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Las navegaciones poéticas de Álvaro Mutis

La obra poética del desaparecido escritor está reunida en el volumen titulado ‘Summa de Maqroll el Gaviero’

pintura de Álvaro Obregón

pintura de Álvaro Obregón

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 29 de septiembre de 2013

Que la poesía de Álvaro Mutis es un río, es cosa que se descubre al leer el primer poema de su Summa de Maqroll el Gaviero, poesía 1948-1988, cuando el lector se encuentra con la poderosa imagen de la creciente, con el bronco rumor del agua que “se apodera del corazón y lo tumba contra el viento”. El descubrimiento se confirma mientras se recorren sus páginas: un viaje, o muchos: navegaciones por aguas densas o torrenciales, transparentes y profundas. Hacia el final, en el último poema del libro, es una certeza que se celebra con la lluvia, con su intacta maravilla y “su paso sorpresivo y bienhechor / que nos preserva del olvido y de la mansa rutina sin memoria”. A esta altura, ya sólo una sorpresa es posible: la de saber que entre el primer poema y el último han pasado acaso 40 años, y que en ambos, una única presencia se impone, conformando con la misma vehemencia la secreta trama de su obra: el agua que viaja y su dominio.

Ya se sabe que el agua que viaja es desde antiguo metáfora del tiempo: el olvido y la memoria que transcurren —discurren— hacia ese mar que es el morir. Así, si de alguna idea habría que echar mano para nombrar a la poesía de Mutis, ésta sería quizás, la idea del tiempo. Salvo que su poesía no está hecha de ideas sino de imágenes, de presencias y sucesos, y que el tiempo no contiene sino pasa. Pasa, y a su paso, como los ríos en su naciente en las altas montañas cordilleranas, socava y arrastra; y como los mismos ríos en su vasta desembocadura en las Tierras Bajas, se extiende y deposita. Así arrastra y deposita sus materias el poema en las orillas de la poesía: “angustias, días en blanco en espera de nada, vergüenzas de la carne, faltas de amistad, deudas nunca pagadas… navegaciones por aguas emponzoñadas y climas malignos… en fin, todos los pasos que da el hombre usándose para la muerte”. Pero también “la fiebre de la infancia, la lenta convalecencia en las tardes de un otoño incesante, los amores que se prometían sin término”, las ciudades encontradas, las historias redimidas del yugo de la Historia, los milagros y las epifanías. En fin, la transfiguración de la palabra y la vida, la “fértil miseria” que hace de la obra del poeta colombiano uno de los puntos más altos de la poesía hispanoamericana.

Summa de Maqroll el Gaviero reúne la obra poética de Álvaro Mutis comprendida entre 1948 y 1998. Después de esa fecha no volvió a publicar libros de poesía, su trabajo se concentró, como se sabe, en la serie de novelas que tiene como personajes, precisamente al Gaviero: La nieve del almirante (1986), Ilona llega con la lluvia (1988), La última escala del Tramp Steamer (1989) y Amirbar (1990), entre otras. Los títulos emblemáticos de su trabajo poético son, entre los recogidos en esta Summa: Los elementos del desastre (1953), Los trabajos perdidos (1965), Reseña de los hospitales de ultramar (1955), Caravansary (1981), Los emisarios (1984) y Un homenaje y siete nocturnos (1987).

Desplazamiento en la corriente del agua, materia del tiempo que devasta e inventa o, más bien, que al devastar inventa, la poesía de Mutis está poseída por un ánima que es, al mismo tiempo, su navegante y su náufrago: Maqroll el Gaviero. Un personaje, un nombre, una cifra, un espíritu que se encarna y reencarna en poemas y momentos diferentes de la obra—y que de la poesía saltó después a poblar de aventuras las novelas de Mutis—; una presencia, una huella que se impregna también en sus ausencias. Maqroll: viajero impenitente, avizor de distancias y experiencias extremas, héroe y antihéroe, rebelde de la estirpe de los desesperanzados; conciencia del poeta pero también su máscara.

La obra poética de Mutis reunida es esta Summa de Maqroll el Gaviero puede ser leída quizás como un largo poema de viaje. Un poema de viaje con sus estaciones y demoras, con sus pasajeros transitorios y la constancia de sus peregrinos, con sus adioses definitivos y sus retornos recurrentes. Es un viaje de direcciones y dimensiones desde siempre abiertas a una dilatada geografía hecha de paisajes físicos y humanos, espirituales y morales. Decir que el Gaviero es el navegante y el náufrago de ese viaje, la consciencia y la máscara del poeta, es apuntar, siquiera indicativamente, a las configuraciones —las formas— de esa empresa poética.

Poesía de personajes y sucesos, de héroes y empresas, la poesía de Mutis es una narración o, para usar una palabra más acorde con su ámbito: una relación. Cuento y canto, su poesía es también una oscilación que puede modular tanto el despliegue de la palabra, hasta la exuberancia del color y la imagen en largos párrafos, como también su retraimiento hasta la concisión y la transparencia, para hacer visibles los hechos desnudos de retórica.

El universo de Mutis se nutre de una constatación: la experiencia del hombre en el mundo está contaminada desde siempre por las señas de su propio destino inevitable: la muerte. O, lo que es lo mismo, está contaminada por la conciencia del tiempo que denuncia a cada paso la presencia de la muerte.

Esta conciencia es la que le brinda el carácter a su personaje y una densidad insustituible a su poesía. De ella emerge la lúcida desesperanza de Maqroll y sus empresas, de ella también el trabajo de la palabra para fertilizar la miseria de un mundo sometido a la muerte.

Así, el viaje del poeta es también un viaje de reconocimiento: una escritura que es al mismo tiempo una lectura. Lectura minuciosa, atenta a los indicios y las voces que delatan las señales, las huellas de la muerte en el mundo: la soledad, la enfermedad, el vacío de sentido, el cuerpo atrapado en el deseo, en suma, todo lo que El Gaviero llama sus “hospitales de ultramar”. Esta escritura convertida en lectura deviene, a su vez, en un mapa: el libro. Sin embargo, contra la miseria del mundo, Maqroll —o lo que es lo mismo: la conciencia del poeta— no opone ningún otro. Tal es la radicalidad de su desesperanza, pero también la de su lucidez: contra la muerte —el tiempo— sólo se erige la precariedad de la palabra, su transitoria magia, capaz, empero, de transformar la miseria del mundo en poesía.   

Profundamente unitaria, no sólo por la mirada que echa al mundo sino también por sus lenguajes, la Summa de Maqroll el Gaviero no es en modo alguno uniforme. De libro a libro, a lo largo de 40 años, la escritura de Álvaro Mutis es también un tránsito: un descubrimiento de lenguajes, un desplazamiento de las configuraciones del poema, una invención y reinvención permanentes.

Así, si fuese posible hablar de un primer Mutis, se hablaría de un lenguaje de poderosa carnalidad, de imágenes sorprendentes y coloridas y ritmos encantatorios; y si se pudiera hablar de un último Mutis, se debería hablar de una corriente despojadora de la palabra, de un amor por la nitidez que se acerca a la transparencia. Paralelamente, podría hablarse del imperio de la lúcida desesperanza que se desplaza hacia ámbitos e historias de epifanía y celebración. Pero no cabe hablar ni de un primer ni de un último Mutis, sino de esta Summa y su inagotable entramado de revelaciones de la más alta poesía.

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