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‘Me intriga el viaje interior de los personajes’

En ‘Trucha panza arriba’ el guatemalteco Rodrigo Fuentes se sumerge magistral y elegantemente en quienes enfrentan la crisis de su mundo

Rodrigo Fuentes en Trucha panza arriba’.

Rodrigo Fuentes en Trucha panza arriba’. Foto: Ángel Illanes - archivo / Editorial El cuervo

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador

00:00 / 30 de abril de 2017

Resulta sorprendente la capacidad del guatemalteco Rodrigo Fuentes para sumergirse con tal profundidad en los muchos personajes y muchas situaciones que pueblan su primer libro de cuentos, Trucha panza arriba, que acaba de publicar la editorial El Cuervo. Y lo hace sin excesos, tirando de elegancia, de sutileza o —como escribe Rodrigo Hasbún en la contratapa— “con gracia y discreción”. En cada una de estas siete piezas cortas asoman la violencia, el alcoholismo, la muerte o la mafia pero el protagonismo se lo llevan el cariño, las buenas personas, la naturaleza, los animales. Unas historias de calado y con el trasfondo de un mundo en profunda crisis que Fuentes filtra y retrata magistralmente a través de unos personajes entre los que se establecen rápidas conexiones a pesar de aparecer en cuentos diferentes. El lector se identifica fácilmente con ellos, pues más que personajes se pueden considerar personas, de tan creíbles y en muchos casos entrañables que resultan.

— ¿Se considera usted un escritor de cuentos? ¿Trucha panza arriba podría haber sido una novela porque todos sus cuentos tienen una fuerte conexión?

— En este caso primero fueron apareciendo los cuentos, y ya luego entendí que varios de ellos compartían un mismo universo y pertenecían a la misma colección. Me encanta el cuento como forma: su economía, la necesidad de empezar y terminar fuerte, las limitaciones que impone a la escritura y las expectativas que levanta en el lector.

— ¿Los personajes de esta colección de cuentos están tan llenos de humanidad que incluso hacen que las tramas queden un poco en segundo plano?

— Philip K Dick dice que la novela es la historia del criminal, y el cuento la historia del crimen. Me parece una taxonomía muy astuta, pero también sé que los cuentos que más se han quedado conmigo son aquellos que tienen personajes entrañables. Pienso en Juan Carlos Onetti, en Lorrie Moore y también en Henry James, quien trabaja mucho a medio camino entre ambas formas. Ahora, las tramas que más me intrigan son las que recorren el viaje interior de los personajes.

— Los personajes principales es gente con principios que no renuncian a ellos a pesar de que la cosa se ponga fea, ¿se puede decir que en este libro ganan los buenos?

— Es difícil hacer una contabilidad cuando se trata de principios. Es cierto que en varios de los cuentos traté de mostrar un territorio moral que está en disputa, tanto así como están en disputa otros bienes y otros tipos de pertenencia. Sería lindo que siempre ganaran los buenos, pero también sería un poco aburrido, ¿no?

— El libro arranca con la frase “Esto de la familia es complicado”. Luego aparecen muchas relaciones familiares ¿Está el individuo muy marcado por su familia? ¿Es la familia un poco como una pequeña sociedad de la cual se pueden extraer enseñanzas sobre cómo funciona el mundo?

— Creo que en general tenemos una idea bastante estable de qué significa la familia. Pero en realidad no siempre es así, las familias también están a la deriva, más allá de los individuos que las conformen: se disgregan, se rompen, vuelven a rearmarse. Supongo que estas transformaciones que se dan en la familia se convierten en un buen lugar para ver cómo responde un personaje: significa sacudirle un suelo cuya firmeza daba por sentado.

— También los animales toman protagonismo. Incluso les atribuyes comportamientos casi humanos, ¿será que tienen pensamientos complejos?

— ¿Quién puede decir que tu perro no te está juzgando ahora mismo, detrás de esa mirada tan dulce? Y esos gatos, ¡agárrense!

— En Trucha panza arriba usted narra unos hechos violentos y que cambian la vida de los protagonistas con mucha sobriedad. En eso y en los finales que quedan abiertos ¿se puede decir que usted le da cancha a la imaginación del lector?

— Como lector, disfruto de los cuentos que confían en mí, los que me dan más espacio para explorarlos por mi propia cuenta. En cuanto a la violencia, hay que pensar que un referente en muchos de estos cuentos es Guatemala, un país donde por desgracia la violencia casi puede llegar a formar, de una forma terrible, parte del paisaje. Pero esas son lecturas y son vivencias que ahora intento conectar a esta respuesta, y me costaría saber bien cómo se traducen a la hora de escribir.

— Estos cuentos se mueven entre el área rural y la urbana, ¿sale ganando la primera?

— No, y no creo que en el libro haya una reivindicación de esa vida. La vida en el área rural sería en todo caso más difícil y más vulnerable por la ausencia de recursos y de un estado que cumpla con lo mínimo. De todas formas, no me interesaba una división tajante entre lo urbano y lo rural. No me parece que sea muy verosímil ni tampoco muy interesante en términos literarios. Lo que sí hay en la colección, creo, es la puesta en jaque de territorios en los que confiaban los personajes: la amistad, la propiedad, la seguridad económica, el matrimonio.

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