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El innovador Fernando Del Paso gana el premio Cervantes

El escritor mexicano ha cultivado todos los géneros literarios, la pintura, el periodismo y la diplomacia

Fernando del Paso. Foto: EFE

Fernando del Paso. Foto: EFE

La Razón (Edición Impresa) / EFE, AFP / Madrid

00:00 / 16 de noviembre de 2015

Fernando del Paso, escritor, pintor, diplomático y académico mexicano, un autor valiente al que se considera uno de los grandes estilistas e innovadores de la literatura en castellano, ganó el jueves el premio Cervantes, el más importante de las letras en español. La obra de Del Paso, además de extensa, resulta muy rica porque el escritor añade a su cuidada prosa y a su sensible poesía otros ingredientes como la historia, el humor o la política. Así, su escritura, que siempre ha sido considerada arriesgada, moderna y a la vez tradicional, ha recorrido muy diferentes géneros y ha ganado importantes premios antes que el Cervantes, como el Rómulo Gallegos de 1982.

El jurado del premio asegura que esta forma de combinar los estilos del pasado y del presente es lo que le emparenta directamente con Cervantes, el gran renovador de las letras castellanas en el siglo XVII. Como él, Del Paso ha creado un método propio que adapta a todos los géneros, porque ha tenido mucho éxito en el ensayo, la literatura infantil, la novela, la novela histórica, la narrativa infantil, la poesía y el teatro. La presidenta del jurado, Inés Fernández Ordóñez, alabó toda la obra del mexicano pero destacó “su aportación al desarrollo de la novela”.

En México, Del Paso se ha convertido en un escritor popular, muy leído, con una presencia constante en las librerías. Las más celebradas de sus muchas obras de narrativa son José Trigo, Palinuro de México, Linda 67. Historia de un crimen y Cuentos dispersos. En literatura infantil sobresale De la A a la Z por un poeta. Sonetos del amor y lo diario o Paleta de diez colores se consideran sus mejores poemarios, mientras que Palinuro en la escalera y La loca de Miramar, son lo mejor de su teatro. Del Paso siempre ha querido transmitir en sus novelas “el sentido de la Historia”, según ha dicho en varias ocasiones, a modo de tributo al pasado y a sus protagonistas, sobre todo a Maximiliano de Habsburgo y a Carlota de Bélgica, efímeros emperadores de México entre 1864 y 1867, que quedan reflejados en Noticias del imperio.

Del Paso nació en Ciudad de México y cumplió 80 años en abril. Su carrera tomó fuerza cuando ganó el Rómulo Gallegos con Palinuro de México, y desde entonces ha ido acumulando reconocimientos, como el de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara —probablemente la más importante de Hispanoamérica—, que le rindió un homenaje y le otorgó su máximo galardón en 2007. La Academia Mexicana de la Lengua le admitió en junio de 2009, y después de eso su nombre siempre estuvo en las listas de candidatos al Cervantes hasta que lo ha ganado en un año especial, porque se cumplen cuatro siglos de que se publicara la segunda parte de El Quijote.

A pesar de llevar una carrera literaria tan activa, Del Paso siempre ha encontrado tiempo para hacer aún más cosas. Residió 15 años en Londres (1970-1985), donde fue locutor de la prestigiosa radio pública británica, la BBC. Fue el agregado cultural de la Embajada de México en París entre 1986 y 1988, y luego ejerció el cargo de cónsul (1988-1991). En aquellos cinco años que pasó en la capital francesa trabajó también de guionista y productor de programas para la emisora Radio France Internationale. Antes, entre 1955 y 1969, había redactado textos publicitarios para varias agencias mexicanas y estudió con beca en el Centro Mexicano de Escritores (1964-1965), la Fundación Guggenheim (1970-1981) y la Fundación Ford (1971). Como artista plástico ha expuesto su obra en numerosas muestras, en una dicotomía artística que él mismo define: “dibujar es una venganza de mi mano izquierda al acto de escribir”.

