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‘El fumigador’: la soledad es el veneno

Una tragedia con un antihéroe enfermo, maldito, invisible, cobarde y víctima.

Protagonista • El argentino Matías Marmorato durante una de las escenas de la película. Foto: Wp.com

Protagonista • El argentino Matías Marmorato durante una de las escenas de la película. Foto: Wp.com

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo

00:00 / 17 de septiembre de 2017

Guido Bolaño vive con su madre, con quien comparte hasta la cama. No tiene amigos, solo los del laburo, a los que ve jugar al billar algunas noches de sábado y cerveza. Tampoco tiene chica hasta que conoce a Diamond, la prostituta de la pensión donde él se ha trasladado después de la muerte de su madre. Nunca se fue ni se irá de Sure, una “no ciudad” latinoamericana, donde el tiempo se ha congelado, donde nada es como antes. Como Gregorio, este fumigador está rodeado de bichos y vamos a asistir al proceso de su metamorfosis en cucaracha.

El fumigador (*) es la excelente “ópera prima” rodada en Argentina de un par de directores chilenos: Francisco Hevia y Vinko Tomicic. Es una tragedia venenosa con un antihéroe enfermo, maldito, invisible, cobarde y víctima. La interpretación del actor argentino Matías Marmorato es simplemente sublime. La puesta en escena, la fotografía, la composición de metáforas visuales y la inquietante cámara nos colocan frente a lo decadente, delante del abandono de los solitarios. Bolaño compone y descompone juguetes pasados de moda, pero nadie logra arreglarlo a él. Los artefactos que lo rodean no funcionan, como él. El fumigador es un juguete irremediablemente roto, como el pueblo todo, en inexorable descomposición. Las cucarachas pueden vivir 10 días sin cabeza; el solitario Guido también. Los bichos subsisten en hordas, donde hay uno, hay mil. Bolaño es uno más de la manada.

El fumigador es un parco “blues” sin final esperanzador. Con ponzoña que lo inunda todo, a torrentes: la soledad es el veneno silencioso. ¿Tenemos compasión y empatía por Guido? ¿Lo salvamos o lo condenamos? ¿Somos también nosotros juguetes rotos? ¿Bolaño es nuestro espejo?

El intoxicado y ascético aire de ambigüedad ética de esta pequeña gran película no da respuestas, solo provoca asfixia, incomodidad y un mal olor que logra traspasar la pantalla oscura de la Cinemateca Boliviana. No hay futuro para Sure; quizás sí para estos solitarios fumigadores de nuestro escondido cine latinoamericano.

*El fumigador se proyecta en la Cinemateca Boliviana (18.00 y 20.00).

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