Tendencias

La letra puntuación Cervantes

Se publican, por primera vez en un solo libro, los once documentos escritos por el autor de El Quijote que han sobrevivido cuatro siglos

Foto: diariode las americas.com

Foto: diariode las americas.com

La Razón (Edición Impresa) / Winston Manrique - El País

00:00 / 18 de abril de 2016

Miguel de Cerbantes Sa avedra —pues era así como el escritor firmaba y como quería ser reconocido— escribía en la prestigiosa letra bastarda de la época, no usaba signos de puntuación, no ponía puntos sobre las íes, usaba mayúsculas de manera inmotivada y las letras eran espaciadas. Éstas son las huellas de los escasos manuscritos que han sobrevivido del autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Un rastro que se confirma o se revela, cuatro siglos después de su muerte, a través de los 11 testimonios formales de su puño y letra que se reúnen por primera vez en un solo gran libro titulado Autógrafos de Miguel de Cervantes Saavedra. Un regalo con un hallazgo casi inédito dentro: el comienzo de un documento cervantino recién descubierto en el Archivo de Simancas (Valladolid, España), que completa el que fue sustraído en dicha institución en el siglo XIX y hoy se encuentra en el Rosenbach Museum Library de Filadelfia (Estados Unidos).

Se trata de una edición de 1.616 ejemplares de gran formato publicada por la editorial Taberna Libraria, con prólogo de Darío Villanueva, director de la Real Academia Española (RAE). “¿A estas alturas se puede dar algo nuevo de Cervantes?”, preguntó durante la presentación el académico Juan Gil, quien al instante se contestó a sí mismo: “Sí. Porque este libro llena una verdadera laguna”. Se trata “del ADN de Cervantes hombre, no del escritor, lo único que nos permite disfrutar de sus huellas reales”, afirmó José Manuel Lucía, presidente de la Asociación de Cervantistas.

El destino ha querido que Cervantes hable en medio de la polémica en España por un presunto desdén oficial ante la conmemoración del cuarto  centenario de su fallecimiento, el 22 de abril de 1616. El libro consta de un cuadernillo con los facsímiles de sus cartas, documentos, actas o formularios acompañados del libro en sí, que incluye un análisis de la escritura cervantina a cargo de expertos en paleografía, ortografía y grafología.

En sus páginas se recuerda el largo periplo de sueños, decepciones o incomprensiones que rodearon a Cervantes a lo largo de su vida y que parecen perseguirlo hasta ahora. “Un hombre al que acompañó tenazmente el fracaso y que al final de sus días, después de haberse desgastado en afanes indignos de su talento dio a luz una obra genial”, escribe en el prólogo Darío Villanueva. Recordó que hace 400 años que ya sabía que esta efeméride iba a llegar y que “debería ser un homenaje del Estado y de la sociedad civil, no porque los homenajes de Inglaterra a Shakespeare sean magníficos y nos puedan tocar el orgullo nacional, sino porque Cervantes se lo merece por justicia literaria”.

Estos manuscritos suponen el arco completo de un único testimonio directo de Cervantes. Desde que tenía 34 años, en febrero de 1582, hasta 56, en septiembre de 1604, porque se incluye el único texto no manuscrito por él pero sí firmado, donde solicita al Rey permiso para publicar “el ingenioso hidalgo delamancha”. Este documento se convierte en un boceto, hecho en palabras, de la vida corriente y laboral, donde se cuelan intereses, preocupaciones, afanes, sinsabores, anhelos, fatigas, decepciones…

Han tenido que pasar cuatro siglos para reunir estos testimonios. La idea empezó en marzo del año pasado cuando se le ocurrió a Dionisio Redondo, de Taberna Libraria. Entonces, habló con expertos cervantistas para localizar esos documentos, obtener la autorización y sacar adelante el proyecto. Son autógrafos repartidos en el Archivo General de Simancas, Archivo Histórico Nacional, Archivo Municipal de Carmona, Biblioteca Nacional de España y Rosenbach Museum Library de Filadelfia. Ocho de los manuscritos están completos, tres son parciales y uno solo contiene su firma. “Ponen en limpio todo lo que nos ha llegado escrito de la mano de Cervantes”, afirma Villanueva.

En cuanto a la letra en sí, no se sabe ni dónde, ni cuándo, ni cómo Cervantes aprendió a escribir, pero su escritura “revela que su educación gráfica discurrió por la vía más estimada socialmente y coincidió en el tiempo con la difusión de un tipo de escritura considerada en proceso de transición hacia una modalidad bastarda”, explica Elisa Ruiz García, catedrática de paleografía y diplomática de la Universidad Complutense de Madrid. ¿Y qué desvela la letra de Cervantes, según la grafología? La experta Sandra María Cerro asegura que “al comienzo de los textos no deja entrever emociones, pero a partir de la quinta línea se deja llevar por la pasión. Tenía gran capacidad de resiliencia, era rápido de ideas y el singular uso de las letras bajas, como la g, revela su pulsión sexual”.

Todo ello rematado en una firma que va evolucionando con el paso de los años, que siempre escribe “Cerbantes”, que al comienzo prescinde del segundo apellido, luego lo incluye a su manera, y finalmente lo quita. Aunque ningún editor respetó su deseo y tuvimos que esperar cuatro siglos para que su firma se vea clara: “Miguel de Cerbantes Sa avedra”.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia