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El inesperado debut de Antonio Eguino

El director de cine irrumpe en el teatro por primera vez, protagonizando la obra ‘Desmemoriados’, de su colega y amigo Marcos Loayza.

Rol. El cineasta, en el Teatro Nuna, preparándose para el estreno de la obra. Foto: Álvaro Valero

Rol. El cineasta, en el Teatro Nuna, preparándose para el estreno de la obra. Foto: Álvaro Valero

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda

01:12 / 12 de julio de 2018

Estar detrás de las cámaras y tener la responsabilidad de guiar a todo un equipo no preparó al cineasta paceño Antonio Eguino para la experiencia de ser parte de un elenco teatral, menos aún para encarnar al protagonista de una obra. Cuando aún faltan tres días para el estreno de Desmemoriados —Teatro Nuna, a las 20.00—, esta experiencia le permitió reflexionar sobre los actores, su trabajo y la relación director-actores.

“Cuando estuve activo dirigiendo, tenía determinadas ideas de qué es lo que quería y tal vez era muy demandante con los actores, sin darme cuenta de que, como actor, uno puede tener falencias o debilidades que se remedian con la experiencia. Ahora veo su trabajo de otra manera”.

Hace un par de meses, el director de cintas como Chuquiago (1977), Amargo mar (1984) o Los Andes no creen en Dios (2007) recibió una invitación de su colega Marcos Loayza. Durante un almuerzo le propuso protagonizar la obra que escribió y que dirigiría.

“Por el título caigo perfectamente en lo que buscaban, un hombre de edad y también ‘desmemoriado’”, comenta riendo el creador que cumplió este año ocho décadas de vida.

Tras leer el guion, Eguino encontró que la temática en cuestión era muy oportuna en el contexto actual, lo que lo motivó a aceptar. La obra cuenta la historia de dos hombres mayores que fueron amigos y que al reencontrarse, su relación se torna extraña. “Es una reflexión sobre el pasado y lo que la memoria hace con él”, afirma Eguino.   

Durante su trayectoria, nunca consideró dedicarse a la actuación. Estudió cine en Nueva York y luego hizo pequeñas apariciones —“tipo Hitchcock”— en sus películas. El único papel importante que encarnó fue el de un sargento que destruye una radio minera en El coraje del pueblo (1971), de Jorge Sanjinés.

Si bien hay muchas similitudes entre el cine y el teatro, tienen complejidades diferentes. En el primero, tanto el director como actor pueden concentrarse intensamente solo en una escena, con la conciencia de que ésta es también parte de un todo. En el teatro, en cambio, la temporalidad fluye cronológicamente y no hay respiro. “Cada actor debe resolver los obstáculos que encuentre en el escenario por sí mismo”.

Esta diferencia hace que los artistas tengan que memorizar todo el libreto, lo que fue un reto para Eguino. Además, si bien el director da una guía general, cada actor tiene que crear una propuesta interpretativa de su personaje.

“Uno tiene que concentrarse en los diálogos mientras cada gesto y movimiento ya ha sido planificado. En la actuación hay mucha entrega, disciplina y solidaridad para que todo salga bien”.

En cuanto a la relación con Marcos Loayza —quien dirige su cuarta obra, después de El silencio del mar, Séptimo sentido y el trabajo colectivo de Excepciones—, la amistad que ambos comparten hizo todo más sencillo. “De ser colegas, ahora debo someterme a sus directivas adecuadamente.

En líneas generales me siento cómodo, pero también incómodo”.

El apoyo del resto del elenco —Raúl Pitin Gómez, Antonio Peredo y Mariana Vargas— fue fundamental para integrar al cineasta a un ritmo que les permitiera estar listos. Desmemoriados se estrena el 11 de julio, a las 20.00, en el Teatro Nuna (21 de Calacoto 8509, parada del PumaKatari).

Estará cada miércoles hasta el primer fin de semana de agosto.

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