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La mujer y los objetos

‘Vértigo’ utiliza el teatro, la danza y los audiovisuales para indagar en cómo el género marca las relaciones personales, animando a la reflexión pero sin ofrecer respuestas

La mujer y los objetos. Foto: Ignacio Prudencio

La mujer y los objetos. Foto: Ignacio Prudencio

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador - Periodista

00:00 / 09 de agosto de 2015

La barra de un club de striptease es un objeto, el banco de un parque es un objeto, una cámara de video es un objeto… ¿y una mujer? Lamentablemente, muchas veces también lo es, según Vértigo, la obra que la dramaturga Camila Urioste y la bailarina Camila Bilbao presentarán desde el jueves hasta el domingo en el teatro Nuna. Los medios de comunicación son, en opinión de ambas, los responsables principales de esta cosificación. Pero las propias mujeres “tienen buena parte de culpa” porque en bastantes ocasiones dejan que la importancia que los hombres dan a su imagen condicione las relaciones entre ellas mismas, y su vida en general. “Esa visión de objeto te da un cierto poder y en muchos casos lo aprovechas”, reconoce Bilbao.

Vértigo utiliza los recursos de la dramaturgia, la danza, el video, la música, la escenografía, y la iluminación para reflexionar sobre el universo femenino, para plantear preguntas sobre lo que es ser mujer. Urioste sonríe al describir cómo ha sido el montaje de la obra: “el proceso creativo fue muy lindo, hemos colaborado por primera vez con otro tipo de artistas, les hemos dado una libertad bastante grande y la han usado bien”.

Los responsables de la escenografía y de la música han propuesto sus ideas, que en principio no han sido soluciones fáciles sino problemas que han hecho a Bilbao y Urioste replantearse parte de lo ideado y adaptarlo. “Hemos logrado crear algo que es bastante mayor que la simple suma de esfuerzos individuales. No es que yo baile y ellos me lo musicalicen, es más que eso, es mantener un diálogo y darnos libertad para que unos y otros creemos”, asegura Bilbao.

relaciones. La obra no tiene un argumento claro, pero relata el tránsito de una mujer por un ciclo que va de una primavera a la siguiente. Igual que el año, ella pasa por diferentes estaciones, se transforma y va de “la sensualidad a la violencia, del dolor a la redención, de la competencia a la complicidad… siempre cambiando su estado de ánimo”.

Así, lo que se relata, sobre todo, es la relación entre las mujeres, cómo actúan frente a sus madres, sus hijas, sus amigas, sus jefas o sus subordinadas. “Nos queremos referir a cualquier problema que tenemos entre nosotras y con nosotras mismas, más allá del trato con el hombre”, explica Urioste, que pone de ejemplo cómo la relación con la madre “aunque empodera, es muy compleja: también te puede hacer sentir frágil e indefensa. Y pasa lo mismo con las amigas y hermanas. Tu gran apoyo en un momento delicado puede ser también quien algún día te haga el mayor daño. La competencia, la envidia que se da entre nosotras no es un cliché ni un tópico”.

En una sociedad estructurada por y para el hombre, la mujer ha encajado tradicionalmente como un objeto. Bilbao lamenta que “lo importante para nosotras es ser deseable, y se es deseable según unos parámetros que marcan ellos. Ahí entra la comparación y la competencia con las demás, porque tienes que imponerte e impresionar a un hombre que está enfrente”. Para liberarse de esta servidumbre construida con ideas y sentimientos que las mujeres tienen metidos adentro desde hace muchas generaciones, Urioste y Bilbao recurren, precisamente, al objeto: a la cámara de foto y de video, a la barra de un club de striptease y a un banco, protagonistas —junto a los textos y el montaje audiovisual— de Vértigo.

CONTRASTE. Estos elementos escénicos se mezclan con la danza y el texto, que comunican una sola idea pero de forma opuesta. El texto —enriquecido por una cadencia musical y por toques de humor— se compone de monólogos y diálogos que dejan al espectador decidir si está escuchando a una mujer que habla consigo misma o con otra persona. Pero el mensaje queda claro: “Lo he redactado para que sea muy concreto y no haya dónde perderse”, dice Urioste. Así se crea un contraste con el lenguaje propio de la danza, que —como señala Bilbao— “cuenta lo mismo pero de una forma más abstracta, a través del cuerpo”.

La idea de la obra viene de muchos años atrás y las dos artistas la fueron desarrollando juntas hasta que tomó la forma definitiva, de tal manera que no ha sido antes el texto ni la danza, ambas artes siempre han ido a la par. Porque Bilbao y Urioste son amigas íntimas de toda la vida, desde el colegio, así que las innumerables charlas y discusiones que han mantenido les ha aportado material más que suficiente para retratar en Vértigo cómo se relacionan las mujeres.

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