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Una mirada al país más opaco

Un documental sobre el cine propagandístico de Corea del Norte desata la polémica

PROPAGANDA • Los ciudadanos viven rodeados de loas al líder absoluto. Foto: pamqueretaro.com

PROPAGANDA • Los ciudadanos viven rodeados de loas al líder absoluto. Foto: pamqueretaro.com

La Razón (Edición Impresa) / Toni García - El País

00:00 / 21 de junio de 2015

La realizadora australiana Anna Broinowski presentó la semana pasada, en el Atlantida Film Fest de Barcelona, su trabajo más polémico: Aim high in creation, un documental con el que consiguió acceder a Corea del Norte, el país más opaco del mundo: “Una amiga me regaló en broma el manual para hacer cine de Kim Jong Il. Comprendí que el dictador entendía muy bien los mecanismos del cine y —obviamente— los de la propaganda. Poco después, una compañía de gas intentó perforar cerca de Sidney, y me propuse pararla haciendo un corto con los consejos  que da el libro. Entonces pensé que sería increíble que los mismos cineastas norcoreanos me explicaran cómo funciona el cine propagandístico”.

DESINTOXICACIÓN. La aventura tuvo respuesta positiva después de una campaña de insistencia epistolar. “Envié cartas a cualquier embajada norcoreana que pude encontrar en el hemisferio occidental”, dice Broinowski, que finalmente consiguió lo imposible: acceso total a la industria cinematográfica norcoreana. Después de entregar su móvil y su pasaporte, Broinowski pasó tres semanas en el país, charlando con directores y actores, que producen entre 30 y 40 películas al año, y acabó descubriendo un paisaje singular: “Una especie de desintoxicación del capitalismo, una suerte de serenidad respaldada por el hecho de que no había publicidad, todo eran paisajes pintados a mano, y las personas parecían salidas de la Rusia de los años treinta, o de Mad Men... Por supuesto, en cada edificio había un eslogan que advertía a la población de que debía seguir al amado líder”, cuenta la directora australiana.

IGNORANCIA. Este tiempo en el  que llegó a tener libertad de movimientos gracias a la complicidad de sus colegas norcoreanos le sirvieron a Broinowski para hacerse una composición de lugar lejos de la realidad occidental: “Por un lado está la propaganda gubernamental, que habla de un país socialista feliz donde se vive de maravilla; por otro están los topos de Corea del Sur, que filtran informaciones dudosas, o directamente falsas; y finalmente, los expertos sobre Corea del Norte que no tienen ninguna fuente directa en el país. Nuestro conocimiento de aquella sociedad se limita a saber que es una gran secta, una religión que sigue a sus propios dioses, en este caso los Kim Jong”.

El documental levantó una polvareda descomunal en países como EEUU, donde se acusó a la australiana de ser una mera propagandista del régimen. “Hubo reacciones muy virulentas, pero estaba preparada. Me parece —y esto es lo que he dicho siempre— que no podemos culpar a 24 millones de personas por una dictadura que ellos no controlan. Pero jamás he hecho apología del régimen. Simplemente intenté contar, a través de su cine, la historia de un país que vive en el vacío desde 1953. Creo que hay pocas cosas tan interesantes como esa”.

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