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La historia de un inmigrante

Una pintura de Mamani Mamani

Una pintura de Mamani Mamani

La Razón / Cirilo Copa Cruz

00:00 / 16 de diciembre de 2012

Nací un 9 de julio por el año de 1944 en la comunidad de Sasari, en el municipio de Patacamaya, provincia Aroma. Mis padres se llamaban Celestino Copa Flores y Gumercinda Cruz. Mi madre falleció a causa de mi nacimiento.  

El recuerdo más antiguo de mi infancia es de mi papá cargándome en su espalda. Recuerdo que cuando era niño tenía que caminar cinco kilómetros para ir a la loma o cabaña donde estaba nuestro ganado. El lugar se llamaba Huanuni, allí teníamos llamas y ovejas que debíamos pastear.

En las montañas donde viví habían animales silvestres como zorros, zorrinos, hurones, vizcachas, vicuñas, gato andino, cóndores, águilas, perdices, búhos, lechuzas, quehuyas y de vez en cuando algún puma que agarraba vicuñas y llamas. Algunos de estos animales ya no existen debido a que los mataron porque eran perjudiciales.

De niño vi muchos viajeros con manadas de llamas cargadas de sal, que viajaban de las montañas donde viví hacia los valles como Luribay, Caracato y otros, para intercambiar la sal con productos como papa, oca, maíz.

Cuando tenía diez años salí de viaje para conocer por primera vez la ciudad de La Paz. Viajé en un camión todo el día con mi papá, teníamos nuestras bolsas de papa para vender en la ciudad, sólo tuvimos una parada en Calamarca donde almorzamos.

En 1953 los comunarios de Sasari fueron a La Paz para marchar el 9 de abril. En ese viaje, yo acompañé a mi papá. Abordamos el tren de carga en Patacamaya. Fue también mi primera vez en un tren. Al llegar marchamos por la plaza Murillo. Aunque había flotas la mayoría de las personas del campo utilizábamos el camión.

Años más adelante mi padre me inscribió en la escuela de la comunidad, los bancos eran de adobe y tablas. Después de acabar el año escolar me iba a la cabaña a pastear las llamas y ovejas. Una vez mis primas, que también estaban en esa escuela, me llevaron a las aguas termales de Viscachani. Cuando vi por primera vez las aguas hervir pensé: “¿Habrá fuego adentro?” Los sábados mis primas se cambiaban de ropa como para ir a una fiesta. Yo pregunté: “¿Vamos a llevar los cuadernos?” Me dijeron entonces: “No, hoy vamos a ir a cantar”. Me dieron entonces un himnario adventista. Así a mis 14 años recién comprendí sobre la religión adventista.

A los 14 años fui a Escuela Central de Chiarumani, estuve allí dos años como estudiante, cocinaba y llevaba mi fiambre en la mañana. Después regresé a mi pueblo Sasari, una vez más a pastear llamas y ovejas, a veces ayudaba a mi papá a sacar abono del corral de ovejas. Pasaron algunos años y finalmente un día decidí irme a estudiar y superarme. Hablé con mi papá y parecía que él no quería que yo me fuese, pero yo ya estaba decidido.

Tenía 16 años y un día domingo en la tarde salí de mi pueblo Sasari a pie hasta Patacamaya, en el trayecto me encontré con mi papá que regresaba de vender carne de llama en la feria de Patacamaya. No estaba feliz y me reñía porque había decidido irme a La Paz. Pero yo seguí, cargaba mi bulto con dos frazadas y dos cueros de oveja para utilizarlos como colchón. Primero llegué a Patacamaya y luego me embarqué en un camión hacia la ciudad de La Paz.

