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Una obra capital de la historiografía boliviana colonial

Este es el texto leído por Carlos Mesa Gisbert en la presentación del libro ‘Producción y comercio en la historia de Bolivia colonial’ de Laura Escobari

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Mesa Gisbert - historiador

00:00 / 10 de agosto de 2014

El libro que presenta Laura  Escobari será de aquí en más un referente imprescindible para la  comprensión de la historia económica colonial, no solamente de Bolivia y los dos virreinatos de los que formó parte la Audiencia de Charcas, sino de toda América del Sur. La obra describe en esencia una aventura histórica, una aventura extraordinaria en la que se combinan dos líneas de trabajo, aspecto que hay que destacar de manera especial.

La autora muestra un gran rigor  en la investigación de archivos en las fuentes primarias, en el cotejo de información, en la bibliografía secundaria y en la metodología usada. La afirmación que hace de que no hay un dato sin fichar —lo que es rigurosamente cierto— nos deja  abrumados, no queda un cabo suelto y hablamos de los siglos XVI, XVII y XVIII. Fletes, testamentos, testimonios, pagos de impuestos…

La introducción del libro nos da un panorama integral de los temas que desarrollará Escobari en sus páginas, introducción que propone la hipótesis y abarca la mirada general sobre el intercambio comercial y la economía colonial de la América hispana, explicando además por qué escoge los puntos geográficos que enlazan la “trama” a través de su gravitación específica: la ciudad de Los Reyes, La Plata, Potosí, La Paz, Buenos Aires… Esta mirada supera los lugares comunes que el gran público tiene sobre el rol de cada uno de esos puntos geográficos, particularmente aquellos que dinamizaron la economía de la Audiencia de Charcas.

La información central, las referencias y notas a pie de página, los hechos fríos, los datos estadísticos se mezclan y cobran vida gracias a las experiencias individuales de los arrieros que transportan una recua de mulas desde Potosí hasta Arequipa, los contrabandistas que vulneran la normativa de la Corona, los capitanes de barco que navegan en ese increíble Mare Nostrum que los españoles lograron tener y tuvieron por casi dos siglos, nada menos que ese “pequeño espacio” denominado océano Atlántico, que en su comparación con el mar Mediterráneo, el Mare Nostrum de los romanos, nos deja boquiabiertos. La construcción de historias individuales e historias colectivas nos permite entender la historia grande del desarrollo económico y comercial de tres siglos de Corona española.

Eugenia Bridikhina subraya con precisión algo que comparto, la lógica de que en este espacio sudamericano, específicamente en el eje entre Los Reyes (Lima) y Buenos Aires, se dio un escenario económico  propio, autónomo e independiente que convivía con los intereses de la metrópoli, pero se estructuraba sobre su propio eje. Se dio en ese tiempo una dinámica comercial y de intercambio más allá de los intereses de la Corona fundados en la producción minera, que debería alimentar y que de hecho alimentó al imperio.

En ese sentido es muy interesante la observación de la autora a propósito de que la perspectiva de los reyes católicos no fue necesariamente la de los Habsburgo, a pesar de que el  momento de esplendor de la dominación española en el Nuevo Mundo tuvo que ver con Carlos I y Felipe II. Está claro que ninguno de los monarcas alcanzó a vislumbrar siquiera lo que representaba América para sus reinados, salvo por el interés específicamente monetario vinculado a su mirada europea. Hay una ruptura entre el proyecto original de los reyes católicos y el razonamiento más bien chato de sus sucesores que vale la pena dejar sentado como elemento potencial de estudios específicos.  

Se combinan así dos aspectos; primero, el seguimiento que hace Escobari de la relación entre América y la metrópoli y, segundo, la construcción de un riquísimo espacio interior de mercado y de intercambio que tuvo una significación fundamental para las colonias y para América como una entidad que definió no solo un interland sino el perfil de un espacio con personalidad propia y distinta del modelo occidental europeo español.

