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El peligro está en la gente

El apocalipsis zombi de la serie ‘The Walking Dead’ utiliza la ficción para desnudar la realidad: que el hombre sigue siendo un lobo para el hombre.

Serie ‘The Walking Dead’

Serie ‘The Walking Dead’ Foto: bloody-disgusting.com

La Razón (Edición Impresa) / Juan José Cabrera - Comunicador

00:00 / 26 de febrero de 2017

Levantaré a los muertos y ellos se comerán a los vivos. Y los muertos superarán a los vivos: Diosa Ishtar (epopeya de Gigamesh).

El progreso de los medios masivos de comunicación ha multiplicado la difusión de la cultura popular, la cual muestra el funcionamiento interno de la máquina social de este siglo. La cultura mediática, según el filósofo Douglas Kellner, es ahora la dominante ya que ha reemplazado las formas de alta cultura y es lo que tiene el mayor impacto en el grupo más grande de personas. Es difícil encontrar un área que quede libre de la influencia de la industria de la comunicación.

La producción a escala de bienes y servicios ha tenido como resultado que éstos sean comprados de forma masiva, lo que genera una sociedad de consumo que rige también el comportamiento de quien produce cultura. Kellner asegura que lo más importante para las compañías mediáticas, como empresas que son, es que el producto resulte rentable. Por eso, su principal objetivo es que sus productos se vuelvan rápidamente populares y sean consumidos por las masas, por ejemplo a través de la televisión o internet.

Tanta competencia tiene, al menos, una consecuencia buena. Jorge Martínez Lucena afirma que nunca como ahora se habían visto series de tanta calidad cinematográfica, en guion y en la imagen. Éstas han producido una revolución en el mercado audiovisual y transmiten mensajes que son fácilmente asimilados por las inmensas masas mediáticas.

En 2003, en el mundo de los cómics, surge la serie The Walking Dead. Escrita por Robert Kirkman, trata sobre un mundo apocalíptico donde un grupo de sobrevivientes debe buscar refugio de inmensas hordas de zombis. Siete años más tarde este cómic llega a la televisión convirtiéndose en la actualidad en una de las series más exitosas. Tantos espectadores, tantos comentarios y tantos análisis derivan de lo acertadamente que la serie descubre y describe los imaginarios sociales —esquemas que nos permiten percibir algo como real y que permite pensar la existencia social— mediante los cuales las personas gestionan la imagen que tienen de sí mismas.

The Walking Dead utiliza las herramientas de la comunicación para manejar (y aprovecharse de) nuestro temor a lo desconocido, así como nuestro deseo de romper lo establecido. Para ello construye y dosifica mensajes donde están presentes las relaciones de poder que enmarcan las luchas por un liderazgo que garantice la supervivencia gracias al dominio de los bienes y los espacios, e incluso de las mujeres. Kirkman asegura que su serie sigue al cómic y explora cómo la gente se enfrenta a situaciones extremas y cómo ésta cambia en el proceso.

Según Martínez Lucena en su ponencia universitaria Infectados: la representación de lo humano en The Walking Dead, el éxito de la serie se basa en que los individuos de la sociedad posmoderna se vinculan con sus aspiraciones humanas mediante los metarrelatos —historias que en sí mismas incluyen otras historias de forma que su discurso abarca múltiples significados— y así se acercan a explicar la realidad en su totalidad.

Para otros estudiosos, la fascinación con el Apocalipsis se justifica como un medio para romper la monotonía del diario vivir, porque en ese mundo imaginario se cambian las normas sociales donde la mayoría de los seres humanos viven de forma autómata. De esta forma la televisión se convierte en uno de los principales emisores de mensajes que permiten al individuo escapar de su realidad.

Para la psicóloga Concepción López, por el contrario, uno de los principales problemas que conllevaría sobrevivir al fin del mundo —además de tener que luchar por los recursos— es el trauma de enfrentarse a la pérdida de todo lo conocido y querido, lo que genera reacciones postraumáticas muy complejas, como las que se observan en los personajes de The Walking Dead. En el cómic —más que en la serie, por la censura— los supervivientes construyen su propio marco referencial producto de la desacreditación que sufre la civilización anterior, a la que se responsabiliza de la epidemia zombi. Así, tabúes como el canibalismo, el incesto y el homicidio entran a formar parte del código socialmente aceptable en la vida apocalíptica.

En la versión televisiva, The Walking Dead pone sobre la mesa el siempre espinoso tema de la excesiva proliferación de armas de fuego en la sociedad norteamericana. Puede que el lugar donde se desarrolla la historia sea opuesto a la sociedad civilizada que conocemos, pero cualquiera que la vea con cierta atención encontrará el vínculo entre ambas. La conclusión a la que se llega es que pistolas o escopetas son más peligrosas que los propios zombis.

La serie se centra más en mostrar situaciones donde los sobrevivientes poco a poco van tomando decisiones que rompen las reglas de la sociedad. Así surgen líderes como Rick y el gobernador, quienes tratan de dirigir o crear una comunidad bajo los criterios morales que ellos consideran correctos. Mientras el exalguacil mantiene algunos valores de su vida anterior a pesar de los grandes cambios, su contraparte imparte reglas desde el punto de vista de las pérdidas que ha sufrido.

Al final de la sexta temporada hace su aparición Negan, que es un rival hijo de esta época televisiva, que busca matar para imponer su identidad, pero que no puede abandonar la megalomanía de los clásicos malos de ficción. Este nuevo villano —mediante las torturas psicológicas más desalmadas— hace comprender al grupo de Rick quién es el nuevo jefe del lugar. Así una vez más queda demostrado que los zombis solo son parte del paisaje: el verdadero peligro está en los humanos y construcción social del hombre como lobo para el hombre.

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