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La libertad de crear, interpelar y volar

Crear, interpelar y volar con mensajes dotados de un aura cautivante es el sello de las obras multidimensionales de Pedro Lemebel, el artista chileno, defensor de los derechos humanos de los homosexuales, que estuvo esta semana en La Paz. Lemebel irrumpió con su presencia en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet en los ámbitos artísticos y culturales a través de la guerrilla performativa, acción efímera, pero intensa y digna de preservarse en la memoria histórica.

Pedro Lemebel,  las Guerrilla Girls y Mujeres Creando tienen en común la misma capacidad para interpelar creativamente

Pedro Lemebel, las Guerrilla Girls y Mujeres Creando tienen en común la misma capacidad para interpelar creativamente

La Razón / Patricia Flores Palacios - Feminista queer y periodista

00:00 / 18 de marzo de 2012

La irrupción de Lemebel tuvo lugar en septiembre de 1986 en un acto político de izquierda en Santiago de Chile con su manifiesto Hablo por mi diferencia, en el que señala: “No soy un marica disfrazado de poeta. No necesito disfraz. Aquí está mi cara. Hablo por mi diferencia. Me apesta la injusticia, pero no me hable del proletariado porque ser pobre y maricón es peor. Es un padre que te odia porque al hijo se le dobla la patita. Es tener una madre de manos tajeadas por el cloro, envejecidas de limpieza acunándote de enfermo”.

En otra parte de su manifiesto, Lemebel expresa: “A usted le doy este mensaje, y no es por mí, yo estoy viejo y su utopía es para las generaciones futuras. Hay tantos niños que van a nacer con una alita rota y yo quiero que vuelen, compañero. Que su revolución les dé un pedazo de cielo rojo para que puedan volar”.

Desde entonces, las obras de Lemebel develan la vida de la marginalidad chilena, esa vida acallada por la parafernalia mediática y el exitismo político, reclamando por los derechos humanos, la sexualidad y la memoria histórica, al grado de generar miedo, porque no se sabe cuándo la performance, el travestismo o las instalaciones de Lemebel provocarán sismos en eventos públicos.

Esos sismos de Lemebel coinciden con las acciones de las artistas feministas  Guerrilla Girls, que también en los años 80 irrumpieron en ciudades norteamericanas como Nueva York o Los Angeles. Estas artistas apelan a las tácticas de la guerrilla urbana: despliegan gigantescos carteles para denunciar la misoginia, el patriarcado cosificante de las mujeres, el sexismo, el racismo, la corrupción en el mundo del arte y el cine, la estereotipia femenina, la prostitución y el proxenetismo.

Guerrilla Girls, feministas vengadoras como se autodefinen, abogan por la igualdad de oportunidades, la no discriminación por género, el acceso igualitario a la educación, los derechos reproductivos y los derechos humanos de las mujeres. Abogan por estas causas con la impronta creativa en la que combinan irreverencia y artes visuales con la ausencia del protagonismo individual. Las integrantes de este colectivo sellaron sus identidades personales al grado que hasta la fecha se desconoce quiénes son las ideólogas de este movimiento que venció a los años.

Ejes comunes son también los que unen a Pedro Lemebel y los que nutrieron en otro momento histórico, los años 90, la lucha y la impronta de Mujeres Creando. Este grupo convirtió a las calles y los muros en  lienzos interpeladores, al grado de denunciar al Estado como proxeneta por legitimar la sexualidad violenta y machista, acentuada por la cosificación y subordinación de las mujeres, principalmente niñas, adolescentes y mujeres en situación de pobreza.DESGARRADOTodas son libertades creativas capaces de volar en el devenir histórico poniendo el cuerpo y la vida en cada acción artística. Performances en las que no pocas veces se develaron desgarradores testimonios autobiográficos, como a los que apeló Pedro Lemebel en su obra emblemática Las yeguas del Apocalipsis, con la que enfrentó la estigmatización del sida como maldición y castigo al “desborde homosexual”, una de las temidas  plagas anunciadas en el Apocalipsis. Otras veces, estas acciones enfrentaron la represión policial. Mujeres Creando y María Galindo fueron brutalmente desalojadas de un evento público sobre la despatriarcalización, a pesar de que fue precisamente María Galindo quien planteó esa tesis política; también fueron apresadas por lanzar tinta roja en edificios públicos para denunciar el feminicidio o la violencia contra las mujeres.

Libertades expresivas que a lo largo de la historia de parte del siglo pasado y el actual irrumpen bajo ropajes de  manifestaciones artísticas diversas o acciones políticas efímeras, fieles a su esencia de guerrilla urbana, para alterar nuestra cotidianidad y nuestra percepción, pero también para desgarrarnos el alma. Porque es desgarrador cómo Pedro Lemebel nos introduce en la intimidad poética de su lucha para enfrentar la discriminación contra la homosexualidad, sin ninguna autovictimización, para dejar emerger la dignidad emancipadora y su sensibilidad.

Esta sensibilidad, precisamente, se desnuda en sus textos, como su “Canción para un niño boliviano que nunca vio el mar” incluido en su libro Adiós Mariquita linda y que dice:  “Y cómo te lo digo y con qué humedad de letras te lo cuento, chiquito llocalla, pelusita paceño que nunca estuvo frente al estruendo salado de la planicie oceánica. Como hacértelo ver niñita imilla, en estas letras, si nunca fuiste testigo de esa música y sus olas crespas chasconeando el concierto de la bella mar. Cómo te lo digo, niño boliviano, cómo alargo la palabra m-a-r, y que ahorita zumbe en tus oídos como mil abejas moluscas, como millones de susurros que salpican tu carita aymara con su aliento matemo-martierno-mari-maternal. Ésta es una carta dirigida a tus ojitos oblicuos que de mil maneras intentan imaginar ese gran charco azul que no es como te lo cuenta la profesora en el colegio describiendo la parte más extensa del Titicaca, esa zona donde el cielo se recuesta sobre las aguas verde musgo, donde no hay cerros y el horizonte desaparece en esa lama esmeralda que, de alguna manera, también semeja un ojo de mar”.  

Y el texto de Lemebel concluye: “Por eso, al escuchar el verso neopatriótico de algunos chilenos me da vergüenza, sobre todo cuando hablan del mar ganado por las armas. Sobre todo al oír la soberbia presidencial descalificando el sueño playero de un niño. Pero los presidentes pasan como las olas, y el dios de las aguas seguirá esperando en su eternidad tu mirada de llocalla triste para iluminarla un día con su relámpago azul”.

Y es que la libertad de crear, interpelar y volar, aunque nos cautive no deja de desgarrarnos el alma.  

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