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‘Estos instrumentos y esta música me han recuperado a mí’

Cergio Prudencio deja la dirección de la OEIN, 36 años después, para dar paso a los jóvenes en los que confía plenamente

Cergio Prudencio. Foto: Wara Vargas

Cergio Prudencio. Foto: Wara Vargas

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador

00:00 / 11 de abril de 2016

Imaginar a la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos (OEIN) sin Cergio Prudencio al frente no resulta fácil, pues él la fundó hace 36 años y la dirigió siempre desde entonces, hasta que la semana pasada anunció que la dejaba. Todo en la OEIN tiene su marca, desde el trabajo de investigación sobre las músicas tradicionales y contemporáneas hasta los exitosos conciertos en el extranjero, pasando por su labor de llevar la música “de élite” a los barrios de La Paz y el trabajo pedagógico con los miles de adolescentes que han tocado en ella. Este director, compositor y educador, que ha jugado un papel fundamental en la historia de la música y de la cultura boliviana actual, asegura que a partir de ahora todo queda en manos de esos jóvenes que se han formado en la OEIN, en los que confía plenamente, y que no tiene definido a qué se va a dedicar a partir de ahora.

— Nadie esperaba una noticia así.

— La verdad es que ha sido una sorpresa para mucha gente, incluida mi familia, pero no tanto para mí, porque sentía hace tiempo que el ciclo iba cerrándose de manera natural. La decisión final vino como consecuencia de alguna situación anecdótica que me convenció de que tenía que hacerlo y hacerlo ahora, con la OEIN en su mejor momento, sin crisis, sin rupturas. Sentía un fin de ciclo en mi forma de percibir las cosas y en la emergencia de los jóvenes. A un punto que empecé a sentir que yo podía ser un factor de asfixia y ya no tanto de motivación.

— La orquesta y usted llegaron a ser todo uno.

— Sí, en un punto mi historia y la de la orquesta se confundieron y para mí mismo eso era algo muy difícil. Hasta el punto de sentir la necesidad de poner en evidencia que no, que somos dos cosas separadas aunque se expliquen mutuamente. No espero ni quiero que a partir de ahora la OEIN sea lo que yo hice. Me abro perfectamente a que las nuevas generaciones establezcan otro horizonte, otro objetivo según sus propios criterios, sus deseos y sus necesidades.

— ¿Sabe ya quién va a ser su sucesor?

— Hay algunos candidatos, pero no voy a decir nada porque apuesto por el proceso democrático y participativo interno de la orquesta. Hay que definir las tareas del director porque esto no es solo pararse y dirigir, hay que hacer un montón de otras cosas que luego te permiten dedicarte a la música. Espero que a finales de abril tengamos anuncios que hacer, nombres incluidos.

Pero además de llegar a ese nombre se está definiendo lo que llamamos el nuevo orden institucional. Estamos haciendo un análisis fascinante porque todos hemos sentido la necesidad de dejar un testimonio de nuestra propia historia, lo que me ha conmovido profundamente, porque uno no siempre ve cómo para cada quien la orquesta ha significado algo en particular en la configuración de su identidad, en el encuentro de su lugar en el mundo.

— ¿Espera que la OEIN rompa de alguna forma con su pasado?

— Confío plenamente en los jóvenes y por eso también en que las decisiones que tome la nueva dirección serán buenas. No le estoy poniendo a la OEIN el piloto automático, pretendo que vaya a donde las nuevas generaciones necesiten ir. Todos los jóvenes que están en el grupo han sido formados en la orquesta, y si la idea pedagógica que hemos desarrollado funcionó ahora les servirá a los chicos para tomar esas decisiones. Llega el momento de la prueba y por eso era fundamental que yo diera la primera señal.

— ¿Cree que el modelo de gestión de la OEIN deberá modificarse?

— Lo que ha sostenido durante 36 años a la orquesta es la fuerza de las convicciones y del voluntariado. La OEIN ha existido en muy diferentes etapas, con y sin financiamiento. Ahora la coyuntura nos lleva a fomentar aún más la idea de un voluntariado que pueda concurrir con muchos aportes, entre ellos financieros. La nueva gestión deberá también encontrar formas de interlocución con el Estado. Muchas veces hemos colaborado con él para objetivos a corto plazo. En algún momento pensé que pudiera absorber toda la iniciativa, y luego me di cuenta de que sería un riesgo pues entrarían al análisis y la acción otros elementos que no son parte de esta mística, de esta convicción que marca a la orquesta. La OEIN es un ejemplo de descolonización más allá del discurso y eso se ha visto cotidianamente, en el planteamiento musical, en su relación con la sociedad y en su trabajo con chicos.

— En el ámbito cultural boliviano está habiendo muchos cambios en poco tiempo.

— Eso es sintomático de la etapa que el país está atravesando y que ha dejado anticuadas bastantes estructuras que habían existido durante décadas. Yo tomaría esta circunstancia como una oportunidad, hay que revisar, hay que repensar diferentes instancias del Estado en concordancia con las necesidades del nuevo país. Es otra configuración social, identitaria, sobre la que no nos hemos detenido y sobre la que hay que trabajar para encontrar respuestas y oportunidades.

— ¿Le gustaría ponerse al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN)?

