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El olor de tu ausencia

Foto: El olor de tu ausencia

Foto: El olor de tu ausencia

La Razón / Pedro Susz K. - crítico de cine

00:00 / 11 de agosto de 2013

La desesperanza. Bien podría haber sido ése el título de esta atípica película boliviana, toda una sorpresa, por su asunto, por la forma de abordarlo, por el atrevimiento de su estructura narrativa.

La trama gira, literalmente, en torno a los comportamientos y actitudes de un grupo de muchachos más o menos vinculados a la automarginalidad “punk” desde la cual actúan su descreimiento de todo cuanto se inscribe en la ritualidad “normal” de los comportamientos sociales reglados por los dispositivos institucionalizados, comenzando por la familia y extendiéndose a todos los otros ámbitos.

Contraculturas, tribus urbanas son los variopintos rótulos endosados a un fenómeno con el cual los poderes y sus mecanismos no saben cómo lidiar, optando por la invisibilización y el escamoteo: todos saben que están allí, pero prefieren obrar como si no supieran. Eddy Vásquez bloquea las coartadas y nos encara de frente y sin medias tintas a esa suerte de nihilismo radical cerrado a cualquier salvación posible. PERSONAJES. Snake, Troy, Criss, Chely, Deko, Ángel son ejemplares prototípicos de una forma de estar en el mundo que no remite tanto al James Dean de Rebelde sin causa, a estas alturas casi un modelo naif de insubordinación, como a Wyatt y Billy (Peter Fonda, Dennis Hooper) los dos motociclistas rebeldes del clásico de la road movie Busco mi destino  (Easy Rider, Dennis Hooper, 1969). El acierto del guión y la dirección de Vasquez estriba en trascender la tipología salvaguardando la dimensión humana de sus personajes, merced también a una acertada dirección de actores, basada en el conocimiento de ese submundo y de su códigos, en una excursión introspectiva que desborda el mero afán descriptivo cuyo riesgo mayor residía en convertir la película en un catálogo de curiosidades bizarras.   

Película amarga, disparada de inicio con las imágenes de una tormenta por venir en la desolación del Salar de Uyuni, despojado de su carácter de postal turística. Comienza con dos de los protagonistas en medio de un cementerio de automóviles con la cámara girando en torno a ellos, encerrándolos simbólicamente en un círculo, lo sabemos de inmediato, sin resquicios. Termina de igual manera, es otro el espacio, son otros los personajes, el encierro persiste. En este caso, la cámara luego de circundarlos se va alejando hasta dejarlos reducidos a un punto negro perdido en medio de la blancura infinita, la nada.

No son empero únicamente los protagonistas quienes comienzan y acaban atrapados entre los desechos de la institucionalidad incapaz de contener y canalizar los malestares de quienes se resisten a someterse a las reglas del juego. Somos los espectadores quienes acabamos sumidos en el desasosiego que poco a poco y sin concesiones baja de la pantalla y anida en nuestro malestar.

Los protagonistas se mueven sin pausa, no van sin embargo a ningún lado. La suya es una agitación febril sin sentido, ni rumbo ni objetivo. Que la platea comparta tal angustia es virtud de un director seguro y convencido de las rupturas que resultaba preciso adoptar en la narración para construir la incómoda atmósfera que crece del primer al último minuto.

La migración es a lo largo del relato un espejismo recurrente. La madre de Deko está en España y hacia allí tratará de fugar Chriss, presintiendo que probablemente sea otra vía falsa clausurada. Por su parte, Chely ya fue a los Estados Unidos y volvió con todo el desencanto a cuestas. A esa posible ausencia alude un título algo desacomodado del grueso de la trama.SONIDO. La propuesta tiene sus altibajos. Problemas con el sonido directo vuelven inaudibles a ratos los diálogos. Es de los pocos rubros técnicos observables en esta puesta en general ajustada a las necesidades dramáticas de un relato claustrofóbico, circular —ya se dijo— falto de toda progresión narrativa lineal, como son las vidas de sus criaturas, atascadas en el sinsentido. Quizás también sean observables algunas redundancias. Por ejemplo, sin ser una redundancia en sentido estricto, la escena del asalto a la fábrica de cocaína sale sobrando.

Por el contrario, el estilo temporal y espacialmente fragmentado, el montaje entrecortado y las angulaciones de cámara no convencionales traducen la desintegración del entorno según la perciben esos muchachos desasistidos de horizonte.

El lenguaje utilizado en el 95% de los diálogos puede, previsiblemente, resultar irritante. No se trata, desde luego, de hacerse cómplice de la falsa moralina que sigue clasificando las palabras en “buenas” y “malas”. En este punto, El olor de tu ausencia reinstala el añejo debate acerca del naturalismo en el cine, es decir, sobre cómo las condiciones en las cuales se establece la relación del espectador con los eventos puestos en la pantalla determinan predisposiciones perceptivas que agudizan la concentración sobre cosas que en el entorno común se dispersan. En este caso, “el grano de la voz”, según decía Barthes, se hace notorio, pues cada vocablo dicho desde una gran pantalla cobra una particular densidad. POLÍTICA. A pesar de la insistencia del director sobre la apoliticidad del drama abordado, y de la manera de llevarlo a la pantalla, finalmente se trata de una película que abre interrogantes políticos de no escasa envergadura, sobre todo considerando que los personajes son arquetipos de jóvenes que, más allá de las formas individuales de manifestar su desacuerdo, están al margen del discurso y la historia oficial.

Para estos muchachos atrapados en una rebeldía autodestructiva, el “proceso de cambio” y sus presuntas o reales transformaciones macroeconómicas o la ampliación de los índices de inclusión resultan cuestiones tan distantes y ajenas como para el propio don Abad, el padre de Deko, micrero sobre cuyas condiciones de vida nos interiorizamos, sin necesidad de mayores alegaciones, con sólo ver el estado de su morada comida por la humedad.   

No faltarán cuestionamientos que encuentren en la película una manera de evasión de lo real y, por ende, la renuncia implícita a entenderse con los hechos cotidianos y sus vericuetos políticos. Porque, es cierto, como Deko y los demás, Vásquez circula a contra flecha de los “temas importantes” del momento. El detalle pasa por repreguntarse quién y por qué define cuáles son tales temas.

Ficha técnica

Título original: El olor de tu ausencia. Dirección: Eddy Vásquez. Guión: Eddy Vásquez. Fotografía: Eddy Vásquez. Montaje: Juan Carlos Gómez Millo, Daniel Bargach Mitre. Arte: Óscar Octavio Soza. Diseño de producción: Álvaro Ruiz. Diseño sonoro: Martín Miguel García Serventi. Sonido directo: Christian Vásquez, Gonzalo Ibáñez. Música: Ciudad Satélite, Timpana, Enfant, Loz Fermentadoz, Mr. Chely. Jefe de producción: Héctor Olmos. Producción: Rodrigo Bellot, Martín Boulocq. Eddy Vásquez, Javier Lazo. Intérpretes: Roberto Guilhon, Rodrigo Lizárraga, Christian Vásquez, José Rosales, Abad Camacho, Deko Bazura, Ángel, Flema, Daniela Gabela, Victoria Saba, Martha Salinas, Mariela Portugal, Carolina Arze. BOLIVIA/2013.

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