El libro reformula la lectura de lo que parecía obvio al hacer un seguimiento de la economía virreinal de una manera integral. Es evidente que el objetivo del poder era producir riqueza tangible a partir de la explotación intensiva de minerales, en el contexto de una economía extractivista. Para que eso fuese posible era imprescindible el sustento material de quienes hacían realidad esa explotación, sustento vinculado a la agricultura, la alimentación, la vestimenta, los requerimientos globales de la sociedad, lo que estaba bastante más allá de la producción minera como tal. Partiendo de esa totalidad, Escobari hace un análisis exhaustivo de los puntos más significativos de la producción agrícola, de dónde venían los cereales, qué tipo de consumo alimentario fue el más importante, cuál fue la significación de la producción de la hoja de coca. Lo hace de una manera razonada y crítica, basada siempre en la información debidamente documentada y cotejada. Se suponía, por ejemplo, que Cuzco fue el principal productor de coca de la región, pero la información de provisión de la hoja demuestra que la producción de coca en La Paz era mayor. ¿Qué lo explica? Problemas de depresión económica, de comunicación, de espacios de control económico que van desmenuzando las razones del funcionamiento económico de un producto; cómo subió, por qué se deprimió, cuál fue el efecto de las dramáticas epidemias que vivió Potosí en un determinado tiempo de su historia que afectaron severamente su condición productiva.

Interesantísima, por la pulcritud del tratamiento de los datos, es la referencia al papel relativamente secundario de Santa Cruz en la economía de la Audiencia, al margen del pequeño gran detalle de que en Yungas también se producía azúcar, muy valioso enterarse de que había una febril competencia entre la producción de azúcar en el Cuzco y la producción de azúcar en Santa Cruz.

En este tema se destaca la compleja relación que afrontaba Santa Cruz, dadas sus  dificultades para integrarse al mercado de  producción y consumo con el centro andino La Plata-Potosí. Por ello se puede inferir las dificultades de integrar la idea de que Santa Cruz era y parte de la Audiencia. No cabe duda de que el sentimiento de marginación y las desventajas comerciales generaron las bases de la reivindicación autonómica, que explica a través de la historia colonial mucho de lo que pasó con el desarrollo del oriente boliviano.

Son muy importantes las páginas en las que como contrapeso al triángulo sustentado en el Pacífico y el Atlántico Sur, marcado por el intercambio entre La Plata y Buenos Aires y La Plata y Lima, Escobari nos abre la importante dimensión de la relación de la Audiencia con Brasil, mucho mayor de la que un lector no avisado podía presumir, una relación marcada no solo por la economía legal, sino también por la ilegal. A esto hay que sumar el papel crucial que jugaron determinadas élites lusas en la conquista de los mercados andinos del virreinato del Perú.

Eso es lo que hace del libro de Escobari una historia fascinante. No es una historia basada específicamente en cifras, es la historia de las pequeñas y fundamentales historias individuales que nos demuestran palmariamente cómo funcionaba el mecanismo de gobierno, el de la producción, el de consumo, el del transporte, el de los impuestos, también el de la ilegalidad.

CONTEXTO. Desde el punto de vista didáctico el libro tiene una primera parte imprescindible que nos coloca en contexto: pesos y medidas, valores, volúmenes… para que el lector pueda entender la abundante y precisa información estadística. Desde la moneda española de referencia, los maravedíes, de origen árabe, hasta el peso fuerte.  

La historia pequeña y la historia grande se mezclan dentro de una impresionante realidad, cuyo centro casi mágico para los bolivianos es Potosí. La exportación de la plata potosina con diferentes destinos, el principal pero no el único de ellos la metrópoli, tuvo que ver con la exportación de 800 millones de pesos plata a lo largo de 238 años, a un promedio de 7 millones por año, en comparación con minas equivalentes en México que tenían un promedio anual de explotación de dos millones de pesos plata.

Los cuadros específicos muestran la curva de producción que refleja el punto culminante, la edad de oro de la Villa Imperial en el periodo 1580-1630. Vienen luego las explicaciones que aclaran por qué se produjo un decrecimiento de la producción argentífera. Tecnología, mercados, declinación de la ley, productividad de los mitayos, etc. La autora describe un proceso conocido de modo muy general, el intercambio de producción minera por producción minera. La importancia neurálgica del azogue del mercurio en el proceso de amalgamación y beneficio de la plata y la significación vital que ese proceso tenía. Esto convertía a Potosí en altamente dependiente de dos lugares imprescindibles para su abastecimiento de mercurio sin los que el gran motor económico potosino se detendría: Huancavelica en el Perú y Almadén en España. Por otro lado, es imprescindible entender su dependencia del abastecimiento de alimentos desde varios centros de altiplano y valles. El Cerro y sus habitantes eran consumidores voraces de ambos. Vemos en sus páginas una sociedad que vivió, disfrutó, celebró, sufrió, padeció y peleó. Cómo olvidar el retumbar de la lucha entre vicuñas y vascongados en sus calles tortuosas.

