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Al maestro con honores y con razones

La UMSA concede el ‘Honoris Causa’ al semiólogo Luis H. Antezana, un profesor, lector y escritor ejemplar

actividad. Catedrático de Semiótica con estudios en Argentina, Estados Unidos, Alemania y Bélgica, es Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanas, ha publicado 15  libros y editó  dos revistas. Foto: Ignacio Prudencio

actividad. Catedrático de Semiótica con estudios en Argentina, Estados Unidos, Alemania y Bélgica, es Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanas, ha publicado 15 libros y editó dos revistas. Foto: Ignacio Prudencio

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Mayorga - docente e investigador

00:00 / 09 de noviembre de 2015

El homenaje tiene su origen en la época feudal, cuando se establecía el vasallaje mediante una ceremonia, con un juramento que implicaba obligación, veneración y respeto. Era un rito en el que el súbdito se arrodillaba y declaraba ante el señor: “me hago vuestro hombre”. Por eso se dice “rendir homenaje”. La Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) acaba de nombrar Doctor Honoris Causa a Luis Huáscar Antezana, con la reverencia que le corresponde por su trayectoria como profesor y por la calidad de su obra intelectual. De esta forma la universidad otorga a Cachín —como todos lo conocen— Antezana una justa distinción y un merecido reconocimiento. El evento —lleno de amistades, escritores y lectores— se convirtió en un homenaje en el buen sentido de la palabra.

No obstante, no es solamente el rito. Existen otras maneras de rendir homenaje. Un texto erudito publicado en Wikipedia por un autor anónimo dice: “Se denomina homenaje a una forma de cita, alusión, imitación o paráfrasis de una obra artística previamente famosa en otra posterior… Por lo tanto, cuando un autor rinde homenaje a otro se interpreta como un reconocimiento de superioridad equivalente al que un vasallo hacía a un señor, en este caso se trata del reconocimiento de un discípulo a un maestro. Otras modalidades, en la teoría literaria y en la teoría del arte, se definen como obra dentro de la obra, cuadro dentro del cuadro, teatro dentro del teatro, novela dentro de la novela, etc.” En un pie de página de ese texto se consignan los libros citados para explicar esa definición y, concretamente, para referirse al homenaje como “una obra dentro de otra obra”, se nombra el libro Teorías de la Lectura, publicado en 1983 precisamente por Antezana. Así, el reconocimiento a Cachín se entiende también como un homenaje en el sentido de que es un reconocimiento entre pares.

Quienes hemos tenido la suerte de ser amigos y discípulos de Cachín sabemos cuánto se aprende de sus palabras porque sus exposiciones y conversaciones son una invitación a la lectura y a la reflexión, al goce estético y a la investigación. Hay que poner el acento en el acto de conversar porque escuchar y dialogar con Antezana se convierte en una experiencia vital que excede el mundo académico y subvierte el sentido común. “En realidad, no es que al escribir se ordene el mundo —éste tiene su propio aunque a veces terrible orden—. Más bien, la escritura es una labor de acumulación de fuerzas, un rodeo necesario para mejor llegar a la vida”, dice.

Su quehacer intelectual se compone de varias facetas: es escritor, lector y profesor, es maestro. Cachín es un ensayista que escribe sobre los libros que lee, las pinturas que contempla, la música que escucha. En estos textos reflexiona acerca de los procesos sociales y sobre la teoría y el método, en un afán incesante de comprender e interpretar la realidad “y sus alrededores”, como le gusta decir. Escribe sobre obras literarias y autores con una mirada que combina lo universal y lo nacional. Ha reflexionado profunda y agudamente sobre Jorge Luis Borges, Paul Celan, Franz Kafka, Gabriel García Márquez, Jaime Saenz, Óscar Cerruto y Jesús Urzagasti para citar algunos de una larga lista de escritores, puesto que —como reconoce— no hay tiempo suficiente para leer y estudiar a todos. Antezana ha publicado también escritos cruciales y seminales sobre el pensamiento social boliviano, en particular sobre la obra de René Zavaleta Mercado, y acerca de los procesos ideológicos que constituyen referentes ineludibles para entender nuestra época.

Como buen escritor, primero es un lector ejemplar. Sabe escudriñar las obras artísticas como nadie, gracias a una agudeza que le permite descifrar el sentido en los pliegues del lenguaje utilizando los sistemas teóricos pero sin capitular ante ellos, más bien enriqueciéndolos. Y para leer a sus autores favoritos en su lengua natal domina varios idiomas: el alemán, para entender bien a Celan o traducir a Walter Benjamin; el portugués, para acercarse a Jorge Amado y Fernando Pessoa; el inglés, para gozar con los poemas de Emily Dickinson y los sonetos de Shakespeare, y el francés para revisar las ideas de Roland Barthes y Michel Foucault.

Antezana es un lector sistemático y empedernido, con una retentiva asombrosa, capaz de recitar centenas de poemas y cuentos. Alguna vez contó que no podía releer a uno de sus autores favoritos porque sabía de memoria sus relatos, y ya no le sorprendían. Por suerte, dijo luego, empezó a olvidar algunos fragmentos y así puede disfrutar nuevamente de su lectura.

Fue profesor de literatura, filosofía, semiología y metodología, pero las aulas no han sido nunca los únicos lugares en lo que los privilegiados disfrutan del despliegue de su inmenso talento pedagógico: quienes asisten a sus conferencias descubren —y seguirán descubriendo— la magia de su inteligencia, la claridad argumentativa de sus ideas. ¿Quién no recuerda una clase suya o uno de sus seminarios como una experiencia única? Cuando nos cruzamos con algunos jóvenes estudiantes, nos preguntan: “¿y cómo está el maestro Cachín?” Porque es un maestro, y ese término lo define de manera cabal. Así lo admiramos. Y por eso la universidad pública, nuestra universidad, le reconoce y le distingue como Doctor Honoris Causa, porque es un verdadero maestro.

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