Tendencias

El forense Quirke en busca de April

El policial adquiere con Benjamin Black y su desamparado héroe, el misterio de lo minucioso

Autor. Benjamin Black, seudónimo de John Banville.

Autor. Benjamin Black, seudónimo de John Banville. Foto: internet

La Razón / Mabel Franco

00:00 / 15 de enero de 2012

April, una joven que ha desaparecido de un día para otro, apenas sí llama la atención de sus amigos o de su familia. Sólo Phoebe está preocupada. Como es la hija de un médico forense, que se las da de investigador, logrará que más personas se interesen en el caso.

Quirke, el forense, es todo menos un héroe. Pero es el personaje que ha creado Benjamin Black y que le permite sondear no en ese mundo de la novela policial, sino dentro de éste, en almas desesperadas, perdidas, solitarias, abandonadas.

En busca de April es una historia más en la saga de ficción ambientada en la Irlanda de los años 50. La niebla omnipresente le da el velo que la pluma elegante de Black, no exenta de humor,  (seudónimo del escritor John Banville) apenas sí pretende disipar.

April es, en esa senda, apenas una excusa. A ratos, ni siquiera parece relevante saber qué le pasó. Más importante resulta el quiénes la recuerdan, a dónde lleva su búsqueda, los sentimientos que despierta en el clan de amigos —al final, todos con historias escondidas, tan secretas como las de April—, en su madre, su hermano, su tío... ¿Intriga? Sí, después de todo es un policial; pero con Black el género se “humaniza”, por así decirlo. No hay detalles escabrosos, no son necesarios. La descripción extraordinariamente minuciosa de lugares y personas hace que quien lee active todos sus sentidos, olfato incluido. La humedad, la acritud, el té frío adquieren presencia y pintan el drama: “Quirke llegó temprano y echó a andar por el camino de sirga y se sentó en el viejo banco de hierro, bien arropado por el abrigo. Había dejado de llover y el aire estaba húmedo y brumoso, con una inmensa quietud por todas partes, y cuando cayó una gota de una de las ramas del plátano al pasar y se posó con un golpe sordo en el ala de su sombrero dio un respingo”. Se diría que así, de a poco, las palabras preparan el terreno para el desenlace que, siendo duro, muy duro, no resulta extraordinario. Es apenas un episodio más en la vida de seres humanos como los de todos los días.

Enganchados. El forense, alcohólico casi impenitente, ningún héroe, logra así cautivar un lugar en la imaginación del lector que, de seguro, espera que le vaya mejor. Lo mismo que a Phoebe, su hija triste y huérfana. O al policía que le ayuda a descubrir los misterios. O a la actriz que le acepta, por ahora —¿qué pasará en la próxima aventura?—, con todo y su borrachera.

Benjamin Black: En busca de April. Madrid, Alfaguara, 2011.

Nuevas miradas a Wiethüchter

Este libro pertenece a la serie denominada La crítica y el poeta dirigida por Mónica Velásquez Guzmán y editada por Plural y la carrera de Literatura de la UMSA. El objetivo de la serie es poner a disposición de los lectores nuevas aproximaciones críticas a la obra de consagrados poetas bolivianos. La serie comenzó publicando libros monográficos dedicados a Jaime Saenz y Óscar Cerruto y cierra su primer ciclo con sendos volúmenes sobre la poesía de Edmundo Camargo y Blanca Wiethüchter.

El volumen dedicado a Wiethüchter (1947-2004) incluye los ensayos: “Ítaca: tejer y esperar” de Monserrat Fernández; “Aquí, digo, y doy un salto. Hueco y lenguaje en la obra de Blanca Wiethüchter” de Mary Carmen Molina Ergueta; “La poesía es un lugar (la obra poética de Blanca Wiethüchter)” de Mauricio Murillo; “Extranjerías en el lenguaje: la poesía de Blanca Wiethüchter” de Mónica Velásquez Guzmán; “Blanca Wiethüchter y la herida que sangra” de Mario Murillo y “Cuando el corazón late a 24 por segundo” de Claudio Sánchez.

Blanca Wiethüchter fue, ante todo, poeta. Su primer libro, Asistir al tiempo, se publicó en 1975, a éste siguió una prolífica obra  en la que destacan Madera viva y árbol difunto, El rigor de la llama e Ítaca. También publicó una narración: El jardín de Nora y varios estudios sobre literatura boliviana, entre los que sobresale su trabajo pionero sobre la poesía de Jaime Saenz y el ambicioso proyecto que dirigió: Hacia una historia crítica de la literatura en Bolivia, publicado en dos tomos por el Programa de Investigación Estratégica en Bolivia. También escribió un sugerente libro sobre la obra del pintor potosino Ricardo Pérez Alcalá: Los melancólicos senderos del tiempo.   

Varios autores: La crítica y el poeta. Blanca Wiethüchter.  La Paz, Plural/UMSA, 2011.

Descartes pide una habitación

Es casi un clásico de la crítica decir que un libro es inclasificable. Una habitación en Holanda de Pierre Bergounioux forma parte de esa categoría y no porque esté inventando género alguno, sino porque, a pesar de su brevedad, tiene dos partes tan distintas que parece escrito a cuatro manos. En la primera parte, en 30 páginas, el lector ve pasar la historia de Europa a la velocidad de la luz. A partir de la página 35 y hasta la 90 el libro sufre una transformación súbita y se convierte en una de las biografías de Descartes más maravillosas e inquietantes.

Esta pequeña biografía es un auténtico libro de viajes, y no sólo por la detallada descripción que hace de los viajes de Descartes a lo largo y ancho de toda Europa en busca del frío, sino por el talento con el que se describe aquí el viaje espiritual de una de las mentes filosóficas más influyentes y poderosas de la historia occidental. El autor consigue que el lector llegue al más común de los lugares comunes de la Filosofía Moderna, el famoso cogito ergo sum del Discurso del método, con la misma emoción con la que debió llegar, si no su autor, al menos sus lectores contemporáneos.

Es un verdadero acierto hacer girar parte de la travesía geográfica de Descartes como una constante búsqueda del frío, el frío que le permite pensar y el mismo frío que le acabará costando la vida en Suecia en 1650. Descartes se parece también a uno de esos excéntricos personajes de Sterne, buscadores de soledad y buceadores del mundo de las ideas. Cuando un retrato es eficaz resulta verosímil aunque se contradiga, por eso el mismo hombre que era capaz de cruzar Europa para encontrar una habitación en la que poder pensar a gusto era el mismo al que le resultaba imposible salir de la cama hasta el mediodía. (Andrés Barba)

Pierre Bergounioux: Una habitación en Holanda. Madrid, Minúscula, 2011.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia