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La mujer que trastornó la arquitectura

Un joven boliviano que trabajó cuatro años en el estudio de la recientemente fallecida Zaha Hadid comenta su obra, que lleva al límite el dibujo y la pintura

La Razón (Edición Impresa) / Iván Valdez - arquitecto

00:00 / 25 de abril de 2016

La muerte es difícil de asimilar, y más cuando alguien parte prematuramente como Zaha Hadid, quien falleció en Miami el 31 de marzo, a los 65 años. Es particularmente duro de aceptar que uno de los contados personajes que logran extender su trabajo más allá de las fronteras geográficas que lo contienen y aún más allá de su propia disciplina, nos abandone súbitamente. Hadid muere con 60 proyectos activos en más de 12 países según un reporte de su oficina, compuesta por 400 personas y ubicada en pleno centro de Londres.

Hija de un ministro de Finanzas iraquí antes del régimen de Sadam Husein, Zaha es educada en un colegio de monjas católicas en Bagdad y en liceos privados en Suiza antes de obtener un título en Matemáticas en la American University en Beirut. Con 22 años comienza a estudiar Arquitectura en la Architectural Association School of Architecture de Londres, en 1972. Su talento y su manera diferente de hacer las cosas atraen la atención de Alvin Voyarsky, el director, mientras cursaba talleres con León Krier y después con Rem Koolhaas y Elia Zenghelis, quienes la entrenaron en el dibujo complejo y la introdujeron al trabajo de la vanguardia rusa de principios del siglo XX.

Los suprematistas, especialmente Malevich, permanecieron como una gran influencia desde sus inicios, especialmente teniendo en cuenta que comenzó su carrera en pleno pico del posmodernismo. “No podemos continuar como decoradores de torta”… solía decir. Ya quedaba claro que Hadid no se adscribiría a ningún movimiento historicista.

En particular El Lissitzky guió a Hadid a extrapolar sus búsquedas espaciales hacia lugares que ni los mismos fundadores de esta escuela habrían visualizado llegar, en una carrera de 39 años siempre comprometida con la producción de conocimiento, la investigación y la innovación. Deja un gran cuerpo de trabajo, con la suficiente masa crítica como para seguir cuestionando: ¿Qué tipo de conocimiento disciplinar y cultural debe la arquitectura producir aquí y ahora? ¿Con qué nuevas herramientas y métodos avanzados?

COMPLEJIDAD. Compromiso con el conocimiento, la investigación y la innovación; esto se hace evidente en su oficina de arquitectura, que se apodera de un gran edificio victoriano de ladrillo visto que fue un colegio de señoritas y toma cada exaula para crear un estudio donde se ven grupos de arquitectos absortos en su trabajo, usando audífonos y no despegando los ojos del computador. La oficina está compuesta por más de 13 estudios, conformando un espacio vibrante. El carácter de oficina-escuela se ve acentuado por las charlas que cada mediodía ocurren en el auditorio, donde uno puede ver los nuevos desarrollos en fabricación digital o encontrarse con el mismísimo Koolhaas. Mientras la mayor parte de oficinas internacionales importantes comenzó en el nuevo milenio a crear grupos de programadores y gente especializada en el manejo de geometrías complejas para poder resolver sus problemas de diseño, en la oficina de Hadid saber lidiar con la complejidad —ya sea conceptual, geométrica, formal o sistémica— es condición necesaria para todos.

Tanto las influencias suprematistas como sus múltiples viajes enfocaban su atención sobre el paisaje y la geología, generando una actitud transescalar hacia el diseño, moviéndose en un rango de escalas que abarcan la resolución de planes urbanos los edificios públicos y el diseño de objetos y mobiliario, todo ello generado con estrategias diagramáticas “prestadas” de estas disciplinas.

GEOLOGÍA. Hadid atrajo desde muy temprano la crítica de quienes calificaban a su oficina como “un estudio de pintura”. Investigaba temas fundamentales que le darían a su oficina una profundidad carente en otras, que se basaban en la moda impuesta por las revistas. Hadid impulsó su innovación llevando al límite el dibujo y la pintura. Sus búsquedas eran totalmente propias, dibujaba página tras página con patrones organizacionales de diferentes clases, desde flujos y agregaciones de burbujas hasta planos de suelo múltiples, dobleces, pliegues... muy comunes en las imágenes mediáticas actuales pero muy raras en la arquitectura de aquella época. Búsquedas que dieron como resultado proyectos como el Cardiff Bay Opera House (1995), con múltiples planos, escaleras y rampas que emergen del edificio para fundirse nuevamente con el exterior.

Obsesionada por los procesos de fragmentación y fractura geológicos, colapsaba sistemáticamente geometrías una contra la otra, reemplazando fuerzas gravitacionales unidireccionales por fuerzas multidireccionales y casi antigravitacionales. Producto de estas técnicas es el proyecto ganador del concurso The Peak, un club deportivo en Hong Kong, propuesta que generó mucha atracción y controversia, tan avanzada que parecía creada en un espacio no gravitacional. Este tipo de propuestas anticipó el posterior giro de Zaha hacia la computadora, no sin antes agotar las posibilidades productivas de sus herramientas analógicas como la perspectiva extrema, los relieves de cortes y fachada, los dibujos tipo rayos x sobrepuestos o yuxtapuestos.

FLUIDO. Durante los primeros 10 años de ardua investigación, sin construir virtualmente nada, su visión termina de tomar forma. Luego viene la Estación de Bomberos para la fábrica Vitra en Alemania, proyecto que probó la constructibilidad de su visión, y en el que juega con la percepción fugando e inclinando cada uno de los tres volúmenes hacia puntos diferentes: espacio y forma ya no eran un todo coherente, el espacio era conflictivo, indeterminado e irracional y jugaba con la percepción de los sentidos.

Vitra rompió el hielo y progresivamente la lista de proyectos construidos fue creciendo. Entre los más representativos están el Rosenthal Center for Contemporary Art en Cincinnati, el MAXXI en Roma, el Museo del Transporte de Glasgow, Guangzhou Opera House en China, la Biblioteca y Archivos Centrales de Montpelier, el Heydar Aliyev Cultural Center en Baku, el complejo de oficinas y entretenimiento SoHo Galaxy en Beiging, el London Acuatics Centre, y la Innovation Tower en Hong Kong. Todos siguen los principios de la forma abierta, el espacio fluido, la complejidad y la diferenciación graduada.

Los honores y premios acompañaron el éxito: Hadid fue la primera mujer en recibir el Pritzker (considerado el Nobel de la Arquitectura) en 2004. En 2012 en el palacio de Buckingham se hizo Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico y casi vergonzosamente tarde, la RIBA (Royal Institute of British Architects) la premió con su Medalla de Oro, en 2015. Fue consagrada así como la más grande arquitecta de todos los tiempos.

Durante décadas sus diseños trastornaron la disciplina. Su éxito generó anticuerpos en un sector fundamentalista que, observando desde lejos, objetó sus diseños tildándolos de formalistas o elitistas, lo que resulta en una pérdida total de perspectiva. Es toda su innovación la que cuenta como contribución generosa hacia la disciplina, una persona que se animó a ir más allá de lo “posible” en una sociedad que te dice constantemente que te conformes con lo que se “considera” posible.

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