ¿Son los premios un parámetro de la buena literatura?

— Creo que no. Algunos de los premiados son buenos libros, claro. En todo caso, los premios permiten que las novelas fluyan mejor hacia el público. Eso es muy bueno. La gente cuenta con una referencia. El escritor ganador se siente motivado. Es como meter gol en un partido clásico.

— Si la literatura negra es el bisturí de la sociedad, ¿qué fue el realismo mágico?

— Ese bisturí está al interior del realismo mágico, porque, más que un estilo, el realismo mágico es una mentalidad, una manera de ver y vivir. Es cierta excentricidad, y extravagancia, y delirio o febrilidad. Nuestra mentalidad difiere de la alemana, ¿verdad? Ningún alemán pasea por Bonn con una víbora en el cuello y vendiendo jabones contra la melancolía...

— ¿Qué tan bueno es tener la habilidad para escribir en diferentes géneros? ¿Qué tan malo es escribir de diferentes géneros?

— Es tan bueno como pasear por un prado, un bosque o una ciudad, pero luego uno decide dónde ha de vivir.

— ¿Cree que ya ha escrito la novela de su vida, lo que fue ‘Cien años de Soledad’ para García Márquez o ‘Ulises’ para Joyce..?

— Esas novelas son hechos aislados, felices “apariciones”. Su calidad ni siquiera se repite en los mismos autores.

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