El escritor recibirá el galardón el 23 de abril de 2015 —fecha de la muerte de Miguel de Cervantes (1547-1616)— de manos del rey Felipe VI en una ceremonia en la localidad madrileña de Alcalá de Henares, ciudad natal del autor de El Quijote. El premio fue creado en 1975 por el Ministerio de Cultura y está dotado con 135.000 dólares. La prensa le suele llamar “el Premio Nobel de literatura en castellano”.

Sus responsables siempre han puesto mucho interés en que se reparta casi equitativamente entre los dos continentes, y en los últimos años han tomado la costumbre de que si un año lo conceden a un español, el siguiente vaya para un americano. En 2014 el elegido fue Juan Goytisolo, considerado el escritor “de las dos orillas” por su defensa del mundo árabe y de los puentes con Latinoamérica. Entre los americanos premiados figuran Mario Vargas Llosa (1994), Ernesto Sábato (1984), Octavio Paz (1981) y Juan Carlos Onetti (1980).

El sosiego y la ira

La voz de Del Paso aún retumba como un eco de la cultura desde que el año pasado le gritó a Peña Nieto: “¡Todos somos Ayotzinapa!”Juan Cruz - El País

Durante 14 años, Fernando del Paso y los suyos vivieron en Europa, en el sosiego de Londres, por ejemplo. Era un caballero inglés entonces; su voz retumbaba como un eco de la cultura que juntaba dos orillas, la de Lorca y la de Rulfo, la orilla de Cervantes y la de Paz, su amigo. Una vez, en casa de Cabrera Infante y de Miriam, esas orillas se confundieron; entre ellos rompían las costuras del mundo, porque las de ambos eran literaturas asentadas en una geografía concreta, México, Cuba, pero se alzaban, se alzan, universales, gracias a la capacidad que tiene el hombre para alcanzar sabiduría y decirla sin que pese más el conocimiento que la alegría de contarlo.

En ese entonces era como fue después Fernando del Paso, un hombre sosegado de Guadalajara que trabajaba para la BBC y que transitaba con sigilo por la fama que le dio José Trigo. Se diría que aquel locutor de lujo que tenía la BBC hablando un español lleno del acento del mejor castellano era un seudónimo ilustre de otro Fernando del Paso que había escrito ese libro central en lo que en otros sitios se llamó boom y que no les tocó ni a él ni a Cabrera, a quienes sí les ha tocado el Cervantes, por cierto.

El tiempo luego le dio otros honores, pero siempre se me quedó en la retina aquel personaje pausado que hablaba de Lorca o de Paz, y persistía en su moderada pasión por silenciarse, como si, Borges lo diría, fuera en efecto otro. El año pasado, ante una multitud, en Guadalajara, México, recibió el abrazo de muchos, Claudio Magris incluido, cuando pronunció desde el estrado, subido a su silla de ruedas, un grito de guerra que entonces sonaba como si estuviera gritando a favor de Lorca y de otros asesinados en las carreteras sucias de la vida: su grito era a favor de los 43 estudiantes que habían sido víctimas del narco en Ayotzinapa.

Él le dijo, con su voz rota, la que en un tiempo fue la voz clásica de la BBC en español, “¡Todos somos Ayotzinapa!” a Peña Nieto, y a pesar de su dificultad para decir tuvo la virtud de gritar letra a letra lo que estaba en el corazón de los mexicanos.

Luego de decir ese grito (en México todo es un grito, hasta el silencio), Del Paso nos recibió a Verónica Calderón y a este cronista en su casa llena de los bellos recuerdos de sus viajes por el mundo. Estaba ya preparado para las fotos y ya había contestado por escrito las preguntas que le propuso Verónica, porque se las tenía que dictar a su hija, Fernando ya no podía decir, pero podía gritar, el día anterior había gritado.

Cuando lo vimos, entendimos que él se burlaba de la edad del tiempo, y hasta del dolor que produce la enfermedad que padece; así que, para darnos un mensaje burlón, vital como su risa, allí estaba vestido como un artista de rock, con sus gafas de colorines, con su corbata de la era de The Beatles. Era un señor inglés que escribía de México porque entonces, en Londres y siempre, fue tan mexicano como Rulfo y como Ayotzinapa.

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