— No, por lo mismo que dejo la OEIN: la dirección de la OSN también es una oportunidad para la gente joven. Lamento la salida de Mauricio Otazo, quien pudiera haber hecho una gestión de largo aliento pero que por deficiencias del aparato administrativo ha acabado por quebrarse. Estoy invitado a dirigir un concierto en septiembre, que será muy especial porque estará dedicado a compositores bolivianos, pero más allá de eso la Sinfónica no entraría en mis planes.

— ¿Ha sido la OEIN fundamental en la recuperación de las raíces culturales bolivianas?

— Yo no he recuperado nada, es exactamente al revés: estos instrumentos, esta música tradicional, me han recuperado a mí. Y estoy conmovidamente agradecido. Los sonidos, las expresiones, las técnicas y las filosofías que les son propias estaban ahí siempre, y siguen estando. Forman parte de los calendarios y de los rituales agrícolas, religiosos… Para encontrarlos es solo cuestión de abrir los ojos y los oídos. Yo he tenido la suerte y el privilegio de que esta energía telúrica extraordinaria me haya rescatado de las tinieblas culturales en las que crecemos las clases medias en América Latina. Es esa fuerza cultural ancestral la que a muchos nos ha dado sentido y la posibilidad de encontrar nuestro espacio en el mundo.

— ¿Y queda aún música por redescubrir?

— Sí, aún se pueden hacer muchas contribuciones para seguir avanzando en el trabajo de recuperación. Los jóvenes que ahora reciben este legado tienen mucha motivación, muchas ilusiones, muchos proyectos y muchas necesidades. En las últimas sesiones de la OEIN ha salido como un tema estructural reforzar aún más la investigación, pero entendida sobre todo como la conexión entre nosotros y las fuentes: abrirnos a ellas, ser permeables. Eso es investigar. Más que observar desde la otra orilla, hay que involucrarse con el otro, lograr un intercambio directo de mirada con mirada, oído con oído.

— ¿Los cambios en la OEIN debilitarán o fortalecerán su contacto con la sociedad?

— El proyecto de la OEIN se ha enraizado profundamente en los sectores populares de la ciudad de La Paz que vienen de un proceso migratorio campo ciudad que ya tiene varias décadas. De estos sectores nos nutrimos a la vez que les devolvemos sus propios factores de identidad. Es un tema que aun estaría por estudiarse: el impacto de la OEIN más allá de sus propuestas estéticas y sus conciertos públicos. De qué manera esta iniciativa ha hecho que La Paz sea la única ciudad del mundo en la que lo contemporáneo de vanguardia tiene lugar en barrios populares y tiene una vinculación directa con públicos no especializados.

Y yo diría que esto va a continuar. Los que van a tomar el liderazgo son muy conscientes de que es muy importante no ya por el discurso sino por la experiencia propia: ellos provienen de ahí, de esa historia particular de que “mi mamá me trajo aquí obligado… yo no quería pero quedé encantado”. Les gustaron los instrumentos, las músicas y esta familia que forma la OEIN, donde la disciplina y el rigor nos dan a todos un sentido de pertenencia.

— Después de tantos años, ¿va a poder dejar la orquesta del todo?

— Mi relación con la orquesta a partir de ahora va a ser sobre todo afectiva, en este sentido por supuesto que estaré siempre vinculado… tal vez como el abuelito que puede dar una pauta o un consejo si se necesita. Pero de verdad que no quiero formar parte de las instancias ejecutivas de la OEIN. Cooperaré puntualmente haciendo alguna gestión, como ayudándoles a establecer relaciones con otras instituciones. Todo desde mi experiencia de 36 años, pero a nivel honorífico, no más. Por ejemplo, la parte de las relaciones con el extranjero. Organizar conciertos en otros países y traer directores a hacer talleres sí tiene un poco más de sello personal, depende más de mí. Así que parte del legado es transferir eso, que le ha dado un buen nombre a la OEIN. Seguro que las próximas generaciones seguirán cultivando esos contactos a la vez que construyen otros nuevos.

— Pues entonces tendrá otros planes de futuro.

— No tengo ideas concretas, pero estoy abierto a lo que el universo me traiga; a todo, de verdad. Ya he hecho lo que tenía que hacer, que es cerrar una etapa. Si eso abre la posibilidad de otras cosas, estoy totalmente dispuesto. Por ejemplo, tengo un libro prácticamente concluido sobre instrumentos nativos que he escrito a lo largo de toda la vida. Hasta ahora no me he podido desprender de él por pudores y tal vez termine de pulirlo y lo publique. Es un libro musicológico y antropológico que analiza los instrumentos desde su perspectiva sonora pero también desde la social, porque se relaciona el instrumento con el entorno en el que suena. También estoy ahora con un encargo del ensamble Tropi, de música contemporánea de Argentina, que me ha pedido una obra. Es curioso, porque el año pasado estrené una obra, que es la de cierre de mi gestión en la OEIN y justamente se titula Cantos funerales.

Además hace como un año que estoy escribiendo poesía. Siempre he escrito ensayo, artículos, columnas periodísticas… pero desde hace uno año he empezado a dar curso a la palabra desde una perspectiva que supongo que es poética y que me hace mucho bien, en la que me encuentro plenamente realizado en este momento. Es una cosa íntima, en principio solo para mí, pero quiero cotejar estas experiencias interiores con gente amiga de la literatura y el arte, a ver qué les parecen.

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