Tendencias

Una mirada a la ópera Pagliacci

La productora Macondo Art presentó la obra de Ruggero Leoncavallo (1857-1919) en el Teatro Municipal.

Pagliacci/Payasos, ópera dirigida por Leonel Fransezze

Pagliacci/Payasos, ópera dirigida por Leonel Fransezze Foto: Macondo art

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Taboada - crítico

00:00 / 14 de agosto de 2019

El domingo 28 de julio de 2019 fue la última presentación de Pagliacci/Payasos, ópera dirigida por Leonel Fransezze, con las actuaciones principales de Marcelo Gómez (tenor, encarna a Canio/Payaso) y Carolina Gómez (soprano, encarna a Nedda/Colombina). La orquesta estaba dirigida por Weimar Arancibia y el coro, por Alejandra Wayar. La música y el libreto fueron escritos por Ruggero Leoncavallo (1857-1919). La obra se cantó en su idioma original (traducida en tiempo real con el texto proyectado).  

Como fue la última función (si hay otra, el espectador no tendrá en mente la presente nota), creo que puedo sintetizar la trama para familiarizar al lector: Canio, un hombre que representará luego al Payaso, se da cuenta de que su mujer, Nedda, que representará luego a Colombina, lo está engañando con Silvio, un espectador.

Tonio, un ser deforme y contrahecho (que está enamorado de Nedda y ella lo rechaza), que representará luego a Taddeo (una suerte de bufón), llama a Canio cuando Silvio y Nedda se están declarando mutuamente su amor. Canio, celoso, no vio el rostro de Silvio y al preguntar a Nedda quién es su amante, ella no querrá darle su nombre. En la segunda parte de la ópera se podrá ver el recurso del teatro dentro del teatro; entonces, actuando, Colombina coqueteará con el Arlequín y se burlará de Taddeo. Aparecerá Payaso y mientras da al público lo que quiere, es decir, una función (el Pueblo está sentado cerca viéndolos), el Payaso finalmente saldrá de control, y, matando primero a Nedda/Colombina, luego a Silvio/amante, acabará la obra.

Las voces de los protagonistas eran sólidas (Marcelo y Carolina pertenecen al Coro del Teatro Colón, de Argentina). Después de los protagonistas, Tonio/Taddeo (Rafael Aguilar), Silvio (Pablo Estrada) y Arlequín (Henry Villca) fueron los que pusieron el esfuerzo boliviano de estos cantos. Luego, el coro representó al Pueblo; también había niños (a veces las voces de los niños se perdían con la música).

La música cumplió su rol y hubo una conexión muy certera entre libreto, música, voces y luces que hizo de Pagliacci una obra bien montada. Hasta la escenografía estaba bien armada.

Concretamente desde lo visual, resaltaba cierta saturación, en otras palabras, un fuerte uso de la presencia en el escenario. El Teatro Municipal es uno de los más grandes de la ciudad, pero con los músicos tocando el espacio se redujo considerablemente. Esto producía un efecto de saturación de la escena porque había mucha gente; el coro estaba realmente apiñado. Esto no es condenable teniendo en cuenta la gran cantidad de gente que trabajó para que todo saliera bien.

¿Qué esperaba el público de una obra cuyo título es Payasos? Pues bueno, siendo negativos, se puede decir que se esperaba que hicieran payasadas. Pero esta idea del tono vulgar de una obra dramática, es decir, de comedia, estaba contrastado con la problemática que encarnaba Canio/Payaso, una especie de tragedia moderna de la gente pobre. Esta amalgama de contrastes hizo llevadera la ópera y se podría decir que los engranajes dramáticos de la misma estaban en este vaivén violento de emociones y afectos, aunque éstos oscilaban sobre todo entre el “amor” y la “venganza”. Este mecanismo dio a la ópera su densidad.

Quizá lo que más atrajo la atención de este humilde cronista fue el “teatro dentro del teatro”. Este recurso famoso (se lo puede encontrar en obras dramáticas como Hamlet) fue de una extraña belleza: en el teatro de los payasos se representó una muestra de la Comedia del Arte, con los personajes de Colombina, Arlequín, Taddeo (un bufón) y Payaso.

Este recurso pudo ser apreciado como una puesta en crisis. Efecto muy usado, sirvió para demostrar que la tensión humana del afecto de los celos llevaba, hace tiempo (esta afirmación es irónica), a que los seres humanos se mataran los unos y a los otros, haciendo de esta manera un comentario y una apoteosis del asesinato.

Comentario: nada puede (nada podía) ser ya solucionado con las palabras; es necesario, para los personajes, matar. Apoteosis: Payaso, dentro del teatro de la Comedia del Arte, es burlado por Colombina y Arlequín, y cuando Payaso entra en crisis gritando “Il nome, il nome!” (“¡El nombre, el nombre!”) exigiendo la identidad del amante, hace salir a Silvio de los espectadores después de haber matado a Colombina. Esta apoteosis, me parece, no logra la catarsis en nuestra época. Recordemos que la catarsis es un efecto que Aristóteles delega sobre todo a la tragedia griega: los espectadores observan una representación que les purifica los afectos al verlos, por así decirlo, separados de sí mismos (por eso, al contemplar la situación trágica, se purgan del afecto del otro).

En el caso de Pagliacci no concibo una catarsis porque, si bien el celo es un afecto “universal”, la manera cómo devino el conflicto era hasta cierto punto algo maniquea (amor y venganza eran los polos entre los que oscilaba); no achaco esto a la puesta en escena de Pagliacci, sino a su “trama”. La apoteosis, por eso mismo, presupone a un público dispuesto a consentir el asesinato por amor; el Pueblo espectador no hace nada para cambiar esta “tragedia” moderna; la venganza está antes que la ley: ella es la ley. A Payaso le espera la muerte pues en el contexto en que fue escrita la obra (la primera función data de 1892) todavía se colgaban (supongo) a los criminales en la horca. Estas muertes intentaban purgar afectos de una modernidad italiana que todavía estaba creciendo y cree en la venganza sangrienta como forma de solucionar problemas (y/o como trama para producir contenidos).

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia