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¿De quién es este perro?

Una escritora mexicana acusa a Arturo Pérez-Reverte de plagiar un cuento suyo

Un perro. Foto: Alfaguara

Un perro. Foto: Alfaguara

La Razón (Edición Impresa) / Javier Bustillos Zamorano - periodista

00:00 / 26 de abril de 2015

Hace dos años, el escritor español Arturo Pérez-Reverte tuvo que pagar 200.000 euros de multa por plagiar el guión de una película. El juicio duró una década y casi le cuesta su sitio en la Real Academia Española. En México, la semana pasada, le bastó ofrecer disculpas a la escritora Verónica Murguía, que lo acusó de plagiarle un cuento. Un pleito que duró cuatro días y en el que, como la vez pasada, primero se ofendió, después se enojó y contraatacó, y finalmente aceptó el error y pidió perdón. Y no pagó nada porque la mexicana no quiso. Todo por culpa de un perro callejero. Según la escritora mexicana se llamaba Sami y protagoniza un cuento que ella publicó en 1997, y también otro cuento, que aparece con el título de Un chucho mejicano en el libro Perros e hijos de perra (Alfaguara, 2015) de Arturo Pérez-Reverte y del que ya apareció una primera versión en marzo de 1998 en la revista española La Semana.

En declaraciones al periódico La Jornada el  17 de marzo, Murguía dijo que Historia de Sami fue publicado en la revista mexicana Laberinto Urbano (ya desaparecida, pero con ejemplares en la hemeroteca) y que el cuento de Pérez-Reverte tiene la misma anécdota, narrada en el mismo orden cronológico, además de frases completas e idénticas a las de su texto. Pero que, a pesar de todo, ella no buscaba juicios ni nada que la enfrentase con el español.

“No quiero dinero ni voy a entablar una batalla legal con un hombre que es mucho más poderoso y rico que yo. No soy ni poderosa ni rica, pero por esas razones me parece de lo más horrible que alguien haga pasar un documento como suyo, cuando es una persona que tiene una carrera hecha y derecha, no necesita nada y le publican donde sea. Lo que quiero es una disculpa pública, que retire el texto del libro, y si no lo hace entonces que done una parte de las ganancias a un refugio de perros en México”.

Enterado de la denuncia, Pérez-Reverte respondió desde España que no sabía de la existencia del texto de Murguía, que la historia se la contó el escritor mexicano Sealtiel Alatriste, que la escribió tal y como se la contó y que, incluso, incluye a la misma Verónica Murguía como uno de los personajes.‘‘No sé de ese perro más que lo que Sealtiel me contó, lo que él me dijo que había ocurrido en el barrio. Tampoco creo que me lo haya contado de mala fe.

Era una historia bonita, y si hubiera sabido que había un artículo sobre eso lo habría citado. Es evidente que la señora tiene mis disculpas, si eso ha sido así, pero que quede claro que yo cité la fuente (Sealtiel Alatriste)”, aseguró Pérez-Reverte. A diferencia de Murguía, que empieza su cuento entrando de lleno a la trama, Pérez-Reverte lo inicia con una explicación. “La historia me la contó hace unos días Sealtiel Alatriste, que además de ser mi editor centroamericano y de prestarme su apellido para cierto espadachín del XVII, es amigo mío…”.

Murguía le contestó inmediatamente y lo acusó de no aceptar el plagio. Mostró párrafos que en el cuento del español vienen idénticos, unos, y con breves cambios, otros. Por ejemplo:

Murguía: “…que en parte era odio de clase, pues siempre se les aventaba a los perros de raza, grandes y bien alimentados, a los que sus dueños sacaban a pasear”

Pérez-Reverte: “…una radical conciencia de clase al pelearse, exclusivamente, echándole huevos al asunto, con todos y cada uno de los perros de raza del barrio, grandes y bien alimentados, a los que sus dueños sacaban a pasear”.

