Tendencias

Sobre ‘La guerrilla imposible’

En la edición de Tendencias del 16 de noviembre, Carlos   Carrasco publicó un comentario del libro de Machicado sobre la guerrilla en Bolivia; ésta es la respuesta  del autor

Che. El Che Guevara capturado por el Ejército boliviano el 8 de octubre de 1967.

Che. El Che Guevara capturado por el Ejército boliviano el 8 de octubre de 1967.

La Razón (Edición Impresa) / Eduardo Machicado Saravia - escritor

00:00 / 30 de noviembre de 2014

Quien calla otorga.

El domingo 16 de noviembre, el escritor y diplomático Carlos Antonio Carrasco publicó un artículo, titulado La guerrilla imposible, comentando mi  libro editado en Berlín: Seamos realistas, busquemos hacer lo imposible. El Che y sus consecuencias (Seien wir realistish, versuchen wir das Unmögliche - Che un die Folgen). A tiempo de agradecer por sus comentarios, considero imprescindible que se conozca mi opinión y algunas notas preliminares para quienes conseguir el libro, por lo menos hasta su edición en español, es una tarea difícil.

Interpreto en el título las palabras de Ernesto Che Guevara, de “exigir lo imposible”, como parte de un proyecto ideológico y al mismo tiempo político. Era claro para él que el poder de la sociedad concentrado en el Estado, y en ese tiempo en manos de la derecha, nunca iba a ser cedido a la izquierda de forma pacífica o meramente institucional. La única posibilidad era arrebatar el mismo a como dé lugar. Éste es el espíritu que se respira en su libro Guerra de guerrillas (1961).

Para mí, el concepto de “imposible” implica necesariamente la situación contraria: me refiero a algo que permanece inconcluso, que debe proseguir por algún medio, sea violento o pacífico, sea institucional o mediante la guerra. En el fondo, el objetivo final es cambiar la sociedad. Ésa es la tarea imposible, pero necesaria.

En mi libro busco dar algo de luz a los acontecimientos y los personajes que son parte de la historia del movimiento guerrillero en Bolivia. Historiográficamente se la he dado protagonismo solamente a los cubanos. Sin embargo, es importante hacer conocer al público una paradoja: que la presencia física del Che en nuestro país, y su posterior muerte en manos del Ejército boliviano, de una manera u otra deja en las sombras la participación y las ideas de los guerrilleros bolivianos.

Me explico. Entregar la vida por una causa es un acto voluntario y consciente, causa de un razonamiento personal. Entenderán que no me es posible mantener silencio cuando se califica a los guerrilleros bolivianos como “ilusos” o cuando se utiliza su supuesta “infantil inocencia” para justificar los excesos y absolver a los militares implicados en los mismos.

Es innegable que hubo entre nosotros gente que es fácil de calificar como ignorante. Sin embargo Inti, Coco, Ñato, Loro y muchos otros eran educados y militantes de un solo partido político.

Tenemos que conocer la historia en su cabalidad para juzgar a los protagonistas, tanto por sus acciones como también por la trascendencia de sus aspiraciones. Jorge Vázquez (El Loro) fue parte del “grupo de Alemania” y uno de los primeros en adherirse al movimiento revolucionario y buscar un partido político a su medida. Era un hombre bien dotado ideológicamente, formado por las enseñanzas de Ernest Bloch, un marxista de viejo cuño y profesor en la Universidad de Tübingen, además de Karl Löwith en München.

La preparación de una segunda campaña fue parte de un principio importante y no una “guerrilla imposible”. En ese momento vivíamos la disputa internacional entre las grandes potencias socialistas, China y la URSS.  La visión conjunta era que América Continental podía ofrecer una alternativa a nuestro mundo, unida sería una potencia más.

En sí misma, la muerte del Che no implicaba la conclusión definitiva  de lo que sucedía en el oriente boliviano. De hecho, y seguro para él mismo, la muerte era una de las posibilidades previsibles al participar en la guerrilla. Por eso es importante comprender quién asume el control político del movimiento en ese momento. Quedaron seis sobrevivientes: tres bolivianos, Inti, Darío y Ñato; y tres cubanos: Pombo, Benigno y Urbano. Los seis hicieron juramento de proseguir la lucha continental. Aunque quedaron cinco, fue decisión de conjunto nombrar jefe a Inti.

Quedarse solos, sin una base política, era un peligro. Los deseos podían quedar solamente en intención. Es en esta dimensión que Raúl Quiroga de la Fuente juega un papel importantísimo. Fue el líder del grupo de Alemania, militante del Partido Comunista Boliviano (PCB) desde su juventud y dirigente estudiantil desde 1955. Fue Raúl quien asumió la representación del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Cuba después de la muerte del Che, organizando a la gente desde la base, prácticamente destruida por el Ministro de Gobierno (Arguedas con ayuda del mismo PCB).

Junto con él estaba gente boliviana que vivía o estudiaba en Alemania y Argentina, incluyendo a Braulio Aliaga y Jorge Pol, quienes jugaron un papel importante en la organización. Al mismo tiempo, Mónica Ertl y su esposo, Hans Harjes, viajaron a la mina El Teniente en Rancagua (Chile). Allí, Mónica aprendió algo de política para posteriormente juntarse con el Cardenal Maurer y empezar su labor social.

Termino con dos puntos controversiales. Jorge Kolle tuvo un compromiso con Fidel Castro para ayudar a salvar al Che y a su gente. Sin embargo, el movimiento guerrillero sufrió un doble cerco: el militar y el civil. Aunque usted no lo crea, Kolle es parte del cerco civil de Ñancahuazú. La URSS y los Estados Unidos estaban unidos en esa misión.

En el libro no digo que Raúl Quiroga de la Fuente hubiera estado preso en Cuba, como se sugiere en el artículo de Carrasco. Lo único que se nos comunicó fue que había cometido suicidio en la isla. Chato Peredo en algún momento sugirió que “murió por amor”. Esta hipótesis, que Raúl se haya quitado la vida por algo trivial, nunca me cuadró bien. Raúl siempre mostró una clara responsabilidad política hacia la gente que estaba bajo su mando. Entre ellos se encontraban dos de sus compañeros de curso: Jürgen Schutt y Mónica Ertl a quienes dudo que hubiera dejado a su suerte.

 Eso es todo. Pienso que el libro puede ilustrar mejor varios puntos que son el resultado de mi experiencia. Lo importante es no otorgar con el silencio y, sobre todo, no permitir que mitos como el de la “guerrilla imposible” se perpetúen. La historia es mucho más complicada.

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