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Marketing, literatura y lectores

Faltan acciones colectivas para que el sector editorial boliviano cree un público interesado no solo en los ensayos.

Drama. Las tiradas de las primeras ediciones bolivianas cada vez son más bajas y resulta muy extraño que se publiquen segundas ediciones. Foto: Archivo

Drama. Las tiradas de las primeras ediciones bolivianas cada vez son más bajas y resulta muy extraño que se publiquen segundas ediciones. Foto: Archivo

La Razón (Edición Impresa) / Homero Carvalho

13:58 / 15 de febrero de 2016

Valoro la amistad de Carola Höslcher, que sube buena música, pinturas, ensayos literarios y literatura misma a las redes sociales, como el artículo de José Joaquín Blanco Literatura y mercado, en el que el escritor mexicano reflexiona acerca de las ventas de libros y el mercado de lectores. Algunas de sus apreciaciones bien pueden ser comparadas con nuestra realidad.

Blanco afirma que “en México se lee poca novela. Otros géneros literarios resultan aún más desairados. (…) Finalmente persiste la modestia, para la gran mayoría de los autores. Escribir para los pocos que quieran leer sus obras. No pueden ser tan pocos: parece que se necesitan, hoy en día, unos 2.000 ejemplares vendidos para que el editor recupere los costos”. El argentino Maximiliano Tomas, en el artículo ¿Cuántos lectores tiene la literatura argentina actual?, se plantea como pregunta fundamental si han dado resultados los esfuerzos por crear un nuevo mercado de lectores. “Se trata de un interrogante que todavía no tiene respuesta y frente al cual nadie logra ponerse de acuerdo. Algunos editores son escépticos y aseguran que los lectores de literatura argentina contemporánea son siempre los mismos: no más de 3.000. Otros, que tal vez lleguen a unos 10.000. Si hay que guiarse por las cifras de producción y ventas, no estarían tan equivocados. Por lo general, los títulos de estos sellos venden entre 200 y 1.000 ejemplares. Si alguno llega a los 2.000, se puede hablar de un éxito. La novela El viento que arrasa, de Selva Almada, protagonista de un fenómeno de circulación boca a boca extraordinario, está por alcanzar la inusual cifra de 5.000 ejemplares vendidos. Tal vez el caso de Almada diga algo acerca de la dimensión de esta probable nueva comunidad de lectores, formados en los catálogos de editoriales independientes. Quizá sean ellos los que estén manteniendo viva la literatura argentina actual”. Y hablamos de países con más de 45 millones de habitantes en el caso de Argentina y en el de México más de 119, con grandes tradiciones literarias y autores reconocidos universalmente.

¿Cómo estamos por casa? Conversando con libreros bolivianos, todos coinciden en que el género que más vende es la novela seguida de lejos por el cuento y muy abajo por la poesía. Las editoriales nacionales no se atreven a tirar más de 800 ejemplares de novela, 500 de cuentos y 300 de poesía… y eso para autores consagrados. Excepcionales son los escritores que logran vender más de estas cifras en un año y publicar una segunda edición.CIFRAS. Este drama hace que muchas editoriales ya no publiquen literatura y se dediquen al ensayo, que vende más, especialmente el político. Blanco también señala que “el dato duro de los estados de cuenta pesa más que otras formas de valoración”, y eso trae el recuerdo de que hubo una época en la que las editoriales bolivianas se disputaban los títulos más vendidos en las ferias de libro, llegando a cifras totalmente ficticias. Ahora simplemente informan que zutano o mengano fueron los autores más vendidos, sin señalar el número de ejemplares para no caer en falsedades.

Blanco advierte de la proliferación de “mafiecitas literarias”, “cada cual con sus santones (…) ¡Y cuántos cabildeos, cotilleos, intrigas, adulaciones, zancadillas, crujir de dientes! Ni en los partidos políticos en épocas electorales.” Algo que en Bolivia se ha venido dando desde hace varios años, a medida que han aumentado los escritores y se disputan un pequeño mercado o creen que están en competencia.

Hay todo tipo de grupos, asociaciones, sociedades, sectas, cofradías literarias que funcionan como gremios de ayudas mutuas y tienen todo el derecho de hacerlo, porque es la única forma de darse a conocer publicando comentarios y reseñas en un permanente intercambio de favores. Mayor razón si los académicos de la literatura nacional no se ocupan de las obras de esta mayoría; porque para la carrera de Literatura y la crítica oficial solamente existen algunos pocos escritores que son sus amigos o que, por mérito propio ya forman parte de los clásicos y, entonces, tienen la obligación de estudiarlos aunque no les guste.

El escritor mexicano, con humor negro, se refiere a escritores que se creen “los mejores” de esta manera: “Queda, un tanto fantasmagóricamente, lo que se ha dado en llamar ‘literatura de culto’ o ‘autor de culto’, tan vago como efímero y petulante. Y pegado a ello, el chismorreo de unos cuantos suplementos o revistas que solo leen los propios autores, y nada más cuando se habla de ellos mismos: una presentación, una reseña, por muy enjundiosas que parezcan, no venden un solo ejemplar más” y estas apreciaciones que son válidas para México también lo son para nuestro medio en el que sobran las mezquindades y las camarillas institucionales, generacionales o de conveniencia y socorros mutuos.

Mientras sigamos mirándonos el ombligo en vez de realizar acciones como colectivos capaces de fortalecer el imaginario universal y la identidad nacional con obras valiosas; mientras las ferias de libros sigan siendo ferias de vanidades y no espacios que acerquen masivamente a los autores con los lectores; mientras sigamos pidiendo a nuestros amigos que presenten nuestras obras —hay algunos que se hacen presentar hasta por seis comentaristas— creyendo que lo que dicen, por cariño o por solidaridad, nos convierte en los mejores escritores del mundo, seguiremos mintiéndonos a nosotros y a nuestros lectores. Se trata de ampliar el mercado de lectores para que nuestra literatura sobreviva y para ello tenemos que recurrir a editoriales independientes, artesanales, a talleres, a encuentros y festivales, usando todos los soportes posibles: papel impreso, electrónico y/o digital y utilizar mejores plataformas como las redes sociales, la televisión y las aulas colegiales y universitarias.

(*) Homero Carvalho es escritor.

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