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¿Quién mató a la novela negra nórdica?

El empuje de nuevas potencias literarias y los efectos de la globalización del género criminal ponen en jaque la hegemonía del ‘noir’ que viene del frío

Renovación. Janis Otsiemi (a la izquierda) y el premiado Viet Thanh Nguyen encabezan el cambio de temas, ambientes y estilos que están cambiando el género.

Renovación. Janis Otsiemi (a la izquierda) y el premiado Viet Thanh Nguyen encabezan el cambio de temas, ambientes y estilos que están cambiando el género. Foto: nbcnews.com-revistamito.com

La Razón (Edición Impresa) / Juan Carlos Galindo - El Páís

00:00 / 07 de mayo de 2017

La novela negra vive una revolución global. El declive de la moda escandinava y el poderoso empuje de otras literaturas, otras geografías y otras realidades están cambiando el panorama. Hay una reacción a aquella amable e imparable invasión que se dio a partir de Millenium. Arnaldur Indridason, Jo Nesbo o Camilla Lackberg son ejemplos del poder comercial y a veces literario de la literatura criminal del norte de Europa, pero ya no es lo mismo. Francia, donde la tradición es extensa y rica y donde en la actualidad uno de cada cinco libros vendidos pertenece al género negro, es un excelente termómetro. “La de la novela negra es la única globalización positiva que se está dando”, comenta el nuevo rey del thriller francés —con más de 1,5 millones de libros vendidos— Bernard Minier. “Hoy estoy en Lyon, pero la semana pasada estaba en Dubai, en una mesa sobre la geografía del género con un autor anglo sudanés y otro indio. Esto antes no pasaba”, explica.

En Akabé, Gabón, uno de los grandes barrios marginales de África, prefieren leer a Janis Otsiemi, el Ellroy africano, y sus turbias historias de mafia y tuées, tuées, prostitutas que mueren un día sí y otro también. “Con la guerra civil y la corrupción África tiene la materia prima para el polar. Lo que veo cada día en la esquina cuando bajo de casa es novela negra”, nos cuenta Otsiemi. “Estoy cansado de leer historias que ocurren en ciudades en las que no he puesto un pie en mi vida. Espero que la nueva ola de novela negra sea africana. ¿Por qué no?” añade con una carcajada.

En el panorama de hoy día destacan tres autores de Islandia, un país entregado a la lectura y con cifras de ventas monstruosas para sus poco más de 300.000 habitantes. Indridason, el rey de la novela negra en un país sin crímenes, con más de 12 millones de libros vendidos en todo el mundo, defiende la pujanza del género en su versión nórdica. “No creo que haya sido solo una moda. Los nórdicos siempre han producido una excelente novela negra. Eso explica también por qué han tenido tanto éxito: en general están bien escritas y bien hechas”.

Sin embargo, la directora del festival internacional de novela negra Quais du Polar de Lyon (Francia), Hélène Fischbach, cree que el exceso de títulos aparecidos durante años ha tenido un efecto perverso. “En Francia la novela negra escandinava tiene todavía muchos seguidores, pero me parece que los lectores han hecho una criba. En el festival hemos podido constatar que cada vez hay más curiosidad por descubrir autores nuevos que vienen de otros territorios”.

Europa vive en crisis permanente y Francia se enfrenta a la realidad de la destrucción del tejido social, el racismo y la amenaza de Le Pen. Ante esa situación, resucita el género crítico y de raíces sociales, revolucionario en su esencia, que tanto le dio a la literatura francesa de los setenta. “La situación política y económica que estamos atravesando ha llevado a autores nuevos, de 30-40 años, a crear una ola que renueva el polar. El francés es mejor lector que votante”, subraya Marc Fernández, escritor parisino, editor y responsable de la revista Alibi. La francofonía, todavía residual pero con empuje, completa la renovación.

Pero no solo de Francia vive el género. El efecto de Perdida, de Gillian Flynn, llevó a los estadounidenses a centrarse de tal manera en el thriller psicológico, el domestic noir, y otras variantes que ha quedado un espacio enorme. Ahí el peligro es evitar la próxima moda, no caer en la repetición hasta la saciedad de lo que ha funcionado. “En un mercado saturado, el trabajo del editor es sorprender. Y eso se hace también a través de las geografías, elemento esencial del género negro, un género con una plasticidad tremenda”, comenta Anik Lapointe, editora de Salamandra.

La vía literaria también se abre camino. Stieg Larsson completó la obra iniciada en los setenta por Maj Sjöwall y Per Wahlöö y ampliada después por Henning Mankell. Gracias a Millenium el género llegó a millones de lectores nuevos, salió del gueto comercial, aunque se quedó apartado en lo literario. Pero las opiniones de los profesionales de la edición apuntan en otro sentido. El hecho de que con El simpatizante Viet Thanh Nguyen ganase el año pasado el Pulitzer y el Edgar, el más prestigioso de los premios del género, es solo un ejemplo.

“Hay una generación de escritores jóvenes comprometidos que le están dando al polar una fuerza nueva y que además escriben bien, que es muy importante”, resume Víctor del Árbol, escritor español de novela negra. Aun así no parece que la situación política mundial vaya a mejorar antes de que el género del noir, el polar, la novela negra o policial, que siempre será su lado más literario y más cercano a la sociedad de cada país, complete su renovación.

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