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Los hijos de los días

Cada nuevo libro del escritor uruguayo es noticia; el que se lanza estos días no podía ser menos

Galeano. Nacido en 1940, es un prolífico y muy aplaudido escritor.

Galeano. Nacido en 1940, es un prolífico y muy aplaudido escritor. Foto: El País

La Razón / Eduardo Galeano - Escritor

00:00 / 15 de abril de 2012

Bajo el título de Los hijos de los días, Eduardo Galeano publica un libro en forma de calendario: a cada día le corresponde una historia. Vaya un adelanto.30 de marzo. Día del servicio doméstico. Maruja no tenía edad. De sus años de antes, nada contaba. De sus años de después, nada esperaba. No era linda, ni fea, ni más o menos. Caminaba arrastrando los pies, empuñando el plumero, o la escoba, o el cucharón. Despierta, hundía la cabeza entre los hombros.

Dormida, hundía la cabeza entre las rodillas. Cuando le hablaban, miraba el suelo, como quien cuenta hormigas.  Había trabajado en casas ajenas desde que tenía memoria. Nunca había salido de la ciudad de Lima. Mucho trajinó, de casa en casa, y en ninguna se hallaba. Por fin, encontró un lugar donde fue tratada. A los pocos días, se fue. Se estaba encariñando.

22 de marzo. Día del agua. De agua somos. Del agua brotó la vida. Los ríos son la sangre que nutre la tierra, y están hechas de agua las células que nos piensan, las lágrimas que nos lloran y la memoria que nos recuerda. La memoria nos cuenta que los de-siertos de hoy fueron los bosques  de ayer, y que el mundo seco supo ser mundo mojado, en aquellos remotos tiempos en que el agua y la tierra eran de nadie y eran de todos. ¿Quién se quedó con el agua? El mono que tenía el garrote. El mono desarmado murió de un garrotazo. Si no recuerdo mal, así comenzaba la película 2001, Odisea del espacio.

Algún tiempo después, en el año 2009, una nave espacial descubrió que hay agua en la luna. La noticia apresuró los planes de conquista. Pobre luna.

22 de septiembre. Día sin autos. Los ecologistas y otros irresponsables proponen que por un día, en el día de hoy, los automóviles desaparezcan del mundo. ¿Un día sin autos? ¿Y si el ejemplo se contagia y ese día pasa a ser todos los días? Dios no lo quiera, y el Diablo tampoco. Los hospitales y los cementerios perderían su más numerosa clientela. Las calles se llenarían de ridículos ciclistas y patéticos peatones. Los pulmones ya no podrían respirar el más sabroso de los venenos. Las piernas, que se han olvidado de caminar, tropezarían con cualquier piedrita. El silencio aturdiría los oídos. Las autopistas serían deprimentes desiertos. Las radios, las televisiones, las revistas y los periódicos perderían a sus más generosos anunciantes. Los países petroleros quedarían condenados a la miseria. El maíz y la caña de azúcar, ahora convertidos en comida de autos, regresarían al humilde plato humano.

12 de octubre. Día del Descubrimiento. En 1492, los nativos descubrieron que eran indios, descubrieron que vivían en América, descubrieron que estaban desnudos, descubrieron que existía el pecado, descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un dios de otro cielo, y que ese dios había inventado la culpa y el vestido y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja.

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