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La percusión es fuerza y alegría

Lassina Coulibaly llegó desde Costa de Marfil para un encuentro de ritmos africanos.

Lassina Coulibaly

Lassina Coulibaly Foto: Christian Calderón

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

00:00 / 17 de abril de 2019

Aunque los ritmos andinos y los africanos parecen antagónicos en una primera impresión, tienen mucho en común: sirven para conectar entre sí a los miembros de una comunidad y para establecer un lazo con la divinidad y la tierra. Tanto en Bolivia como en Costa de Marfil —país de habla francesa situado en el noroeste de África—, la percusión acompaña a los funerales, a las temporadas de cosecha, a las uniones matrimoniales y demás momentos rituales de importancia. Por eso, cuando Lassina Coulibaly —músico director del Centro Artístico Yelemba en Abiyán (capital de Costa de Marfil)— asistió a una k’oa en Cochabamba, sintió que un grupo de sikus hacía lo mismo que él y animó a los músicos a compartir su cultura y se puso a bailar. “La percusión es la fuerza, es la alegría”, dice.

Coulibaly llegó a La Paz para brindar talleres y participar en el I Festival de Percusiones Africanas Boabab, evento presentado ayer en el Teatro Nuna (calle 21 de Calacoto), que fue organizado por el director de este espacio, el músico Luis Daniel Iturralde.

“Cuando fui a Abiyán en 2016, donde él dirige un ballet folklórico con percusión, canto y danza, tomé clases con él”, cuenta Iturralde. “Nació una amistad y a través de las redes sociales hemos coordinado para que venga para el Festival Boabab. Lo llamé así porque el boabab es un árbol africano muy representativo que incluso tiene una leyenda: se dice que era tan vanidoso que los dioses se molestaron con él y lo enterraron al revés, con las raíces mirando al cielo. Es hermoso y se caracteriza por conservar agua en su interior. Gracias a él, personas y animales pueden sobrevivir durante las sequías”.

Lassina Coulibaly quedó enamorado de la ciudad de La Paz y de sus montañas. Y no es poco conocedor: es el país número 29 que visita para brindar workshops o dar conciertos. “Me llamó la atención la cultura, porque quiere decir amistad y ésta quiere decir compartir el mundo. Soy director del centro Yelemba, que significa ‘la gran luz’. Trabajamos de forma integrada la percusión, el canto y la danza. No es solamente danza y música, se trata  también de un intercambio cultural”. Yelemba organiza cada año talleres internacionales donde participan músicos de todo el mundo.

La percusión africana del noroeste, que es el estilo que se practica en Costa de Marfil, tiene múltiples usos. “La percusión sirve para compartir. Es utilizada para todas las ceremonias, interviene la música en el nacimiento de un bebé, en un matrimonio o en un funeral”, dice Coulibaly. También se usa para pedir lluvia a las deidades y para agradecer a la tierra. “Cuando se ve un entierro parece una celebración, porque hay música alegre. Si recibimos con aplausos al que nace, también debemos hacerlo a su retorno a la esencia. Sí hay tristeza, por supuesto, pero se hace una celebración para que el sonido de los tambores el que parta tenga fuerzas para seguir más allá”.

  • Músicos. En un momento de descanso, Lassina Coulibaly (Costa de Marfil) y Luis Daniel Iturralde (Bolivia). Foto: Christian Calderón

Además el ritmo está estrechamente ligado a la danza. Cuando en el taller de Cochabamba le preguntaron por partituras para la percusión africana, él señaló que el movimiento del cuerpo al bailar es la verdadera partitura.

En Bolivia, el músico enseñó distintos ritmos, tanto de Costa de Marfil como de Mali y Guinea, utilizando tanto los instrumentos que trajo el africano como varios que Iturralde ha podido comprar en diferentes viajes que ha realizado o que obtuvo de algunos músicos que estuvieron de paso por el país. Así se aprendió a utilizar la riqueza de tonalidades y polirritmias que se pueden obtener con un djembe, los dundunes —el kenkeni (el más pequeño), el sangban (el medio) y el doundounba (el más grande)—, las campanas y otros más.

Este trabajo ha tenido además la cualidad de la colaboración y el encuentro. Por ejemplo, Luis Daniel ha hecho arreglos de estilos africanos sobre el ritmo de caporal. Cuando le contó a Coulibaly el origen ingrato de esta danza —que muestra al capataz que controlaba el trabajo de los llegados de África hasta los Yungas—, se decidió nutrirla con ritmos africanos en señal de reivindicación y como una forma de entender la historia. Es así que en la presentación estuvo tanto la Saya Afroboliviana Tambor Mayor como la fraternidad Caporales San Simón.

En ese mismo crisol se recuperaron ritmos de herencia negra. El grupo de percusión Bloco Runatiña preparó música de Salvador de Bahía (Brasil), que tiene la población más grande de afrodescendientes en Latinoamérica. También se armó el ensamble Yelemba con Lassina Iturralde, Juan Pablo Jiménez y Cristian Murguía para mostrar la música del noroeste africano. La voz la puso Diego Gómez. “La idea ha sido mostrar la herencia africana en Bolivia y en el mundo”, resume Iturralde.

¿Qué dejó Lassina Coulibaly Bolivia? Alegría: durante los talleres, el artista  recomendó sonreír, mirar a lo alto y proyectarse hacia el exterior, en señal de amistad.

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