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Las huellas de lo cotidiano

Cecilia Lampo construye sutiles relatos de  la vida cotidiana a través de la fotografía

lampo • Una de las fotografías de la muestra. Foto: Espacio Patiño

lampo • Una de las fotografías de la muestra. Foto: Espacio Patiño

La Razón / Rubén Vargas - Periodista

00:00 / 28 de julio de 2013

Escudriñando en las maneras de ser, fascinada por las acciones silenciosas, presento historias mudas que intentan contar, de manera elocuente, relatos de lugares propios circunscritos en nuestro tiempo”, dice la artista Cecilia Lampo sobre su exposición Huellas de lo cotidiano que se presenta en el Espacio Simón I. Patiño (Av. Ecuador 2503) hasta el miércoles 31 de julio.

Es cierto. Lo que hacen las distintas series de fotografías de Cecilia Lampo es insinuar un relato (una historia) muy ténue —por ello seguramente el título de la exposición habla de huellas—. Ese relato, sin embargo, por su propio silencio, por su propia discreción (la artista cámara en mano ha transitado por ámbitos privados y particulares), resultan tan elocuentes. No hay nada de qué extrañarse en esta paradoja. El arte vive las contradicciones y los choques de opuestos con toda naturalidad. Es casi su naturaleza.

Ese silencio elocuente puede ser comprendido mejor con un ejemplo. Cecilia Lampo ha fotografiado, con la limpieza y la objetividad con la que se fotografía un objeto, un jarro de aluminio. El tiempo y el uso —se nota— han hecho su trabajo minucioso en la superficie de ese objeto, han dejado sus huellas, una textura que parece una escritura que no alcanza a terminarse. Pero también una mano precisa, en un día preciso, ha trazado un escritura en el borde superior del jarro, está sí completamente legible y, visto está, perdurable: un nombre (borrado por la artista con una mancha de pintura) y una fecha: Curahuara, 10 de junio de 1955. Luego, la fotografía del jarro, en formato pequeño, se repite idéntica siete veces, en una línea uniforme, una por cada día de la semana.  No hay nada más qué decir. O, mejor, todo está dicho: un objeto ha encarnado en su propia materialidad —es decir, en su forma— una huella de la historia. Es la historia de los campos de prisioneros políticos en Curahuara de Carangas en los primeros años de la Revolución Nacional, es la historia de la carencia, de la violencia, del tedio...  

En este ejemplo extremo, un objeto se enlaza silenciosamente con una vida (un nombre) y a través de éste, con la historia. En otras series, Lampo explora de otra manera la cotidianidad de las personas a través de objetos de uso diario. La serie de fotos de platos y tazas, por ejemplo, por su uniformidad y su tratamiento de estudio podría parecer un catálogo. En cierto sentido lo es, pero no un catálogo de objetos sino de vidas, de las vidas de las personas que usan esos platos y esas tazas en su transcurrir diario. Y también hay lugares —el Chaco, Copacabana— o, más bien, fragmentos de lugares que cuentan algo, que se ordenan en una sintaxis sutilmente narrativa.

Cecilia Lampo —se diría— mira el mundo críticamente. Es decir, contempla el mundo, lo desarma y lo vuelve a armar. En esa acción, lo cambia. Y lo hace amorosamente, sin ningún énfasis, sin ningún discurso, con la convicción de que las cosas pueden hablar por sí mismas.

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