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La historia de un historiador

‘Por la libertad y la cultura’ rinde homenaje al importante trabajo de difusión que Baptista Gumucio ha desarrollado durante décadas.

Mariano Baptista Gumucio

Mariano Baptista Gumucio Foto: Eduardo Schwartzberg-archivo

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández

00:00 / 26 de marzo de 2017

De niño, uno se aburre de todo. Hasta de los recreos. En cuarto básico, cuando se espera el tintinear del timbre para salir al patio y aprovechar la media hora con el fin de jugar pesca pesca o comer una salteña, un día dejé llevar mis pasos por pasillos que desconocía, vacíos y con menos gente de lo acostumbrado.

En esa caminata encontré una puerta abierta, desde donde se veía un mostrador de madera; allí, una mujer de mirada tranquila esperaba a los estudiantes que querían hacer algo más que jugar o comer.

La curiosidad fue mayor a las ganas de volver a encontrarme con mis amigos, así es que, con el miedo que caracteriza cuando se está a punto de conocer un lugar nuevo, traspasé el zaguán y recorrí la sala angosta de clima agradable, donde había decenas de libros, objetos raros en esos tiempos para mí. Mezclado entre textos de ciencias y alguna que otra novela, encontré un ejemplar de Historia (gráfica) universal y de Bolivia, escrito por Mariano Baptista Gumucio. A esa edad me llamaron la atención, más que el texto en sí, los dibujos y fotografías que acompañaban la edición. Aquel fue mi primer acercamiento formal y voluntario con los libros.

Después hallé Biografía del Palacio Quemado, a partir de lo cual tomé más atención a aquel periodista, historiador y acucioso investigador, quien en la mayoría de sus más de 60 libros publicados hasta ahora, tiene biografías de personalidades célebres del país, como Germán Busch, Alcides Arguedas, Carlos Montenegro o Walter Guevara Arze, entre muchos otros.

El año pasado, con razón, Baptista fue merecedor de un libro que rinde homenaje a su trabajo en favor de la cultura, la educación y la historia boliviana. Por la libertad y la cultura titula el texto editado por Luis Urquieta Molleda y publicado por Plural Editores. “El presente volumen es una suerte de biografía fragmentaria o si se prefiere de autobiografía de Mariano”, advierte el también escritor cochabambino. Porque escribir acerca de Baptista y su trabajo implica referirse a historia y cultura, pedagogía, diplomacia y periodismo, pasajes de su vida que no dejan de tener anécdotas y también sinsabores.

“Se le ha criticado la rapidez con que produce sus obras, algunas de ellas, especialmente las que Augusto Guzmán llama biografías antológicas, con transcripción de mucho material propio de los personajes autografiados. Pero es gracias a esas producciones que muchos hemos tenido acceso fácil, grato, periodístico, al conocimiento de la vida y obras de algunos de nuestro personajes políticos e intelectuales”, comenta el escritor y periodista Walter Montenegro en el capítulo dedicado a ensayos y entrevistas a Baptista.

  • Autoridades. Desde la izquierda, Baptista, el general Juan José Torres y el presidente Alfredo Ovando, en el Palacio de Gobierno en 1970. Foto: Por la libertad y la cultura

Tal vez por esa razón me atrajo su libro de historia universal y de Bolivia, porque la información que presenta resulta sencilla y agradable, tanto así que hasta un niño de cuarto curso que se aburrió del recreo lo pudo asimilar con facilidad. Muy probablemente, Baptista Gumucio también se aburría de las reglas estrictas del colegio y muestra de ello es que no sacaba medallas, sino que llegó al punto de ser expulsado del cuarto año de secundaria por haber leído públicamente la Tesis de Pulacayo.

Entre sus grandes preocupaciones para hacer de Bolivia un mejor lugar ha dedicado parte de su vida a la pedagogía, desde su puesto de ministro de Educación en tres ocasiones (durante las presidencias de Alfredo Ovando Candia, Walter Guevara Arze y Jaime Paz Zamora) y también desde el campo literario, ideas que se pueden resumir en Salvemos a Bolivia de la escuela y La educación como forma de suicidio nacional.

“Los niños y jóvenes aprisionados en sus guetos escolares han percibido que la verdad no está allí, sino más allá de los muros que oprimen su imaginación y aniquilan su espíritu (…) Porque la educación no puede limitarse a hacer de un hombre un productor o un consumidor solamente, sino un ser crítico, celoso de su libertad pero consciente también de su responsabilidad social”, comenta Baptista en un extracto del libro Salvemos a Bolivia de la escuela que se puede leer en Por la libertad y la cultura.

El biógrafo ha hecho observaciones al método y contenido de la enseñanza, pues la encuentra repetitiva, alienada, anticuada con respecto a lo que los estudiantes son y quieren, y atrofiada por la lenidad y el desconocimiento de la mayoría de los maestros, según analiza el periodista Fernando Molina en el capítulo de ensayos y entrevistas.

La educación va relacionada con la cultura. Es por esa razón que el alma siempre inquieta de Baptista inició en 1990 el programa de televisión Identidad y magia de Bolivia, un aporte que continúa siendo transmitido los fines de semana.

De manera paralela a la lectura de este libro, me tocó entrevistar a don Mariano en su casa. No sé si pude esconder la emoción de conocerle personalmente, pero en un momento determinado le conté sobre mi primera experiencia con un libro distinto a Alma de Niño. Fue tan agradable la charla que Baptista me llevó a un pequeño cuarto en el que guarda sus libros, muy parecido a aquel lugar donde una agradable señora esperaba que los niños dejaran de sentirse por un momento en un gueto y tuvieran la oportunidad de leer un libro.

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