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‘En cada periodista hay un historiador’

Robert Brockmann

Robert Brockmann

Robert Brockmann

ANF / Juan Carlos Salazar

00:00 / 22 de abril de 2012

Robert Brockmann es de los escritores que piensa que la historia tiene vida propia y que no hay razón para que sea aburrida. Al relatarla, busca que el lector “vea” pasar los hechos como en una película, que “escuche” los taconazos de los militares y los cascos de los caballos cuando se desplazan por la plaza Murillo durante una rebelión cuartelera. Imágenes y sonido, pasión y emoción. El autor de El general y sus presidentes y Tan lejos del mar no cuenta la historia; la recrea.

Es el secreto de su éxito como historiador. Su editor, José Antonio Quiroga, dice que la primera obra de Brockmann, El general y sus presidentes,  va por la quinta edición, algo inusual en la difícil aventura de publicar en Bolivia. Y más aún cuando se trata de historia. Y probablemente ésa sea también una de las causas de la expectativa que rodea a su segunda obra, Tan lejos del mar.

“El secreto es contar una historia de manera interesante, como si se la estuvieras contando a un amigo, a quien no sólo no quieres aburrir, sino a quien quieres mantener interesado, fascinado incluso”, dice Brockmann.

Y no se le hace difícil gracias al periodismo. Brockmann es periodista de profesión y como tal llegó a la Agencia Alemana de Prensa, primero como editor y después como corresponsal, y a continuación a la subdirección de La Razón. Pero, antes que nada, Brockmann fue “reportero raso”, que, como dice Gabriel García Márquez, es el “máximo nivel” del periodismo, el que le permitió aprender el oficio de escribir e investigar.

“Tengo la ventaja de ser periodista, y ese entrenamiento a lo largo de tantos años es una ventaja en el momento de abordar la historia”, apunta. “El periodista —agrega— escribe la historia de ayer. El historiador sólo va más atrás. Si el periodista trata los hechos antiguos como trataría un reportaje del día o de la semana, tiene una fórmula de éxito”. Y resume: “Es que hay un historiador en potencia en cada periodista”.

Brockmann abordó en El general y sus presidentes (2007) la “vida y tiempos” de dos militares alemanes de gran influencia en la vida política y militar de la Bolivia de la primera mitad del siglo XX, Hans Kundt         —conductor del Ejército boliviano en la Guerra del Chaco— y Ernest Röhm, obra en la que el autor no se limita a trazar el perfil de ambos personajes, sino de toda una época.

“Uno ha hecho bien su trabajo cuando el lector olvida que está leyendo y ‘ve’ a los personajes y el transcurrir de los hechos”, dice Brockmann, quien afirma tener como “modelos” al Pulitzer estadounidense Robert K. Massie y al británico Paul Johnson, ambos periodistas-historiadores, y entre los bolivianos, a Gabriel René Moreno, “otro excelente ejemplo de buen escritor de historia, sin ser periodista”.

Brockmann sostiene que el amor por la historia lo tuvo desde niño, pero que encontró su vocación —y lo recuerda con toda precisión— en diciembre de 1994, mientras leía Dreadnought, de Massie, un clásico de la Gran Guerra. “Dejé de leer literatura casi por completo. En 1999 publiqué un reportaje histórico largo, acerca de los últimos días de Germán Busch. Era un comienzo temprano que tendría un largo hiato”, señala al recordar el origen de su afición.

PAPELES. Aunque indica que, “sin ser cachivachero”, guarda papeles, artículos, textos, mapas, fotos que le interesan o que intuye que le podrían servir en el futuro, admite que encontró los temas para sus libros casi por casualidad, cuando se topó en la Feria del Libro de La Paz de 2004 con unos textos  del historiador Charles Arnade que complementaban sus recortes sobre el nazi Ernst Röhm en Bolivia.

Del hallazgo surgió un primer esbozo, “reconocible de algo”, que más tarde daría forma no solamente a la historia de Röhm, sino también a la de Hans Kundt, porque ahora sí un material llamó al otro. “Una vez escrito el texto sobre Röhm, mi proyecto original, que me resultó decepcionantemente delgado, sin ser malo, la montaña de documentos sobre Kundt pedía a gritos ser convertida en libro”.

Le pasó algo similar con Tan lejos del mar, resultado de tanto “husmear” en una compilación de recortes de prensa alemana de diciembre de 1928 sobre el incidente de Fortín Vanguardia en el archivo de la Cancillería. “La historia te ofrece cabos sueltos que, cuando los sigues, se entretejen con otros y se vuelven tramas fascinantes e insospechadas. La realidad me parece más interesante que la ficción”.

Visto desde la Historia con mayúscula, Brockmann sí cree que Bolivia está “tan lejos del mar”, como dice el título de su libro, por razones geográficas, políticas, mentales, comerciales o culturales. “Somos y seremos gentes de tierra adentro, separados del mar por cumbres colosales e interminables llanuras selváticas, sin mencionar nuestros propios muros mentales; somos un pueblo que intenta compensar sus muchas falencias con el pretexto de que no tiene mar”, manifiesta.

“Pero más allá de comprensibles obstáculos colocados por nuestros vecinos y nuestra propia historia, no pocas veces hemos saboteado nosotros mismos posibilidades de recobrar la cualidad marítima. Pero si por cualquier razón obtuviéramos cientos de kilómetros de costa, nuestra situación no cambiaría mucho”, afirma. “Nos ayudaría a respirar mejor, sí”, dice y, con no poca ironía y conocimiento de nuestra idiosincrasia, remata: “Si un presidente boliviano cualquiera lograse devolverle el mar a Bolivia, no faltaría una numerosa facción que lo enjuiciaría por no haber logrado el pago de daños y perjuicios y mantenimiento de valor, más otras compensaciones varias”.

TAMAYO. Tan lejos del mar aborda, precisamente, una de esas ocasiones perdidas, que el autor la sitúa en la década de 1919-1929, entre el fin de la Primera Guerra Mundial y la gran depresión, cuando Bolivia intentó llevar la reivindicación marítima ante la recién creada Liga de las Naciones, con Franz Tamayo como “pésimo negociador” y a quien Brockmann no deja muy bien parado.

Al autor no se le escapa que bajar a un héroe de su pedestal  puede acarrearle críticas, pero no le importa: “El periodismo me ha vuelto ‘cuerudo’”. En su defensa, señala que los personajes que resultan afectados negativamente en sus libros, como Tamayo, lo son no porque le caigan mal, sino porque “los documentos originales los pintan así”.

Brockmann admite que siente un “profundo rechazo” por Tamayo y admite que abordó el personaje, como diplomático y político, “con prejuicios”, pero dice que sus opiniones se vieron justificadas por sus “ridículas intervenciones en ambos campos”. “Ahí no invento, no aumento ni disminuyo nada. Pero quiero precisar que mi disgusto por su poesía se debe a mi ignorancia en ese campo, y que en Tan lejos del mar no cuestiono sus laureles poéticos. Sí sus habilidades diplomáticas y políticas”.

Brockmann se siente tentado de escribir sobre el expresidente Germán Busch, los nazis y los judíos en Bolivia. Dice que está leyendo mucho sobre la Colonia y el período de la Independencia, en los que ha encontrado aspectos religiosos de la época que no se han explorado en absoluto. Sin embargo, cree que aún es temprano para saber sobre qué escribirá en el futuro: “Estoy completamente en ascuas”.

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