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Las lecciones de E.P. Thompson medio siglo después

Hace 50 años se publicó uno de los libros más influyentes y renovadores de la historiografía marxista

Las lecciones de E.P. Thompson

Las lecciones de E.P. Thompson

La Razón (Edición Impresa) / Ana Sofía Rodríguez - historiadora

00:00 / 15 de diciembre de 2013

Más que por su cercanía a los hechos, las obras históricas que ven realizadas las pretensiones teóricas de su autor, sin importar cuáles sean, tienen un aire sugerente e inspirador. Hay que leerlas en clave de época, pero en su congruencia hay algo que habla de maneras de entender y acercarse al mundo que trascienden al tiempo. Sin aplaudir los innumerables ejemplos de obras plagadas de tramposos ajustes a la investigación, lo valioso de la historia también está en pensar su posible utilidad, que un autor crea que lo que escribe sirve para más que revelar detalles y curiosidades del pasado. La formación histórica de la clase obrera en Inglaterra de E.P. Thompson (1924-1993), que este 2013 cumple 50 años de haber sido publicada, es así. De pronto, la pared relativista de la que hoy parecería no haber escapatoria se ve cuestionada por la lectura de esta obra. Thompson es un autor que se atreve a dar su opinión sobre el pasado, del cual su obra histórica es punto culminante de una vida dedicada a la búsqueda por transformar la realidad. Es, en suma, un historiador que cree fervientemente en la historia y que lo hace no sólo como discurso, sino de una forma que 50 años después aún es significativa.

Al reconocer la relevancia de la investigación histórica para el presente —sin importar, o mejor dicho, según la manera en que éste es valorado—, Thompson rompe con la idea ortodoxa de encontrar la verdad en lo sucedido y a cambio propone una historia útil en sentido moral. Si bien no abandona en ningún momento la seriedad metodológica en su investigación, admite abiertamente que es válido “dar nuestro voto” y reconocer que creemos más útiles una serie de valores que otros cuando arrojamos luz a la oscuridad pasada, en función de la realidad a la que aspiramos en el presente. En su caso, esta realidad soñada se mantiene en la proyectada tradicionalmente por el marxismo. Sin embargo, a su parecer, desde finales de los 50 una doble crisis arrasaba con las tesis marxistas, tanto en su lado teórico como en el práctico, éstas se revelan alejadas de sus fundamentos: negando la posibilidad de las clases sociales de adquirir conciencia desde su realidad material al tiempo que manifestando su lado inhumano en el estalinismo.

La formación histórica de la clase obrera es producto de la búsqueda de un marxismo capaz de responder a estas trabas, pero también, y lo más interesante, es el resultado de una vida dedicada en la práctica a cuestionar y buscar alternativas al marxismo imperante, y que a los ojos del autor se revelaba cada vez más obsoleto. Antes de escribir esta obra, Thompson se dedicó a plantear una serie de ideas alrededor de la renovación del Partido Comunista británico con miras a los derechos morales, la injusticia humana y el socialismo, que le valieron su expulsión del mismo. A Thompson también le pareció insuficiente la alternativa que se articulaba en el grupo de marxistas que en 1962 empezó con lo que se conoce como la segunda época de la New Left Review. En esos intelectuales veía una creciente tendencia a considerar que las clases trabajadoras necesitaban forzosamente de ellos para guiarlas en su movimiento, basados en una idealización de la teoría que en la época se articulaba en los planteamientos teórico-metodológicos de Louis Althusser. Según lo explica Thompson en otra obra en la que expone sus supuestos teóricos, Miseria de la teoría, Althusser planteaba que la teoría marxista tiene un “hogar textual que se valida a sí mismo” y que por lo tanto deja de lado las manifestaciones prácticas que la deberían sustentar.

Thompson responde a todo esto en La formación histórica de la clase obrera en donde investiga el nacimiento de esta clase en Inglaterra entre 1780 y 1832, valiéndose de un método que él mismo describe concebido para contrastar hipótesis relativas a estructuras y causaciones, y que pretende eliminar cualquier procedimiento autoconfirmatorio. En el libro, el autor devuelve a los hechos su protagonismo para mostrar que las clases populares son fenómenos históricos que se gestan en su contexto, y que aunque son necesariamente inseparables de la noción de lucha de clases, adquieren por sí mismas la conciencia suficiente que les permite salvaguardar sus intereses, sin necesidad de pretenciosos guías intelectuales.

El estudio de Thompson también es original en tanto analiza un período olvidado, lleno de revueltas tachadas de irracionales y desorganizadas. Lo hace desde la inclusión, en apariencia nada marxista, de los sentimientos y valores de las clases sociales. Para ello, tiene una forma muy interesante de acercarse a lo se podría decir lo “prohibido” o “marginal” con la más variada cantidad de fuentes: canciones populares, grabados, estampas, obras de teatro. Quiere mostrar lo que cohesiona a las clases sociales, pero reconoce la inagotable posibilidad de que se retomen procesos y abandonen otros durante el acontecer histórico, por lo que para entender la gestación de esta clase en Inglaterra y la tradición disidente, cede a toda lógica de estructura.  

El profundo anhelo de objetividad de Thompson es claro en la argumentación y revisión de fuentes y referencias. Pero, sin duda, es más claro el anhelo de combatir por una mejor realidad. Thompson quiso aportar elementos a la discusión de un marxismo extraviado, y creyó que en algunas de las causas perdidas de la Revolución Industrial aún se podían descubrir muchos de los males sociales que entonces estaban por curar. Es en este sentido en que creyó útil pensar en el pasado y en el que sugirió hace 50 años formas de hacerlo que no deberíamos desechar.

E. P. Thompson hace pensar en que probablemente no sea tan grave escribir valorando acontecimientos. Ser explícito en lo que se cree que hay que rescatar de la enseñanza histórica es propositivo, probablemente más de lo que lo es relatar verdades que forzosamente permanecerán incompletas. Hay que buscar fuentes y mantener los referentes teóricos para darle seriedad y credibilidad a lo planteado, pero el valor de una historia también recae en su compromiso con la realidad que la circunda, con aquello que aún hay que pensar y transformar. La formación histórica de la clase obrera sorprende dilucidando, si no respuestas, definitivamente las preguntas que aún hacemos al inquieto pensar en el pasado.

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