Cuando se lee en detalle las listas de importación de mercadería a Sudamérica que Escobari detalla hasta el milímetro, nos abruma porque no solo vemos los productos que llegaban a la región, sino que a partir de esos datos hace una muy bella descripción de cómo vistieron muy probablemente las señoras más adineradas de las ciudades coloniales en la segunda mitad del siglo XVIII. Así, es posible contar con un identikit verosímil de género sustentada por el tipo de mercaderías importadas.  

Otro de los rasgos importantes de este proceso es la descomposición progresiva del monopolio mercantilista de España en la región, que acabó literalmente haciendo aguas por todos lados. Para entenderlo está el capítulo que trata del tráfico y contrabando en los propios galeones mercantes. Por qué razón España no producía barcos, cuál era la razón por la que tenía que importarlos, cómo funcionaban las flotas para transportar el material de exportación e importación, cómo operaban los corsarios y cómo se organizaba la defensa de cada uno de los espacios “calientes” (puertos y zonas marítimas de mayor flujo de mercancías). Todas estas cuestiones están tratadas en detalle, así como la progresiva debilidad imperial que terminó por destruir el control absoluto sobre ese Mare Nostrum. Parte de esa debilidad se vinculó directamente con el declive de España en el contexto europeo que la forzó a firmar tratados internacionales que la obligaban a aceptar la presencia inglesa en el comercio con sus colonias. Penetración que, por supuesto, tuvo un impacto muy fuerte sobre el sistema productivo americano.  

Sin embargo, la autora explica cómo fue posible que sobreviviera  la producción de los obrajes locales frente a la competencia. El tipo de consumidores era distinto. El consumidor de los textiles locales formaba parte de la base de la sociedad, mientras que las telas importadas eran adquiridas por sectores de mayores ingresos y clases altas.

Por todo ello es un libro fascinante. Un lector no especializado encontrará grandes temas, cifras, análisis comercial y económico en general, pero hallará también historias humanas, anécdotas muy interesantes que perfilan las pequeñas grandes historias de sus protagonistas. Escobari logra enlazar lo más difícil, la historia  grande con las historias cotidianas. No son caminos distintos, separados, paralelos, son caminos que confluyen y es en su confluencia que se puede comprender el pasado. Eso es lo que define el aporte más grande de este trabajo tan complejo.

PACÍFICO. Termino con un par de apuntes en torno a la vinculación secular de Bolivia con el océano Pacífico. Hay un capítulo sobre las quejas de los comerciantes y productores de Atacama en torno a los impuestos y abusos a los que eran sometidos por la Corona y la Audiencia de Charcas. Esos reclamos que son parte del bregar día a día de esos emprendedores, es la palmaria demostración de la integración de esa región del país, el Litoral, con la Audiencia, hoy Bolivia.

El segundo asunto: Arica como el puerto natural lógico y permanente de la Audiencia de Charcas-Bolivia. Vínculo imprescindible de la exportación de la plata potosina y de las importaciones diversas para las diversas poblaciones charquinas. Una de las tragedias históricas del país fue que el puerto de Arica no se incorporase, como sin discusión debió ocurrir por las razones anotadas, al territorio de la República de Bolivia cuando nació a la vida independiente el 6 de agosto de 1825. No es gratuito que hoy sea el puerto más importante por el que entre y sale la mayor parte de la mercadería de y hacía Bolivia. No lo es que la Potosí productiva no funcionaba sin ese vínculo.

Laura Escobari es una gran historiadora además de una buena persona, por eso estamos hablando de un gran libro que va a perdurar en el tiempo y va a ser bibliografía imprescindible. Asistimos a la presentación de una obra capital de la  historiografía boliviana colonial.   

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