Al llegar a la ciudad fui donde mi primo Braulio, le pregunté si me podía alojar porque quería estudiar, él aceptó. Ahora venía el siguiente problema: ¿cómo y dónde me inscribiría? Después de inscribirme en un colegio, otro problema vino a mi cabeza: el trabajo. Tenía que conseguir un trabajo porque necesitaba dinero, pero no sabía cómo, ni qué tenía que hacer para empezar a trabajar. Como no estaba  ocupado de día, empecé a caminar buscando una oportunidad. Mi primer trabajo fue de mozo.  

Terminé primero y segundo de secundaria y luego, en 1964 ingresé al cuartel, al Batallón Motorizado N°1 en Viacha. Luego nos cambiaron de unidad a CIMA N° 1 donde había militares israelíes que enseñaban agronomía. Estuve en el cuartel por un año y dos meses, después nos licenciaron, y yo decidí irme a mi pueblo, Sasari, para visitar a mi papá.

Luego regresé a La Paz para seguir estudiando. Esta vez ingresé al tercero de secundaria. Me inscribí pero sólo estuve medio año porque en realidad yo quería ser militar, y justo en ese tiempo abrieron una convocatoria para la Escuela de Clases Maximiliano Paredes en Cochabamba. Me presenté, me revisaron, mi salud estaba bien, rendí un examen teórico y cuando salió la lista de los aceptados, mi nombre no estaba elegido.

Después de ese sueño fallido, opté por estudiar alguna profesión, pero necesitaba dinero, la eterna lucha con el dinero. Encontré un trabajo en una empresa constructora como sereno. Recibía toda la mercadería para la construcción y cuidaba de la obra de día. Decidí cambiar el colegio por un instituto de mecánica y conducción. Seguí trabajando en la empresa constructora, pero como aprendí a manejar me cambiaron a chofer.

En ese entonces tenía 26 años y conocí a mi actual esposa Hortensia. Me casé el 2 de mayo de 1970 y nos fuimos a vivir a una casa antigua en Obrajes que me prestaron.

Trabajé con la empresa constructora por 14 años aproximadamente. Luego, el gerente me recomendó al Servicio Nacional de Caminos donde me recibieron como ayudante mecánico, aunque en realidad trabajé como almacenero. Después me dieron un ítem de chofer. Así por 22 años trabajé en SNC con mi profesión de chofer. Conocí la mayor parte de los caminos en Bolivia.

En estos años me pasaron muchas cosas. Una vez yendo hacia Charazani vi unos tractores TD-24 abandonados en medio de la carretera de tierra, estaban ya casi enterrados. Lo asombroso fue que fui con un mecánico que arregló los tractores y los hizo funcionar y salimos con los tractores funcionando hasta la cumbre donde los cargamos en un camión, y luego el camión se plantó en la cordillera. Otra anécdota: en un viaje a Pelechuco empezó a nevar y fue tanta la nieve que llegó hasta el capó. El auto resbalaba pero gracias a Dios podía mantenerlo. Eso de resbalar también me sucedió en los caminos del Beni pero no sobre nieve sino sobre barro. Algunos caminos se volvían en río a tal punto que los ingenieros se iban en bote y yo me regresaba con la vagoneta.

Durante todos estos viajes vi paisajes hermosos, la zona montañosa, el altiplano con sus lagos y ríos con su flora y fauna, salares, nevados, la zona tropical, los yungas, los ríos navegables y muchas otras partes. Por eso me gusta tanto mi país. Una vez vi nubes de mariposas en el trayecto de Cobija a Riberalta, también vi un cervatillo entre Cotapata y Santa Bárbara. Tortugas, sicurís, lagartos, monos cruzando caminos y tantos otros animales que no me alcanza este papel para describir lo hermosa que es la naturaleza.     Durante varios años trabajé en la Residencia de Nor Yungas del SNC. Allí vi muchos derrumbes, conviví con muchos compañeros que recuerdo gratamente. En 2002 me jubilé. Mi esposa y yo tenemos cuatro hijos dos varones y dos mujeres que ya son adultos. Actualmente vivo en el barrio de Alto Obrajes.

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