Murguía: “… una de las vecinas se dio cuenta y, compadecida, recolectó algo de dinero en el edificio y lo llevó al veterinario”Pérez-Reverte: “…una vecina se dio cuenta, y compadeciéndose de él, recolectó algunas decenas de pesos para llevarlo en su coche al veterinario”.Murguía: “…un equipo de emergencia, compuesto por la señora de la librería, un señor a quien le digo ‘el licenciado’ porque no me sé su nombre, y yo, lo envolvimos en una colchoneta y lo llevamos al veterinario”.

Pérez-Reverte: “…un equipo de emergencia, compuesto por la dueña de la librería de la esquina, un señor a quien llaman El licenciado—todos los vecinos ignoran su nombre—y la escritora Verónica Murguía, que también vive allí, lo envolvieron en una colchoneta y lo llevaron al veterinario”.Murguía: “…antes de que entrara a cirugía, el licenciado y la señora de la librería le dieron una apresurada sesión de una especie de transmisión de buenas vibras llamada reiki. Los veterinarios no salían de su asombro”.

Pérez-Reverte: “…antes de que entrara a cirugía le dieron una apresurada sesión de transmisión de energía positiva llamada reiki, ante el asombro de los veterinarios”.

El escritor español reaccionó furibundo ante estas supuestas pruebas: “Con todo el respeto para la señora Verónica Murguía, compruebo con asombro cómo se ha desmesurado hasta el esperpento el contenido de un artículo mío de hace casi veinte años... Hablar de plagio en un asunto como éste, cuando un escritor refiere lo que le han contado, cita el nombre de la fuente (refiriéndose a Alatriste) y cita el nombre de una protagonista de la historia, me parece una irresponsabilidad temeraria y un absurdo disparate. Comprendiendo los intereses y sentimientos de la señora Murguía, a la que ofrecí públicamente mis explicaciones y disculpas cuando fui informado por el diario mexicano La Jornada. Le ruego sentido común y prudencia, pues la palabra plagio aplicada a este asunto resulta por completo fuera de lugar. Precisamente una escritora debería ser aún más consciente de ello”.

Murguía respondió: “Quienes deben decidir si es o no es un plagio deben ser los especialistas, que lo decidan los abogados especializados, no los especialistas en plagiar. No solo es la anécdota. Se trata del lenguaje, los párrafos son iguales, los sustantivos y adjetivos son iguales y él, como integrante de la Academia de la Lengua, debe saber lo que es un plagio. ¿No debería saber él, que ha sido demandado por plagio, qué es un plagio?... ésta no es una disculpa, es una agresión”.

Cuando la polémica estaba ya en su punto álgido, Pérez-Reverte decidió enfriar el asunto y emitir un nuevo comunicado en el que, entre otras cosas, acepta el error y ofrece disculpas:  “… lo que más lamento es que una entrañable historia de perros, en cuyo amor a ellos coincidimos la señora Verónica Murguía y yo, y que narré en su momento con todo cariño y admiración, haya dado lugar a esta absurda serie de malentendidos, desmentidos y mentís, cuando la realidad es simple: se trata de un artículo escrito hace 20 años… provenía sin duda de un texto original de la señora Murguía (aspecto que a mí también me parece evidente y no pienso negar en absoluto)… Sería absurdo un plagio en el que el supuesto autor incluyera, como fue el caso en mi viejo artículo, el nombre de la plagiada. Junto con mi irritación por el uso a mi juicio excesivo de esa palabra, he presentado públicamente mis disculpas a la señora Murguía por la evidente similitud de ciertas expresiones contenidas en algunas líneas del artículo con algunas líneas de su texto original, de las que sin duda éste es origen, reiterando la ausencia de mala fe tanto por mi parte como por la de quien me refirió la historia. No tengo nada más que decir sobre este asunto, y apelo a su buena voluntad para darlo por aclarado.”

Murguía aceptó la disculpa y dio por zanjada la disputa. Respecto de quitar el cuento de su libro Perros e hijos de perra o donar parte de las regalías, el Pérez-Reverte ya no dijo nada. Todo muy diferente al pleito que enfrentó respecto de la película Gitano, de la cual fue guionista y por la que también fue acusado de plagio. Tras un juicio que duró diez años (2000-2013), el español fue sentenciado a pagar 200.000 euros al escritor original de ese guión.

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