Tendencias

La perdida memoria de la nueva España

novelista. Manuel Vicent hace un  ácido y jocoso retrato de la transición  española. Foto: ABC

novelista. Manuel Vicent hace un ácido y jocoso retrato de la transición española. Foto: ABC

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco - Escritor

00:00 / 19 de enero de 2014

Quienes seguimos de cerca la evolución posfranquista de la monarquía española, debemos familiarizarnos con nombres y situaciones que a un foráneo se le harían incomprensibles. Solo así, se puede disfrutar de la exquisita prosa que Manuel Vicent nos obsequia en su reciente relato titulado El azar de la mujer rubia (Alfaguara, 2013, 245 pp.). Se trata de una despiadada reseña de las divagaciones que el expresidente del gobierno español Adolfo Suárez supuestamente elucubra paseando en ese mundo ignoto en que vegetan las víctimas del mal de Alzheimer que, desde hace años padece ese político, quien estuvo envuelto —según Vicent— en un triángulo amoroso que incluía nada menos que al rey Juan Carlos, antes que éste se encasquete la corona. La mujer rubia es la guapa, guapísima, Carmen Díez de Rivera, que se encarga, entre sabanas, de edulcorar la mediocre figura de Suárez, hasta conseguir que Juan Carlos, recién ungido rey, lo nombre presidente al inicio de su incipiente mandato.HISTORIA. Se revisa, pues, la petite histoire española de las últimas décadas, contada con humor y alto riesgo en el uso y abuso de adjetivos y adverbios, para adornar escabrosos secretos de alcoba de vivos y muertos por igual. Inútil resistir la tentación de insertar verbatim la prosa profana del autor, para que los lectores saboreen aquella lengua, sin pelo alguno. Por ejemplo, al referirse a ese mamotreto franquista erigido en conmemoración a los protagonistas de la guerra civil española, etiquetado como el “valle de los caídos”, dice:

“Suárez ya había asistido al traslado de los restos mortales de don Juan, padre del rey, a este pudridero [acompañado] de todos los pavos reales de media Europa [entre ellos]… un príncipe alemán que suele mear el whisky que le sobra en el primer ficus que encuentra durante los grandes boatos”.Más adelante se ocupa de la casta imperante en el gobierno de transición como “camada de franquistas reciclados… unos han sido falangistas, otros liberales o democristianos, algunos asesinos, ladrones, tecnócratas, banqueros golpistas, meapilas blandorros y jóvenes cachorros duros de pelar…”.

La legalización del hasta entonces proscrito Partido Comunista es una medida sugerida por la rubia, seducida por el caudillo rojo Santiago Carrillo y promulgada con gran coraje por el joven monarca. En efecto, esa fue una de la sagaces medidas que consolidaría la naciente democracia hispana.El autor añade un autorretrato de la famosa rubia, reflejada en estas líneas: “Yo soy fruto del adulterio... Mi madre, una real hembra, se lió en aquel Madrid de ceniza con un ministro, un guapo castigador”. Y juzgando al aturdido linaje de la realeza, Vicent piensa que “hay que imaginar a millones de óvulos y espermatozoides de oro saltando, bailando, bajando desde la Edad Media por todas las uretras de la historia, desde Fernando I de Castilla, Wilfredo el Velloso, los Reyes Católicos, María Estuardo, Luis XIV, María Teresa de Austria, Felipe de Orleans y también Canuto II el Grande, Iván el Terrible, el emperador alemán Guillermo II, realizando entre ellos infinitas combinaciones hasta concentrarse en ti, querido Juan Carlos...”

Sin remilgos, Manuel Vicent, recuerda la tragedia que protagonizó, en el exilio, el entonces imberbe Juan Carlos, acerca del “ accidente aciago de haber matado a su hermano jugando con una pistola…”, aunque omite aludir su afición a la caza de elefantes, lo cual reconforta a sus parientes, alejados así de su mira de tiro.

En varias páginas, el desmemoriado Adolfo Suárez, al recibir una compasiva visita del rey, recuerda vagamente al amigo, intuye que lo aprecia y en su amnésico archivo mental “ tenía imágenes desvaídas de un Juan Carlos que se permitía la modernidad de romperse la cadera esquiando”.

A los jóvenes no les interesa la política, dice Vincent, acerca de un fenómeno que no es únicamente peninsular, sino que se ha desatado universalmente, con modalidades localistas, porque “los abuelos de estos chicos juegan a la petanca en el parque y los padres se ponen el chándal los domingos y se van a unos grandes almacenes, que son los templos modernos donde la clase media española realiza los oficios religiosos, y allí compran unas galletas dietéticas para comulgar y zanahorias para adelgazar….”

Su diagnóstico de la realidad española no puede ser más pesimista cuando afirma que “este país está entre el cabreo y la desesperación. El cabreo por la corrupción y la desesperación por la inevitable llegada de un minimundi como Aznar…”.

Otros episodios históricos son contados con ironía, pero al mismo tiempo con crueles estampas de los participantes, como el frustrado golpe de Estado ejecutado por el coronel Antonio Tejero en 1981 o el fastuoso matrimonio de la hija de José María Aznar y Ana Botella (actual alcaldesa de Madrid)  usufructuando los históricos salones del Escorial.TIERNO. Dolores Ibarruri “la pasionaria” comunista elegida diputada cuando ya era octogenaria es tratada con respeto y circunspección. No así el antiguo burgomaestre madrileño, Enrique Tierno Galván, a quien atribuye un texto que, leyéndolo, quienes tuvimos la ocasión de tratarlo, no podemos aguantar la carcajada que provoca una falsificación tan cabal del que era su vocabulario y su atildada manera de ser, conservador y diletante.

Cuenta que en su entierro había travestis sentados en los bordillos de las aceras, con el rímel corrido por llanto y quizá movidos por sus últimas palabras contenidas en su bando póstumo, del que he recogido estas perlas:

“Madrileños: con ocasión de mi reciente fallecimiento, permitid que vuestro alcalde lance su último bando. Corren malos tiempos, sobre todo para mí que estoy de cuerpo presente. (...) Quiero recomendar a los madrileños un poco de orden cuando mi cortejo fúnebre pase por delante de sus ojos hospitalarios. (...) Que mi tránsito por esta tierra haya sido del agrado de ustedes. Perdonen las molestias. Vuestro Alcalde: E T Galván”.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia